Docente del departamento de Administración de la Universidad del Pacífico e investigadora del CIUP

Perú en la carrera por la innovación: ¿cómo subir en el ranking global?, por Patricia Larios-Francia

Apostar por el capital humano, la ciencia y la tecnología no solo nos hará más visibles en los rankings globales, sino —y mucho más importante— nos permitirá cerrar brechas históricas y construir un futuro más inclusivo, sostenible y próspero

En una economía global cada vez más interconectada y competitiva, la innovación se consolida como un motor clave para el desarrollo sostenible. Sin embargo, el Perú enfrenta múltiples desafíos estructurales que limitan su avance en el Global Innovation Index (GII). Según el informe 2024, Perú ocupa el puesto 76 de 132 países, lo que lo sitúa por debajo de economías regionales como Chile (puesto 52), México (58) y Brasil (49).

¿Qué mide el GII y por qué importa?

El GII mide la capacidad de los países para fomentar la innovación a través de múltiples pilares como infraestructura, capital humano, sofisticación de negocios, resultados tecnológicos y creatividad. En el caso peruano, si bien destaca en pilares como sofisticación del mercado, presenta rezagos importantes en infraestructura, capital humano e instituciones. El GII no solo analiza cuánto invierte un país en investigación, sino también si esas inversiones se traducen en resultados, como patentes, exportaciones de alta tecnología, aplicaciones digitales, publicaciones científicas, startups, entre otros. En otras palabras, no basta con tener ideas: hay que convertirlas en innovación que agregue valor, que sea aplicada, novedosa y con impacto.

Diagnóstico de la región: ¿dónde está el Perú?

A nivel regional, el Perú se ubica dentro del grupo de países latinoamericanos con un desempeño intermedio y relativamente estable en el Global Innovation Index. Destacamos positivamente en indicadores como el dinamismo emprendedor, la facilidad para iniciar nuevos negocios y algunos avances importantes en digitalización. Estos logros muestran que existen bases sólidas sobre las cuales construir.

No obstante, aún persisten desafíos por atender. Aspectos como el fortalecimiento de nuestras universidades, la conexión entre el sector académico y el productivo, el impulso a la generación de propiedad intelectual y el aumento sostenido de la inversión en investigación y desarrollo (I+D) son áreas clave para mejorar. Según el GII y los análisis sobre capacidades institucionales en América Latina, factores como la necesidad de mayor estabilidad política, una mejor articulación interinstitucional y una asignación más eficiente del gasto público en ciencia y tecnología son elementos que, si se abordan estratégicamente, pueden elevar significativamente el desempeño innovador del país.

¿Por qué nos cuesta innovar?

La respuesta es compleja, pero se resume en varios puntos:

Baja inversión en I+D: Perú destina solo el 0.5 % del PBI a investigación, al igual que varios de los países de Latinoamérica como el caso de Argentina (0.5%), Uruguay (0.48%) o Chile (0.36%), muy por debajo de países como Corea del Sur (4.9 %) o Israel (5.4 %).

Entorno institucional frágil: No contamos con una estrategia articulada que una al Estado, las universidades, las empresas y la sociedad civil en una agenda nacional de innovación. Los organismos rectores no cuentan el presupuesto suficiente para articular el ecosistema nacional.

Debilidad en capital humano especializado: La baja cantidad de investigadores por millón de habitantes y la escasa articulación entre universidad y empresa limitan la generación de conocimiento aplicado.

Desigualdad territorial y social: La innovación no puede ser privilegio de unos pocos. Si grandes regiones del país no tienen acceso a conectividad, financiamiento o capacitación, el potencial creativo queda desperdiciado.

¿Qué hacen bien otros países?

Los países que lideran el GII (Suiza, Suecia, Estados Unidos, Reino Unido, Singapur) no solo invierten en ciencia. También crean un entorno que estimula el pensamiento crítico, protege la propiedad intelectual, premia el riesgo emprendedor y conecta la investigación con las necesidades reales del mercado y la sociedad.

Por ejemplo, Singapur ha convertido su pequeño tamaño en una ventaja al volverse ágil en políticas públicas y apostar por hubs tecnológicos; mientras que países como Corea del Sur vinculan sus universidades con las industrias desde las aulas.

Chile y Colombia, líderes en la región, han fortalecido su entorno institucional y sofisticación de mercado. Chile, por ejemplo, ha desarrollado una estrategia nacional orientada por misiones que integra a CORFO, universidades y empresas.

¿Qué puede hacer Perú?

La buena noticia es que no partimos de cero. Ya existen iniciativas valiosas impulsadas por CONCYTEC, PROINNÓVATE, universidades, startups tecnológicos y gobiernos regionales. No obstante, existen ventanas de oportunidad si se abordan reformas estratégicas con visión de largo plazo:

Políticas orientadas a misiones y capacidades dinámicas: La OECD (2024) sugiere que las políticas de innovación más efectivas son aquellas que articulan objetivos país (como salud, sostenibilidad o educación) con la movilización de actores públicos y privados, y fomentan capacidades para anticipar, captar y transformar oportunidades. En el Perú el Ministerio de la Producción (PRODUCE) ha incorporado la Compra Pública de Innovación (CPI), una herramienta estratégica para la innovación abierta.

Inversión en talento y formación en habilidades blandas: La innovación no se basa únicamente en conocimiento técnico, sino también en liderazgo, colaboración y creatividad. Reformar el sistema educativo para fomentar estas competencias es esencial, reforzando la educación STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas) desde la escuela.

Impulsar la inversión privada y pública en innovación, con incentivos fiscales, como el caso del Beneficio Tributario Ley N° 30309 - Gastos en Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación Tecnológica (I + D + I) y acceso a fondos competitivos, para fomentar proyectos conjuntos entre empresas, universidades y centros tecnológicos.

Fortalecer los vínculos entre academia e industria para potenciar la transferencia de conocimiento. El Perú tiene una valiosa base académica y científica, con universidades e institutos que generan conocimiento relevante en diversas disciplinas. Aprovechar este potencial pasa por estrechar los lazos entre la investigación académica y las necesidades del sector productivo, transformando descubrimientosy desarrollos en soluciones concretas para el país.

Innovar es urgente

Subir en el Índice Mundial de Innovación no es solo una meta estadística. Es, sobre todo, una oportunidad para transformar nuestro modelo de desarrollo. Un país que apuesta por la innovación no solo mejora su competitividad y productividad, sino que diversifica su economía, crea empleos de calidad y encuentra nuevas soluciones a viejos problemas.

El Perú cuenta con talento, creatividad y una profunda cultura resiliente. El desafío está en creer más en nuestra capacidad de innovar y colaborar. Esa puede ser, de hecho, la innovación más urgente y transformadora: la de confiar en lo que somos capaces de construir juntos como sociedad.

Apostar por el capital humano, la ciencia y la tecnología no solo nos hará más visibles en los rankings globales, sino —y mucho más importante— nos permitirá cerrar brechas históricas y construir un futuro más inclusivo, sostenible y próspero para todas y todos los peruanos.