Cargando...
Opinión

Querido Abelardo, por Eduardo González Viaña

Abelardo Oquendo fue una figura clave de la cultura peruana. Su columna en La República marcó una época. Para tener una idea de su dimensión humana e intelectual, pensemos en las cartas que le enviaba José María Arguedas.

Abelardo Oquendo. Foto: Archivo La República.
Abelardo Oquendo. Foto: Archivo La República.

Escribe: Eduardo González Viaña

 “Querido Abelardo:

Este relato está lleno de defectos. Antes, acudía a Emilio Adolfo Westphalen para que me ayudara a descubrir los más graves y confrontar con los que yo conocía. Para Los ríos profundos me auxilió Coyné. Ambos fueron muy generosos, porque fueron severos. Esta vez, con la misma confianza e ilusión acudo a ti”.

Quien escribe esta carta, en 1960, es José María Arguedas. Se la envía a Abelardo Oquendo. El libro que acaba de terminar, y sobre el cual tiene dudas, es nada menos que El Sexto.

Uno de los más grandes escritores del Perú y América Latina confiesa su inseguridad a un joven crítico de libros. Es ostensible el recrudecimiento de la enfermedad que el gran autor padece y la incurable depresión que un día habrá de conducirlo al suicidio.

Abelardo Oquendo (1930-2018) fue crítico literario, escritor, editor y docente universitario. Además de su formación en humanidades, estudió también Derecho e incluso trabajó en un estudio de abogados.

Con Luis Loayza, fundó Cuadernos de composición y con Mario Vargas Llosa inició la revista Literatura y laboró además en Amaru -la revista de la Universidad Nacional de Ingeniería.

Su aporte a la literatura peruana se acrecentó cuando, en 1972, al lado del poeta Mirko Lauer, fundó Mosca Azul Editores, una empresa editorial que llegaría a publicar 226 libros. Al lado, la revista Hueso Húmero que publicaban ambos, sería una de las más importantes publicaciones culturales.

Sin embargo, su mayor contribución a la literatura fue, como se desprende de la carta de Arguedas, su generosidad. Puede decirse que, para los escritores que confiamos en él, Abelardo abrió siempre las puertas de su benevolencia. Qué mejor muestra que las cartas de Arguedas”.

Debemos a la gentileza de Carmen María Pinilla, el conocimiento de una serie de cartas que José María Arguedas escribió. Entre ellas, destacarían las que dirige a Oquendo.

Un escritor requiere, siempre, de un lector primero antes de que el gran público conozca su obra. Sin ese lector, sin sus interrupciones geniales, no se explican todas las luces que un relato puede darnos. Abelardo cumplió ese papel. Y más como se ve en esta otra carta:

Abelardo Oquendo. Foto: Archivo La República.

“Muy estimado Abelardo:

Vine a este país cuando la muy larga afección nerviosa que padezco se había agudizado. He pasado días muy malos. Un médico me llegó a decir que no tenía remedio aquí. Desde 1943 no he contado sino con un cuarto de vida…”.

Lo que nos está mostrando esta carta, escrita en mayo de 1961, es que la bondad de un crítico generoso pudo hacer mucho más por la literatura y, concretamente, por la obra de Arguedas, que todos los médicos que intentaron ayudar al genial andahuaylino.

En 1971, una revista dedicada a la narración que proclamaba su adhesión a los postulados del Foro de Yenán, estigmatizó a tres escritores peruanos que, a su modo de ver, no cumplíamos con esa política cultural.

Pude haberme deprimido, pero alguien me hizo notar que había un rasgo coincidente en los tres ajusticiados. Acababan de ganar un premio literario más o menos envidiable: Mario Vargas Llosa había obtenido el Premio Rómulo Gallegos, Alfredo Bryce, Casa de las Américas y yo, el menos importante, estaba ganando el Premio Nacional de Fomento a la Cultura.

A mí se me condenaba, además, por el hecho de que mi segundo libro había sido publicado por Losada, por entonces la mayor editorial del mundo hispano.

No fue necesario que este joven provinciano le escribiera una carta. A Abelardo sí le gustaron mis textos, y por eso me incluyó en su antología de narradores, me publicó en las revistas que le eran próximas y aceptó dar el sello de Mosca Azul Editores a mi novela Sarita Colonia viene volando.

Arguedas comentó alguna vez que, a veces, había llegado a la conversación con Oquendo sin muchas ganas de continuar en el oficio y con la cabeza llena de pensamientos entreverados. La mejor receta de Oquendo era: “No pienses, y punto”. Lo decía arqueando una ceja y colocando la lengua como abultando una de sus mejillas, lo que al parecer le confería aspecto de sabio.

Me pregunto si, por todo eso, sus compañeros de generación le llamaban cariñosamente “el delfín”.

Lo más visto

Aventuras en el chiquero electoral, por Mirko Lauer

LEER MÁS

Contra el desprecio, por Jorge Bruce

LEER MÁS

El Estado debe proteger a defensores amazónicos

LEER MÁS

Recetas

Ofertas

Lo Más Reciente

Opinión

El Estado debe proteger a defensores amazónicos

A llorar al río, por Jorge Bruce

¿Los escuderos de Trump?, por Ramiro Escobar

Estados Unidos

¿Sabías que el oro de Atahualpa no está en Perú? El país de Latinoamérica donde ocultan el tesoro deseado por españoles

Los únicos 4 países de América Latina que cuenta con una de las mayores reservas de agua de la Tierra

Elecciones en Nueva York 2025: Zohran Mamdani gana la alcaldía y triunfo le da un fuerte golpe a la era Trump

Política

Junta de Portavoces de la Cámara de Diputados define este martes 11 a la Mesa Directiva de las comisiones

Harvey Colchado en manos de la Comisión de Ética tras acusación fiscal

Cinco proyectos anti leyes procrimen se debatirán en Comisión de Justicia

Deportes

Tabla de posiciones Mundial de Vóley Sub 17 2026: resultados y partidos de Perú en fase de grupos

¡Con corazón! Perú ganó 3-1 a Filipinas y clasificó a octavos de final del Mundial sub 17 de Vóley

Programación de la Liga 1 2026: día y hora de los partidos por la fecha 5 del Torneo Clausura