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David Carrillo: "En la política hay mucho ego y te pueden manipular"

El actor y dramaturgo dirige la obra 'Los cuatro letras', un guion que empezó como un “autodebate”, y comenta que rechazó entrar a la política partidaria.

 

David Carrillo.
David Carrillo. | Andrea Torres.

Cuatro amigos que se conocieron durante los estudios generales en la universidad se reúnen años después: un publicista, una maestra, una lingüista y un abogado que postula al Congreso. “La obra era un autodebate”, nos comenta el director y actor David Carrillo. Tuvo la primera idea antes de la pandemia y retomó el guion en 2024.

       Los cuatro letras es una interesante puesta en escena sobre los vínculos, pero también acerca de la congruencia. “Los jóvenes quieren dos cosas: dinero o salvar al Perú”, dice Carrillo, quien fue scout y pudo ser bombero. “Eso fue hasta los 18, hasta que descubrí una cosa que no voy a decir públicamente, pero algo pasó que no hice el examen porque me chocó”.

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      En la obra, el dramaturgo confronta a generaciones, una asistente millennial que parece tener cualquier respuesta con velocidad de IA y una adolescente, interpretada por su hija, Almudena Carrillo. Ambos trabajaron antes, en la pandemia, La mujer que queda y ella estuvo a cargo de la animación. Sin intención de hacer spoiler, su personaje también es artista.

        “Mi primer instinto fue protegerla. Además, había empezado una carrera y los ensayos son agotadores y pensaba: ¿y qué pasa si le llega una mala crítica?”, agrega el director. “Ella me ha acompañado de la mano en mi evolución o mi involución, como quieran llamarlo, teatral”.

 ¿Por qué querías hablar del inicio de la carrera de cuatro jóvenes?

Eso es bien interesante, pero al inicio dije: “voy a juntar a estos cuatro personajes de letras y lo que quiero es someterlos a una reactualización de sus propios conceptos. Entonces, hice una larga lista de palabras de cuatro letras como alma, vida, pena, daño, no sé, risa y así. Quería que se sometieran a qué significaba el amor a los 20 y qué significa el amor ahora a los 50. Entonces, dije: “antes de cualquier crisis o que me dé un ataque de melancolía de todo tiempo pasado fue mejor —ese que parece que le encanta a nuestra sociedad— más bien voy a tratar de reconectar, para mí es una palabra clave en la obra”. Es tratar de poner esos temas y enfrentarlos a mi yo actual, pero no quería hacer una obra nostálgica.

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¿Y en qué momento se te ocurrió escribir sobre un abogado y músico que ahora quiere ser político?

Siempre he sentido una necesidad, un compromiso de servicio. La obra es casi un monólogo desde mis puntos de vista. Lo que no termino de decidir es mi propio debate sobre si el artista se puede separar de la obra. Y si hay una necesidad de representación política, ya había terminado la obra, pero un poquito hacia el fin del año pasado recibí dos propuestas para participar en política.

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¿Para el Congreso?

Para entrar al Congreso no soy una persona activa, pero me invitaron a participar de un partido, a inscribirme, la pensé y dije no. Yo estoy en una discusión conmigo mismo sobre realmente qué es lo que hay que hacer y no terminar siendo rellenos o no sé qué, porque también sé que se utilizan. Es confuso porque hay mucho ego y te pueden manipular. Todos tenemos una tendencia al egoísmo y al egocentrismo.

Firmaste el pronunciamiento contra la creación del Colegio de Artistas. ¿Qué te parece que ahora tengan que volver a las aulas o, en algunos casos, empezar?

Pienso en dos cosas que tienen que ver con el aprovechamiento. Primero, un colegio le está diciendo a un niño que no le permite ser artista hasta que cumpla 18 (sonríe). En mi caso, yo entré recién a la Católica a los 20 años y mi formación actoral fue un taller con mi maestro Alberto Ísola. Y digamos que, aunque entendimos y respetamos, mientras íbamos avanzando, el Estado comenzó a pedir que los profesores de la universidad tuvieran títulos, pero los maestros de teatro no los tienen. Y desde la pandemia, comencé a sentir que la guerra era otra; o sea, ya no era la indiferencia, porque me acuerdo que cuando estábamos encerrados, nunca hubo un anuncio o beneficios para el sector. Entonces, pasamos del “ah, ustedes existen” a luchar contra el desprecio que se está volviendo moda, ¿no? Y pareciera que es divertido chancar a artistas y que es divertido ningunearlos. Les divierte decir: “ustedes no merecen nada”. Pero es algo que está pasando también en otros países.

  • Recomendación: La obra cumple temporada en el Teatro Racional, en Balta 170, Barranco. Hasta el ocho de agosto.
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