El próximo voto debe ser un mandato de cambio

Más de 90% de peruanos creen que el sistema político debe cambiar casi por completo.

El Perú llega a las urnas en un momento de profunda crisis en el sistema político, pero con un valor extra que se precisa puntualizar. Los resultados más recientes del Barómetro de las Américas revelan una ciudadanía consciente de la magnitud del desafío político y atenta a la necesidad de impulsar transformaciones de fondo.

Que el 93% de los peruanos demande reformas profundas habla de un país que quiere renovar las bases de su vida democrática y abrir un nuevo ciclo de gobernabilidad.

Este proceso electoral ofrece una oportunidad para canalizar esa voluntad que según las estadísticas es claramente colectiva. El respaldo a la democracia convive con una firme convicción de respeto a los resultados electorales. El mismo estudio concluye que el 82% sostiene que los resultados deben respetarse, independientemente del candidato o partido que resulte vencedor. En ese punto se sostiene una base cívica valiosa para orientar el rumbo del país.

En paralelo, el país convive con un entramado de poder que ha encontrado en la crisis un terreno fértil para reproducirse. Un pacto de intereses desde el Congreso ha convertido a diversas instituciones públicas en espacios funcionales a la impunidad y en plataformas de distribución de empleos sin rédito de gestión eficiente de lo público.

La extendida percepción de corrupción expresa con claridad esta fractura. El 82% de los ciudadanos considera que la mitad o la totalidad de los políticos está involucrada en corrupción, mientras que el 76% cree que muchos reciben financiamiento de organizaciones criminales.

En este escenario, el voto adquiere un significado mayor. Representa una decisión sobre el tipo de sistema político que el país quiere construir. Cada elector tiene en sus manos la posibilidad de evaluar, comparar y elegir con criterio, atendiendo a propuestas concretas, trayectorias verificables y compromisos con la reforma institucional. Informarse, contrastar y deliberar se vuelven actos centrales de responsabilidad cívica.

La elección convoca a respaldar propuestas que impulsen reformas institucionales y aseguren mecanismos efectivos de rendición de cuentas. Ese horizonte se construye desde una ciudadanía activa, vigilante y comprometida con el interés público.

El Perú tiene ante sí la posibilidad de convertir esta elección en un verdadero punto de inflexión, en una crisis cuesta arriba. El próximo voto puede expresar una voluntad de cambio que abra paso a una etapa de restitución de la integridad del Estado. Ese camino comienza con una decisión informada y consciente, a la altura del momento que vive el país.