Socióloga, con un máster en Gestión Pública, investigadora asociada de desco, activista feminista, ecologista y mamá.

No le demos todo el poder, por Marisa Glave

Las encuestas indican que el domingo se vivirá una elección decisiva en Perú, donde el 26% de los votantes aún se mantiene indeciso, lo que podría cambiar el rumbo de la segunda vuelta.

El próximo domingo vamos a votar y por lo que dicen las encuestas, nada está dicho. La señora Fujimori tiene ventaja, es verdad, pero el grupo de indecisos supera ampliamente la brecha entre ambos candidatos. Según el IEP, 26% de las y los electores aún no terminan de definir su voto, así que la semana que viene será estratégica para ambos candidatos.

Debo admitir que presentía una ventaja aún mayor de la señora Fujimori. Ella está en campaña desde el 13 de abril. Era claro que pasaba a la segunda vuelta desde la publicación de las encuestas a boca de urna y conteos rápidos. La duda fue, por varias semanas, quién la acompañaría.

Roberto Sánchez y Juntos por el Perú recién tienen certeza del pase a la segunda vuelta desde hace menos de dos semanas. Esto los pone en desventaja en la partida, pues la definición de una estrategia para la segunda vuelta requiere establecer alianzas, pactos y acuerdos políticos con actores muy diversos.

La aparición del nuevo equipo económico, con Pedro Francke y Óscar Dancourt, entre otros, da cuenta de los primeros pasos en esta línea. Sin embargo, Juntos por el Perú aún no ha sido capaz de mostrar una propuesta clara y articulada. El desorden interno es evidente y la ausencia de una narrativa unificada abona al desconcierto.

Dependerá mucho del propio Sánchez, en particular de su desempeño en el debate del domingo, que logre convencer a los indecisos.

Pero lo que sí viene tomando forma es la reaparición del antifujimorismo, que se verá este sábado en las calles. En Lima, la convocatoria es en la plaza San Martín, desde las 5.00 p. m. El liderazgo vuelve a recaer en los familiares de desaparecidos, lo que resulta encomiable por la perseverancia que han mostrado durante más de 30 años; en algunos casos, más de 40 años. Una vida entera dedicada a rendir homenaje a la memoria de sus seres queridos, arrancados de la vida por la acción del fujimontesinismo.

Yo te llevo dentro…

Susana Baca, en un concierto para la Cruz Roja, canta una canción de Natalia Lafourcade en homenaje a los desaparecidos. No es una canción militante clásica ni explícita, pero quizá sea la sutileza de su letra lo que la hace aún más penetrante y la conecta con este tiempo de lucha de quienes aún persiguen el sueño de la justicia, la memoria y la reparación después de tantos años.

La letra dice: Cuando escribo tu nombre en la arena blanca con fondo azul, cuando miro el cielo en la forma cruel de una nube gris, aparezcas tú. Una tarde subo una alta loma, miré el pasado, sabrás que no te he olvidado...Yo te llevo dentro, hasta la raíz. Y por más que crezca, vas a estar aquí. Aunque yo me oculte tras la montaña y encuentre un campo lleno de caña, no habrá manera, mi rayo de luna, que tú te vayas…Pienso que cada instante sobrevivido al caminar, cada segundo de incertidumbre, cada momento de no saber, son la clave exacta de este tejido que ando cargando bajo la piel, así te protejo. Aquí sigues dentro.”

Siguen dentro de cada una de las hermanas, madres, hijas y padres que han seguido viviendo, creciendo y amando, pero sin que esto suponga claudicar en su lucha, en su convicción, por más pesada e injusta que sea.

Esta semana he vuelto a oír a Gisela Ortiz, con su voz clara y firme, explicando por qué, para ella, permitir que el fujimorismo se vuelva a instalar en el poder sería una traición a su hermano, a sus compañeros de La Cantuta y a los peruanos que perdieron a un familiar o que dejaron la vida luchando contra la dictadura de Alberto Fujimori. El peligro del fujimorismo, dice Ortiz, no acabó en los 90. Lo hemos seguido viviendo en estos años como fuerza política detrás de gobiernos que han atropellado derechos, reprimido y matado. Coincido con ella: no puede hoy Keiko Fujimori desentenderse de lo que significó Dina Boluarte y del alto costo en sangre de mantenerla en el poder.

Mirtha Vásquez, abogada y defensora de derechos humanos, en la conferencia de prensa del movimiento Keiko No Va, sigue la línea de Ortiz y recuerda la estrecha relación del actual fujimorismo con Dina Boluarte. Hace un llamado a no abandonar a los familiares de asesinados y desaparecidos, a las mujeres esterilizadas de manera forzada y a quienes han perdido recientemente a sus hijas e hijos por enfrentarse a Boluarte y ahora afrontan la política de impunidad que el fujimorismo ha establecido desde el Congreso para blindar a los responsables.

Lo que mueve a muchos de los familiares, como recuerda Martha Flores, viuda de Pedro Huilca, es el miedo a que se pueda repetir una coyuntura como la que se vivió en los años 90. Dirigentes asesinados, como Pedro Huilca, cuya muerte no fue investigada por la fiscalía, negando a la familia el derecho a la justicia. El manejo mafioso del poder, el copamiento institucional y la acción amedrentadora del régimen. El temor de Martha no es infundado: analizar esta coyuntura electoral nos obliga a pensar también cómo están las correlaciones de fuerza.

Más poder al poder

El llamado “pacto mafioso” es bastante sinuoso y, por momentos, gaseoso, pero tiene algunos elementos claros, como tener al fujimorismo como uno de sus actores clave, si no el principal. Durante estos cinco años ha logrado minar las bases del Estado de derecho y, hasta cierto punto, “apropiarse” de las instituciones llamadas a ser contrapesos. Ha elegido un Tribunal Constitucional a su medida. Ha logrado nombrar una Junta Nacional de Justicia que pretende sancionar a jueces y fiscales incómodos, sea de manera explícita o simplemente no ratificándolos en el cargo. Y, por si fuera poco, está por nombrar al nuevo o nueva jefa de la ONPE para el próximo proceso electoral.

El fujimorismo tendría, en alianza con Renovación Popular, la versión aún más extrema de la derecha populista, la mitad de la Cámara de Senadores. Como señaló en una entrevista reciente Alfonso López Chau, ¿tiene sentido darle más poder al poder?

Marisa Glave

Desde la raíz

Socióloga, con un máster en Gestión Pública, investigadora asociada de desco, activista feminista, ecologista y mamá.