Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.

Háganse cargo, por Nicolás Velarde Freundt

El autor advierte sobre el peligro del "snob electoral" y el de ser cínico es la autoindulgencia. Es vital votar de manera consciente, buscando el bien común y no solo en función de convicciones personales o desconfianza en el sistema.

Estamos en época electoral y, como suele ocurrir en estos momentos, las conversaciones políticas se vuelven inevitables. Por mi inclinación personal a estos temas, termino dirigiendo casi todas las conversaciones con amigos y conocidos hacia este tema, pequeños debates que intentan descifrar aquello que, querámoslo o no, marcará buena parte de la vida pública del país en los próximos cinco años.

Muchas de estas conversaciones ocurren entre personas que, como yo, hemos tenido el privilegio de acceder a la educación universitaria. Y, lejos de discusiones serias, suelen desarrollarse en un tono ligero, casi lúdico. Al final, el humor aparece como un recurso para decir sin decir del todo, para deslizar convicciones sin tener que defenderlas con la rigurosidad que exigiría una discusión formal. Creo que es normal envolver lo que uno realmente cree en humor cuando uno no se quiere enfrascar en una discusión seria sobre temas que suelen ser filosos ya que, a pesar de que creo que las opiniones políticas no deberían condicionar una amistad, muchas veces resulta imposible no exaltarse durante un intercambio político.

También es cierto que muchas de las opciones disponibles parecen diseñadas expresamente para la burla. Por otro lado, tomarse demasiado en serio lo que se tiene delante puede conducir, más bien, a una indignación difícil de procesar, a un enojo que se instala y persiste. Y es que una reflexión profunda sobre la situación del país nos enfrenta con una impotencia que puede amargar el resto del día.

Como resultado de estas conversaciones, desarrolladas en esa fina línea entre la broma y la convicción, he podido extraer dos actitudes que, a mi juicio, resultan irresponsables o directamente inútiles: El “refinamiento electoral” y el cinismo. 

Vale la pena hacer una precisión antes de continuar. Esta es mi opinión y no es un ataque personal a quienes se puedan sentir identificados y con quienes he hablado sobre esto. Es, más bien, una opinión personal que decido compartir en este espacio, con la intención -modesta, pero honesta- de ordenar mis propias ideas y, en el mejor de los casos, invitar a alguien más a reconsiderar las suyas.

El panorama electoral que dibujan las encuestas puede ordenarse en tres grupos claramente diferenciados: los partidos que disputan el pase a la segunda vuelta, aquellos que luchan por superar la valla electoral y, finalmente, los que, a solo dos semanas de la elección, parecen ya fuera de competencia.

En el primer grupo -considerando los márgenes de error, la evolución reciente de las candidaturas y el hecho de que, según las últimas mediciones de Datum e Ipsos, cerca del 20% del electorado aún no define su voto- se ubican Keiko, RLA, Carlos Álvarez, López Chau, Nieto y Sánchez.

En el segundo grupo aparecen Acuña, Belmont y Lescano, con niveles de intención de voto que oscilan entre el 3% y el 4%. De mantenerse estas cifras en un escenario inmediato, solo Acuña lograría superar la valla electoral, mientras que los otros dos quedarían al margen.

El resto de candidaturas, por su parte, se encuentran considerablemente rezagadas, sin opciones reales de incidir en la contienda electoral actualmente.

El horizonte que nos muestran las encuestas nos deja algo muy claro, el resultado va a depender de lo que suceda estas últimas dos semanas y va a ser un resultado muy cerrado. Y es aquí donde quiero criticar estas dos posturas que solo sirven a la autocomplacencia del “snob electoral” y del cínico.

El snob electoral es ese personaje que, al igual que el cinéfilo o el melómano, experimenta un leve cosquilleo en el orgullo cada vez que enumera sus gustos más recónditos y detecta en su interlocutor la expresión exacta de quien no tiene la menor idea de qué le están hablando: su banda de post-punk microtonal neoprogresivo o aquella película serbia de 1956, de siete horas, dirigida por un perfecto desconocido y financiada con 27 intis. En política, el ritual es idéntico: El snob electoral expresa con cara de profunda meditación su voto triple cruzado por tres partidos que habitan la sección “otros” de las encuestas y que, con algo de suerte, tienen las mismas probabilidades de llegar al poder que yo.

Esta forma de votar es completamente válida, pero creo que aquellos que piensan votar así deben ser conscientes de que no están ayudando a nadie y lo que están haciendo es permitir que partidos como Fuerza Popular, Renovación Popular y Juntos por el Perú tengan más diputados y senadores en el congreso.

Un voto verdaderamente consciente e informado no consiste en encontrar al candidato que mejor acaricie nuestras convicciones, sino en ser capaz de orientarse en medio del caos, distinguir dentro de él rutas posibles y actuar pensando en el bien común. Lo otro es menos una decisión política y más una sobadita de ego.

Y entonces aparece el cínico: ese que dice que “no cree en las elecciones” o que “todos son corruptos”, y por eso no va a votar. En el fondo, su postura no es tan distinta de la anterior: también es una forma de autoindulgencia. Hay una satisfacción silenciosa en sentirse por encima del resto, en convencerse de que uno no cae en el juego electoral, de que todo es una pantomima movida por fuerzas incontrolables y de que participar sería rebajarse a ser una oveja más en el circo.

Ahora, yo mismo puedo estar de acuerdo con algunas cosas que el cínico podría llegar a decir. La democracia representativa está lejos de ser la forma de gobierno perfecta y dentro de un debate académico-intelectual podemos discutir seriamente todos sus fallos y cuestionamientos.

Pero incluso concediendo todo eso, yo igual voy a votar. No porque crea que el sistema es impecable, sino porque es la herramienta que tengo para incidir, aunque sea mínimamente, en el rumbo del país. Si tú no crees en las elecciones y no estás dentro de alguna célula guerrillera que busca el cambio mediante la lucha armada o un grupo de conspiradores que piensan darle la vuelta a la situación mediante la intriga o alguna otra vía rebuscada, lo que escucho cuando me dices que no irás a votar porque “no crees en las elecciones” es que simplemente no te importa lo que le pase al país y con tu voto en blanco estás haciendo que gente como Acuña pase la valla.

Entonces, háganse cargo, vean el panorama, siéntanse perdidos, porque solo el idiota no se sentiría perdido sobre que hacer entre tanta pobredumbre, y tomen una decisión. Revisen a los candidatos que van a pasar la valla, descarten a los que claramente son mierda y elijan a un equipo entre el resto, no a un candidato. Estoy de acuerdo en que esta no es la situación ideal, pero es la que tenemos y nos debemos hacer cargo.

“El hombre de cabeza clara es el que se liberta de todas esas ideas fantasmagóricas y mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ella es problemático y se siente perdido”

-Ortega y Gasset

Columnista invitado

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