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Opinión

Felices Fiestas Patrias al Perú que no se rinde

205 años después de la declaración de independencia, la promesa de una república donde la ley vale igual para todos sigue siendo el horizonte que vale la pena defender.

Editorial
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El 28 de julio de 1821, José de San Martín proclamó la independencia del Perú porque así lo quería la voluntad general de sus pueblos. Era una promesa enorme para un país que acababa de nacer, la de que ningún poder externo ni interno podría imponerse sobre la decisión libre de sus ciudadanos. Hoy, 205 años después, esa promesa sigue siendo el horizonte hacia el que vale la pena caminar.

Hoy asume la presidencia Keiko Fujimori, hija de un exdictador, Alberto Fujimori, condenado por crímenes de lesa humanidad. Lo hace con el voto nacional en contra, habiendo perdido en el 71% del territorio departamental, y llega a un Palacio que su bancada contribuyó a preparar durante 10 años de hegemonía parlamentaria.

Lo hará con instituciones que recibe debilitadas, en parte, por las mismas manos que hoy las van a administrar, las de su organización política. Eso es parte de la realidad y nombrarla es un acto de honestidad, no de pesimismo.

Pero el Perú que no se rinde no es el de los discursos ni el de las banderas que ondean en los balcones. Es el de las madres de familia que sostienen el hogar, la educación de los hijos y la economía del barrio con una resiliencia que ningún indicador logra medir del todo. El de los microempresarios y emprendedores que construyen empleo y riqueza a pesar de la extorsión, la informalidad y un Estado que pocas veces llega a tiempo para protegerlos. El de los jueces que se negaron a aplicar leyes de impunidad y pagaron con procesos disciplinarios. El de los fiscales que siguen investigando cuando lo más fácil era dejar de hacerlo. El de los ciudadanos del sur que salieron a las calles a decir que sus muertos importan. El de los periodistas que documentaron lo que otros prefirieron ignorar. El de las comunidades indígenas que defienden su territorio y su lengua frente a un Estado que lamentablemente las ignora. Ese Perú no termina hoy. Ese Perú sigue.

La república que el solitario de Sayán, don José Faustino Sánchez Carrión imaginó en contraposición al ideal monárquico no era un simple destino sino una dirección. Una sociedad donde la ley vale igual para todos, donde las instituciones sirven a los ciudadanos y no al poder de turno, donde la memoria de las víctimas no se negocia y donde el que protesta tiene los mismos derechos que el que gobierna.

Ese proyecto no está cumplido. Pero tampoco está abandonado. Y mientras haya peruanos dispuestos a defenderlo, el 28 de julio seguirá siendo una fecha que vale la pena celebrar. ¡Felices Fiestas Patrias a ese Perú que no se rinde!

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