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La red de actores detrás de una experiencia educativa, por Ernesto Cavassa, S.J.

El director de Fe y Alegría sostiene que dicha institución es un referente en educación popular integral, donde padres y comunidades han sido protagonistas en la creación de escuelas desde sus inicios.

*Director General de Fe y Alegría

Para explicar el éxito de un modelo, no es suficiente remitirse a la figura legal. Hay que mirar la historia y la trayectoria de instituciones como Fe y Alegría (FyA) que son referentes en sus localidades.

En primer lugar, a los pobladores urbanos o comuneros rurales que les dan vida. Desde el inicio, los grandes protagonistas fueron los padres y madres de familia, junto con las asociaciones vecinales que se comprometieron a darle forma a los colegios, mediante faenas dominicales, construyendo un aula por año. Sienten la institución educativa como propia. Es parte de su entorno social. Más aún, la influencia de la institución en el entorno es tal que lo transforman.

FyA es, desde su inicio, un movimiento de educación popular integral y promoción social. Su objetivo es llegar a los más vulnerables, allí donde se encuentren. Y eso supone una pedagogía diferente con una intencionalidad sociopolítica clara: educar para transformar esta realidad que deja fuera de la educación a millones de personas. Una educación que cierra brechas y combate discriminaciones. Esas características de la educación popular mantienen su vigencia 60 años después, aunque se relean en contextos históricos y sociales diferentes.

El Estado es también un elemento clave del modelo. Tiene los recursos para implementar los planes educativos, fruto de un acuerdo nacional por la educación, además de los medios para replicar lo que instituciones sociales, como FyA, pueden realizar en pequeña escala. En ese sentido, FyA se percibe a sí misma como un laboratorio de innovación de prácticas pedagógicas y de gestión que, de mostrarse exitosas, pueden irse implementando gradualmente en otras instituciones públicas estatales. Por ende, también se concibe como un co-laborador del Estado (no como su operador) y le ofrece los logros conseguidos (en aprendizajes en las diferentes modalidades de la básica y de la superior, en formación integral, en ética y ciudadanía, en construcción de valores, en formación en y para un trabajo digno, etc.) para el mejor desarrollo de la educación pública.

Otro actor clave del modelo son los aliados. FyA convoca a todos los que apuestan por una educación pública de calidad con equidad, justicia e inclusión. Estos pueden ser eclesiales o empresariales; nacionales o extranjeros. FyA Perú es parte de una federación internacional que engloba a 30 países en el mundo. El P. José María Vélaz, fundador del Movimiento de FyA en Venezuela, soñó siempre con un modelo educativo que pudiera ir más allá del continente en que nació. Podemos decir ahora, con la expansión lograda, que acertó.

Finalmente, un cuarto actor: el Espíritu. No, por último, menos importante. FyA es un movimiento con Espíritu que moviliza voluntades, que se convierte en proyectos de vida, que promueve vocaciones docentes. No mide horarios cuando se trata de educar en emergencia, como lo pudimos ver en la pandemia. FyA tiene claro el interés superior del estudiante, por encima de legítimos intereses y derechos particulares. En ellos vemos personas que movilizan lo mejor de nosotros mismos.

FyA es, pues, una institución que se propone lograr que lo público sea sinónimo de calidad; que la educación sea un derecho universal, sin discriminación ninguna; que ese derecho convoque a toda la sociedad y al Estado, sobre la base de que la educación es un bien público, es decir, de todos y todas. Por ello, FyA sigue vigente y puede seguir celebrando la vida, “transformando personas, construyendo país”, como dice el lema de este año jubilar.