Tacko Fall, nuevo gigante en la NBA
Se lesionó solo por alzar la cabeza en un baño. El senegalés Tacko Fall y sus 2,26 centímetros son el nuevo enigma de la NBA. ¿Sus rodillas aguantarán a este gigante amable que la clava sin saltar?
Tacko Fall debe ser el único jugador en la historia que tocó techo antes de llegar a la NBA: a días del inicio de la nueva temporada por poco y cae privado en uno de los baños de su club, los Boston Celtics.
Relajado, después de desinflar su vejiga, casi entre suspiros, al senegalés se le ocurrió levantar la cabeza. Un olvido de temer para alguien que mide 2,26 centímetros. Un tipo que supera por una frente a Shaquille O’neal y que mide tanto como Margarito Machaguay Valera, el hombre más alto del Perú, postrado por estos días en una cama de hospital a causa de una rotura de fémur y cadera.
Jodido ser un gigante. Los huesos del cuerpo no fueron creados para soportar postes de carne. La nuca de Tacko Fall ya lo comprobó: pasó por el protocolo de contusiones debido a la conmoción cerebral, oportunamente leve.
Gracias a eso lo vimos debutar hace una semana ante los New York Knicks en el Madison Square Garden. El juego ya estaba decidido a favor de los Celtics cuando hizo su aparición en el último cuarto faltando tres minutos y treinta y ocho segundos.
Si el coliseo ya lo había ovacionado cuando se sacó la casaca, se excitó cuando Tacko recibió en la pintura y la clavó dos veces. No con la brutalidad de LeBron James o las acrobacias de Vince Carter sino más bien con delicadeza. Una delicadeza insólita para un pívot de la Liga de baloncesto más espectacular del mundo.
Pero insólita también porque lo hizo casi sin saltar, como empinándose. Un efecto de la Tackomanía: dejar como bajitos a los hombres más altos del planeta. Colgarse sin necesidad de elevarse.
Dos mates y tres rebotes. Un debut auspicioso para una de las grandes atracciones de la temporada. Lo suficiente para despertar ilusión en una franquicia venida a menos como la de los Celtics. Curioso que sus directivos no lo hayan tenido en sus planes, sin embargo.
A pesar de ser la sensación de la Liga de verano, el senegalés no fue incluido en el Draft, esa ceremonia de gala en la que las universidades ‘gringas’ ponen en vitrina a sus talentos becados para recuperar sus inversiones.
Ya con 23 años era más que preocupante. Pero la simpatía y el morbo que despertó Tacko Fall consiguió que le propusieran un contrato poco convencional: jugar por su equipo filial, Los Maine Red Claws en la G-League (una especie de Liga de ascenso), y la posibilidad de ser incluido eventualmente en los partidos regulares de los Celtics.
Sin los crossovers de Kyrie Irving y en una época tan distinta a la del tridente: Pierce (Paul)- Allen (Ray)-Garnett (Kevin), a la franquicia no le quedó de otra. El razonamiento es lógico: si no gano partidos, por lo menos gano aliento (y vendo camisetas).
Acaso sea esa la única garantía de ser un gigante en la NBA. Porque en el parqué los desengaños han sido varios: el rumano George Muresan, de monstruosos 2,32 centímetros, promedió diez puntos en sus siete años en la NBA entre 1993 y el 2000, retirándose molido por las lesiones; el sudanés Manute Bol, de 2,31 centímetros, falleció en el 2010 a los 48 años, con artritis en muñecas y rodillas, quebrado y en la indigencia; y el chino Yao Ming, de 2,29 centímetros, a pesar de ser un All-Star en siete ocasiones, se jubiló a los 31 años sin ganas de saltar sobre un aro por el resto de su vida.
Actualmente, los jugadores que se le acercan a Tacko Fall en estatura no dan la talla del todo: el serbio Boban Marjanovic (2,24) y el letón Kristaps Porzingis (2,21), ambos de los Dallas Mavericks. Si bien Porzingis cuenta con el derecho a la duda por su juventud, Marjanovic, con seis puntos por partido, a los 31 años, es un descarado.
Se necesita una escalera para marcar a Tacko Fall, se diría al primer vistazo. Pero lo cierto es que sus antebrazos y su lomo aún no son lo suficientemente anchos. Encima, ser agresivo no es lo suyo. No tiene la cara de un asesino del poste sino más bien de alguien que pide perdón.
“Entre LeBron James y Steve Jobs, prefiero ser Jobs. Tu físico fallará una vez, pero tu conocimiento durará para siempre”, ha dicho este ingeniero graduado con altas calificaciones. La nueva incógnita de la NBA.


















