Del TikTok al autoritarismo: Keiko Fujimori cambia de estrategia discursiva a poco de cumplir 100 días de gobierno
AUTORITARISMO. La presidenta endurece su discurso ante la falta de resultados en seguridad y la caída de su popularidad. Analistas advierten que apela a la memoria del fujimorato y adopta recursos de las nuevas derechas regionales para polarizar el debate público y recuperar capital político.

¿Quedarán atrás los TikToks? La presidenta Keiko Fujimori viene moldeando un nuevo discurso en sus apariciones públicas. Mientras que al inicio de su Gobierno apostaba por superar impasses y llamar a la unión, en las últimas semanas ha optado por la dureza. El fujimorismo vuelve a apelar a su vena autoritaria como respuesta a los problemas que azotan al país.
“Si uno revisa el discurso del 28 de julio, ve a una presidenta dialogante. En este mes, el cambio se ha visto en el tono del mensaje. Mi impresión es que está tratando de definir los términos del debate público. Lo que está tratando de comunicar es que hay un lado 'a favor de la pacificación' y otro en contra del país. Lo que ella busca es que no se pierda lo que prometió en su mensaje: el orden. Es una respuesta a la falta de resultados”, señala José Salazar, experto en comunicación política y profesor de la Universidad del Pacífico.
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KEIKO FUJIMORI AL ESTILO BUKELE CON PROHIBICIONES EN COLEGIOS | SIN GUION CON ROSA MARÍA PALACIOS
Pero no solo la escasez de resultados tempranos puede jugar en contra del Gobierno, sino también sus efectos. En el reporte de septiembre de LatamPulse, elaborado por Bloomberg junto a AtlasIntel, Fujimori ya registra una caída en su popularidad, que se sitúa en 28,3%, un descenso de 14,5 puntos porcentuales. Estas son las razones que marcan el cambio en el tono del discurso oficialista.
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Para Salazar, el punto de quiebre en la forma en que Fujimori se refiere a los ciudadanos se produjo durante la presentación de Fujimori ante las Naciones Unidas. La cercanía con otras figuras políticas da paso a esta metamorfosis discursiva.
Dejando de lado el TikTok
En TikTok, Keiko Fujimori encontró un primer nicho comunicacional al inicio de su mandato. Las transmisiones en vivo la mostraban en una faceta más desenfadada, en la que comentaba las reuniones del día y otros detalles, aunque sin generar mayor cercanía con la población. Para Salazar, el objetivo y la idea no eran negativos, pero carecían de un respaldo en los intereses reales de la ciudadanía.
“Esta estrategia obedece a la imagen inicial que presentó: la de una persona que busca acercarse a la gente. El problema no es el TikTok, el problema es el contenido. Otros mandatarios apelan a las redes sociales para acercarse a la población. Pero el detalle está en que ese contenido debe coincidir con las demandas de la ciudadanía. No basta con decir 'he hecho esto…'; la población busca escuchar lo que se está haciendo en materia de políticas públicas. Si ella hubiera apostado por decir lo que directamente va a hacer y con qué objetivos, tendría un efecto más certero”.
La participación de la mandataria en esta red social continúa, pero ha perdido la regularidad en la publicación de sus videos semanales. La etapa en la que Keiko Fujimori se presentaba cada semana en una transmisión en vivo de TikTok para contar detalles de su día duró poco menos de dos meses. Para el analista en comunicación, este hecho también revela una de las debilidades de la nueva gobernante.
“La forma de comunicar en redes sociales no obedece a una estrategia comunicacional. A la presidenta Claudia Sheinbaum y a su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, los criticaban por presentarse cada mañana en una conferencia de prensa. Sin embargo, ellos continuaron porque esa acción obedecía a una estrategia comunicacional. Ante las críticas, Keiko Fujimori retrocede, y lo ha demostrado también en otros ámbitos fuera de la comunicación. Sin constancia, no pueden lograrse resultados duraderos”, indicó.
“¿Tú crees que tu papá actuaría así?”
Fuentes señalan a este diario que, en la interna más íntima del fujimorismo, la figura de Alberto Fujimori es invocada periódicamente. El discurso conciliador de la mandataria hizo que más de un asesor le recordara las muestras de autoritarismo de su padre durante la dictadura que dirigió en la década de los noventa.
La mandataria anunció que crearía una comisión consultiva para el Poder Ejecutivo, integrada por asesores ad honorem que estarían cerca de lo que ocurre dentro y fuera de Palacio de Gobierno. Jaime Yoshiyama y José Chlimper, exministros durante el decenio fujimorista, forman parte de este grupo consultivo.
“Es algo que coincide con el incremento de ese tono. En septiembre, su discurso ya es más altisonante. Sin duda, en todo este caso hay una relación con la memoria histórica vinculada a su padre. Hablar junto a militares y demás es una referencia a las luchas del pasado. El mensaje es potente para trabajar en la psicología de buena parte de la población”, indica Salazar.
Volver a la tradición fujimorista es el camino que ha tomado la mandataria en medio de la caída de su popularidad. “Terrorismo es a Alberto Fujimori lo que inseguridad ciudadana es a Keiko Fujimori. En su momento, el padre enfrentó el terrorismo de una manera militar. Ahora creo que Keiko está buscando recordar ese momento con los mismos gestos. Hay guiños claros: cuando la presidenta defiende a Astudillo, dice que es un 'héroe de Chavín de Huántar'. Solo hacer eso es apelar a la memoria de la lucha contra el terrorismo. No es una referencia neutral. Ella lo hace buscando evocar el miedo, la violencia y el heroísmo. Es un elemento que le sirve para retomar su discurso de 'buenos contra malos'”, señala.
Memoria naranja
La principal promesa del Gobierno entrante fue la seguridad. Fujimori construye su capital político a partir de la promesa de aplicar mano dura contra las organizaciones criminales. A pocos días de cumplirse los primeros cien días de su Gobierno, las promesas parecen haber quedado atrás. Las cifras del Sistema Nacional de Defunciones correspondientes a agosto registran al menos 195 homicidios. La delincuencia viene ganando la partida.
Fujimori vuelve a poner en la conversación pública, a través de sus redes sociales, a viejos antagonistas nacionales. “Es momento de dejar claro de qué lado estamos: de la violencia o de la paz; de los agresores o de las víctimas; del Movadef y Sendero Luminoso o de nuestras Fuerzas Armadas y de Chavín de Huántar”, escribió en su cuenta de X, junto a un videomontaje en el que se la ve acompañada de soldados.
Para Pavel Aguilar, sociólogo político por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el fujimorismo busca recurrir a una narrativa que explota elementos históricos para presentarse como una opción positiva y ubicar a sus opositores del lado de los grupos que marcaron la violencia política de la década de los noventa. Este artificio discursivo, señala, ha servido tanto para esquivar las acusaciones por los crímenes cometidos durante el fujimorato como para construir nuevos discursos a partir de ella.
“El uso de las categorías del conflicto armado interno en el debate político no tiene otro fin que polarizar aún más a la opinión pública. Este Gobierno apela a ese recurso precisamente porque está intentando recrear el modelo autoritario, pero 'eficiente', para recuperar con ello algo de su mermada popularidad. (…) El Gobierno de la señora Fujimori pretende instalar la idea de que quienes obstruyen su gestión son terroristas y que, por lo tanto, necesitamos acabar con estos 'agresores'. Son 'ellos' o 'nosotros'”, indica.
Tal como señala el sociólogo, el Perú se presenta como una sociedad de posguerra. El analista sugiere que los avances alcanzados en el proceso de reconciliación nacional corren peligro bajo un Gobierno que mantiene un discurso como este.
“Nuestras heridas del período de violencia nunca cerraron. Y los pocos logros de justicia para las víctimas hoy enfrentan el peligro de un revisionismo conservador y autoritario auspiciado por las Fuerzas Armadas y los partidos de derecha y extrema derecha. Digo esto porque el mensaje de la señora Fujimori es un terruqueo oficial, pues es la primera ciudadana de la nación quien simplifica burdamente la historia reciente y apela a un lenguaje de guerra en un contexto en el que los principales problemas del país son de una índole completamente diferente”, señala.
Como parte de las nuevas derechas
Cuando Fujimori fue elegida, el análisis internacional hizo hincapié en un hecho: la derecha conservadora volvía a cobrar fuerza en la región. Fiel a esa tradición, los elementos que exhibe ahora la presidenta también son propios de esta corriente política. Entre Nayib Bukele, Donald Trump, José Antonio Kast y Javier Milei, la mandataria busca componer su propio collage identitario.
De las figuras representativas de este movimiento, Nayib Bukele, presidente de El Salvador, ha terminado siendo la más valorada por la mandataria. Razones no le faltan: la encuesta de CID Gallup publicada en septiembre le atribuye un 92% de aprobación al mandatario centroamericano.
“Hay bastantes similitudes. El llamado a la disciplina de los escolares es similar al que aplicó Bukele en su momento. Fujimori también ha anunciado medidas sobre las cárceles y busca reencauzar la lucha contra la inseguridad como su principal bandera. Es algo muy propio de Bukele”, señala el analista internacional Francisco Belaunde, docente de la Universidad de Lima.
Otras figuras de la nueva derecha con las que Fujimori ha mostrado cercanía son Milei y Trump. Con el mandatario argentino existen acercamientos, pero también diferencias. Fujimori conversó con él apenas resultó elegida; sin embargo, su discurso no puede equipararse al de Milei por razones históricas.
“Milei insiste en su posición liberal en la agenda económica porque Argentina viene de una economía manejada por el kirchnerismo, que tuvo bastante intervención estatal y gasto público. El caso peruano no es igual: Perú tiene desde hace 30 años una política económica completamente distinta. Además, ella no llega al insulto eufórico de Milei. Se refiere a ideologías y a las izquierdas, pero no llega a mostrar ese nivel de agresión”.
Entre los movimientos conservadores, un argumento recurrente consiste en reprochar a sus contrincantes que el progresismo —o la agenda woke, como suelen decir— está conformado por discursos importados que no guardan relación con la realidad del país. El detalle es que, dentro de los límites de la denominada ‘batalla cultural’ —el enfretamiento entre conservadores y progresistas—, este fenómeno también puede manifestarse en la propia derecha.
“Acá hay también un pedido de orden. Por eso lo ha incorporado a su discurso, sobre todo en la lucha contra el crimen. Es la mayor demanda de los peruanos. Pero acá también se pide luchar contra la polarización política. Incluso se habla de reconciliación entre peruanos. Un discurso como el de Milei o Trump no tendría tanto efecto en el Perú, justamente porque acá lo que se busca es reducir la polarización constante”, indica Belaunde.
¿Puede un discurso así mantenerse en el tiempo y producir efectos positivos? José Salazar advierte sobre los riesgos: “Yo siento que después de esto no hay marcha atrás. Ella empezó con un tono suave y ahora endureció el mensaje. Creo que terminará siendo como quiso ser: con la vena autoritaria a la que hizo referencia hace poco Moyano. Este es un momento muy delicado para el Gobierno. Está en negociación con el Congreso. Lo único que está haciendo es reducir ese espacio, que será constante en este período. Sin resultados positivos, la confrontación también afectará el capital político del Gobierno y mermará la capacidad que tenemos para enfrentar los principales problemas del país”.



















































