Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero...
Una parte de la prensa internacional estima que Donald Trump va camino de perder la guerra contra Irán, y hay medios que hacen una laxa comparación con la guerra de Vietnam (1955-1975). Ahora, aburrido de esa guerra en el Medio Oriente que no está ganando, Trump se ha volcado hacia la provocación. Este semestre le toca a Canadá.
El país de la hoja de arce ya ha sido bastante provocado, con referencias a él como el 51.° Estado de la Unión, un comentario inaugural. Ahora acusa a los canadienses de querer los beneficios de un Estado de los EE. UU., pero sin la necesidad de serlo. Todo es una cuestión de aranceles. Ottawa le ha subido un 50% a las importaciones desde EE. UU.
Canadá, celosa de su identidad, ha respondido con furia, desde el inicio. Sumó con la Unión Europea nuevos tratados. En enero de este año, en la reunión de Davos, Mark Carney, el primer ministro de Canadá, pronunció un discurso memorable, planteando la responsabilidad del gobierno de los EE. UU. frente a los problemas del orden mundial.
Allí dijo que ese orden enfrenta una ruptura permanente, y advirtió que las grandes potencias están convirtiendo la integración económica en un arma, y que los poderes intermedios deben juntarse para proteger su soberanía. Trump nunca se lo ha perdonado, y ha buscado maneras de seguir afectando la relación con el vecino del norte.
La política de Carney frente al problema Trump ha sido devolver golpe por golpe. Los aranceles de Canadá subieron a la par que los de EE. UU. Aparecieron fuertes boicots de ciudadanos canadienses a productos estadounidenses. Mientras tanto, Trump se distrajo y pasó a agraviar otras zonas, como Groenlandia.
Para Canadá es una situación incómoda. El 90% de su población vive a unos 100 kilómetros de la frontera con los EE. UU. Además, son unos dos siglos de muy buenas relaciones, y autonomía desde el Commonwealth británico. Era demasiado para el desarreglado Trump**, que** ahora ha pasado a criticar la presencia del idioma francés en Quebec, y las consecuencias de eso.
Los francófonos canadienses acusan al trumpismo de buscar interferir con las leyes de lenguaje que protegen su idioma. Carney ha salido a defenderlos, y a ganarse su aplauso. Trump niega toda intención de agraviar al francés de Canadá. Sería la primera vez.
Hay, pues, una guerra arancelaria entre los dos países, y una mala sangre en ebullición que le va a costar mucho a los dos países. La especialidad de Trump.

Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco X. Cero Facebook. Cero Instagram, cero TikTok. Poemario más reciente: Chifa de Lambayeque (Lima, Personaje Secundario, 2024). Próximo poemario será la quinta edición de Sobrevivir. Acaba de reeditar el poemario Los asesinos de la Última Hora (Lima, Cepo para Nutria, 2025).