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El escándalo de explotación laboral en Amazon

Empleados que hacen sus necesidades en botellas para no reducir su productividad. Espionaje a los que promueven la sindicalización. Robo de las propinas de sus conductores. Sedes automatizadas que se han vuelto trampas mortales. La empresa de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, ha crecido monstruosamente a costa de la explotación de sus trabajadores. La creación de su primer sindicato podría cambiar su futuro.

No hay tiempo para ir al baño si se quiere alcanzar las altas metas de productividad que impone la empresa. Foto: AFP.
No hay tiempo para ir al baño si se quiere alcanzar las altas metas de productividad que impone la empresa. Foto: AFP.
Óscar Miranda

Orinar en botellas y arbustos es un tema de conversación muy común en Reddit, el popular foro de Internet. Específicamente, en un subforo creado por conductores de camiones repartidores de Amazon.

“Tuve que orinar en una taza de café un par de veces en lugar de tratar de encontrar un baño...”, escribió un usuario hace unas semanas. “He orinado en una botella de toallitas Clorox antes...”, contó otro. Un tercero publicó, a inicios de marzo, una foto de un paquete de botellas de agua y bromeó: “¡Oye, al menos nos dan baños!”.

“Estamos presionados para terminar estas rutas antes de la noche y tener que encontrar un baño significaría conducir diez minutos más”, le dijo un conductor a la revista Vice. “De diez a quince minutos para encontrar un baño pueden sumar de veinte a treinta minutos de ida y vuelta”, añadió. Los empleados con los que la revista conversó explicaron que Amazon los envía a repartir hasta 300 paquetes al día en un turno de diez horas. No entregarlos todos podría hacer que los despidieran.

Por esa razón, buscar un baño era un lujo que muchas veces no podían permitirse.

Sin tiempo para nada

Hace años que se oyen rumores sobre empleados de Amazon haciendo sus necesidades en recipientes improvisados, así como otras situaciones de abuso laboral, como la vigilancia extrema a los trabajadores y el acoso a todo aquel que habla de organizar un sindicato.

Pero no fue hasta hace unos días que el asunto de las botellas de orina se confirmó, cuando el sitio de noticias The Intercept publicó una serie de documentos que demuestran no solo que ocurre, sino que los altos mandos de la compañía están al tanto de esta situación y que no han hecho nada para resolverla.

Uno de los documentos es un correo electrónico enviado por el gerente de logística de Amazon en mayo pasado en el que reprendió a los empleados por defecar en bolsas.

Otros correos obtenidos por The Intercept contienen advertencias parecidas. En todos se deja claro que orinar o evacuar en lugares que no sean los baños constituyen infracciones severas. Pero, como le dijo una exempleada al medio norteamericano, “nos dan treinta minutos de descanso, pero si los tomas no terminarás tu trabajo, no importa lo rápido que seas”.

“Implícitamente, estamos obligados a hacerlo”, contó otro conductor, “de lo contrario, terminaremos perdiendo nuestros trabajos por demasiados ‘paquetes no entregados’”.

El problema también se registra en los almacenes, donde los empleados no tienen tiempo suficiente para ir al baño debido a las altas cuotas de productividad que les impone la empresa.

En 2018, el periodista británico James Bloordworth ya había narrado esta situación en su libro Contratado: Seis meses encubierto en la Gran Bretaña de bajos salarios. Bloodworth se infiltró como operario en un almacén de Amazon cerca de Birmingham, del tamaño de diez campos de fútbol, y vivió las jornadas de casi 11 horas, 16 kilómetros de carreras entre estantería y salario mínimo.

En su libro, contó cómo los empleados tienen que orinar en botellas o renunciar a las pausas para ir al baño porque de lo contrario no cumplirían las metas de producción. Describió un ambiente de vigilancia extrema, con cámaras por todos lados, guardias hostiles que les revisaban todo al llegar y salir, y supervisores que les hablaban, a través de unos aparatos que estaban obligados a llevar, para decirles que estaban “por debajo de los niveles” y que debían trabajar más rápido.

“Amazon trata a sus empleados como escoria. En el mejor de los casos, sentías que te trataban como un animal”, le contó el reportero al sitio El Confidencial de España. “Es una especie de gestión leninista de los empleados: la idea de que por encima existe una élite, Jeff Bezos y compañía, que son los que mueven el mundo, y por debajo está la gente sobre el terreno, a quienes hay que exprimir, sin importar su salud o bienestar”.

Robo y accidentes

Bloodworth no llegó a reportar la noticia de que entre 2016 y 2019 Amazon se apropió de las propinas de sus repartidores en los Estados Unidos por una suma de 62 millones de dólares, que tuvo que devolver por orden de la Comisión Federal de Comercio de ese país.

Tampoco, los informes internos que salieron a la luz en setiembre de 2020, que revelan una creciente crisis de lesiones en los almacenes de la compañía: entre 2016 y 2019 las tasas de accidentes graves aumentaron un 33% y fueron el doble del promedio en la industria.

Los accidentes más severos ocurren, principalmente, en las instalaciones que cuentan con robots para trasladar la mercadería. “Si tienes robots que mueven el producto más rápido y los trabajadores tienen que levantar o mover esos productos más rápido, habrá un aumento de las lesiones”, le dijo a Reveal News la médica Kathleen Fagan, funcionaria de la Administración Federal de Salud y Seguridad Ocupacional.

Todas estas situaciones han llevado a un número cada vez mayor de trabajadores a pensar en organizarse en sindicatos para defender sus derechos.

A inicios de febrero, mientras Bezos, el hombre más rico del mundo, llegaba en su jet privado a Cabo San Lucas a pasar unas lujosas vacaciones, los empleados de un almacén de Bessemer, Alabama, organizaban una votación para decidir si formaban un sindicato, el primero que habría en un local de Amazon en Norteamérica.

Bezos y su cúpula llevaban años preparándose para este momento. En 2014 lograron derrotar un primer intento de sindicalización en un local de Delaware. Desde entonces, pusieron analistas de inteligencia a monitorear la actividad de sus empleados e, incluso, contrataron a espías de la conocida agencia de detectives Pinkerton para detectar a aquellos que podían sembrar la semilla de la agitación en sus almacenes.

Para sabotear la sindicalización, Amazon convocó reuniones obligatorias para enfatizar las ventajas del entorno laboral actual y las desventajas de los sindicatos, envió a sus empleados mensajes de texto antisindicales y puso en los baños volantes con los mismos mensajes.

El viernes 9 se conocieron los resultados de las elecciones en Bessemer: la mayoría de los empleados se manifestó en contra de la sindicalización.

Los activistas anunciaron que impugnarán la votación. Sostienen que Amazon mintió a sus trabajadores sobre las implicancias de sindicalizarse en las reuniones obligatorias.

“Amazon no ha dejado piedra sin remover en sus esfuerzos por engañar a sus propios empleados”, dijo Stuart Applebaum, presidente del Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Grandes Tiendas (RWDSU, por sus siglas en inglés). “No dejaremos que las mentiras, el fraude y las actividades ilegales de Amazon queden sin respuesta”.