Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid, docente del departamento de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre comunicación política, cultura política y populismo.

Cómo se decide el voto municipal, por Hernán Chaparro

El voto se ve influenciado por aspectos emocionales y el "anti-voto", mientras que la exposición a la campaña a través de medios digitales impacta en la percepción de los candidatos en la última semana.

La campaña electoral por la alcaldía de Lima se mueve en un clima de desafección y una oferta electoral fragmentada. Parte del problema es que este proceso coincide con el inicio de un gobierno que viene generando un largo suspenso y mayor atención mediática. En ese contexto, vale la pena preguntarse: ¿qué tomará en cuenta la gente al momento de elegir al próximo alcalde y cómo se desarrolla ese proceso de decisión en la mente del elector?

La elección provincial es un fenómeno donde lo político tiene más peso que en una elección distrital, pero la decisión sigue estando marcada por la evaluación de los atributos personales y la capacidad ejecutiva percibida del candidato, por encima de la marca partidaria. La trayectoria del postulante, su imagen de gestor y su habilidad para transmitir que "hace obra" o resuelve problemas cotidianos operan como atajos cognitivos. Que varios alcaldes, en la práctica, estén postulando a la reelección les da una ventaja frente a otros que postulan por primera vez.  Los responsables de fiscalización de los Jurados Electorales Especiales deberían darse una vuelta y observar los paneles en vía pública.  Por ejemplo, los carteles que promocionan a Rafael López Aliaga o a Ricardo Bless, que “técnicamente” no están postulando a la alcaldía, los presentan de tal manera que, si se hiciese una evaluación de esos paneles entre votantes regulares, lo más probable es que el elector promedio interprete que son los postulantes a alcalde: “con Eduardo Bless San Miguel Avanza”, “Porky vuelve”.

Sin embargo, el voto no se reduce al cálculo de obras o gestión. La investigación muestra que, si bien la marca partidaria no es relevante, si lo es la ideología, los valores y las emociones vinculadas a los candidatos. En Lima coexiste una importante demanda ciudadana de centro junto a sectores atraídos por discursos conservadores o de derecha radical. En ese escenario, la identidad negativa o "anti-voto" actúa como un filtro de descarte temprano: muchos no eligen a partir de una simpatía entusiasta, sino descartando a quienes cruzan sus "líneas rojas" morales o políticas, inclinándose por la conocida lógica del "mal menor".  La tolerancia hacia candidatos que se sabe que no están actuando legalmente o con historias oscuras es porque, según la escala valorativa de cada quién, “los otros son peores”.

A esto se suma la influencia de un ecosistema mediático híbrido. La dieta informativa de los limeños está sumamente atomizada. Mientras un grupo reducido busca activamente información política o sigue debates, la mayoría se expone a la campaña de manera incidental, sin quererlo, mientras navega por redes sociales, grupos de WhatsApp, consumiendo clips, memes o denuncias que llegan a la pantalla de cada uno como reflejo algorítmico de los propios gustos, intereses o red de amigos para moldear la percepción de los candidatos.

¿Cuál es la trayectoria de este proceso en el tiempo? La literatura en ciencia política y psicología social demuestra que la decisión de voto no es instantánea ni fija, sino un proceso dinámico de aprendizaje y descarte. Para explicarlo, se utiliza el modelo del “consideration set” o “conjunto de consideración”. Al inicio de la campaña, el ciudadano enfrenta una oferta saturada de candidaturas. En una primera etapa, el elector reduce de manera inconsciente esa lista amplia a un grupo pequeño de dos o tres alternativas que considera "viables" o aceptables. A lo largo de las semanas, este “conjunto de consideración” no permanece estático: se expande o se contrae de acuerdo con las diferentes situaciones que plantea la campaña. Un escándalo periodístico, una buena intervención en el debate (si se da), la recomendación de un familiar o un video viral en redes sociales pueden hacer que un candidato sea eliminado de la lista o que ingrese una opción que antes no se consideraba. Dado lo personalizado de nuestras elecciones, las actitudes políticas (no partidarias) y sociales hacia el ejercicio del poder tienen mayor peso al momento de evaluar qué opción es mejor o menos mala que las otras.

¿Qué se tomará en cuenta en esa "burbuja" de indecisión que es la última semana? Operan heurísticos de cierre rápido: el impacto de los debates televisados (vistos directamente o por rebote en días posteriores), la posición en las encuestas para aplicar un voto táctico, o la influencia de las conversaciones en el entorno cercano. En la recta final de la campaña, el ajuste de consideración enfrentará distintas visiones de gestión y liderazgo. Algunos podrán preferir a Bruce, Allison o Tejada por su perfil más ejecutor, tecnocrático si se quiere, y vecinal, pero estos corren el riesgo de fragmentar el voto moderado que se ubica más en sectores medios y altos.

En paralelo, están los defensores más ideológicos de la mano dura, los dos finalistas de la elección pasada. Rafael López Aliaga sostiene un núcleo duro, atraído por su discurso frontal y perfil empresarial, si bien su estilo polarizante, activa un antivoto significativo en su contra. Urresti, con mayor apoyo en los sectores populares de Lima, destaca la urgencia de la “mano dura” pero el peso de sus cuestionamientos judiciales le imponen un techo electoral. En los días previos al sufragio, el elector terminará definiendo su voto por un balance entre la capacidad de ejecución percibida, el impacto emocional del liderazgo y el descarte táctico de quienes cruzan sus límites de rechazo.

Comprender que el voto combina la demanda pragmática de obras, filtros emocionales (el antivoto) y una decantación progresiva de consideraciones es importante para entender que la decisión final se construye, en el día a día de los limeños, entre el desencanto y la necesidad inevitable de elegir a quién gobernará esta compleja ciudad.

 

Hernán Chaparro

La otra orilla

Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid, docente del departamento de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre comunicación política, cultura política y populismo.