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Opinión

Una especulación sobre la vacancia presidencial, por Rosa María Palacios

Dos detalles no menores se juegan estos días. El primero, el cambio del presidente del Consejo de Ministros, deslizado sin sutileza alguna por Chirinos. (...) El segundo, el más delicado: ¿quién de los 130 congresistas es el indicado para ocupar la presidencia del Congreso y, por tanto, la del Perú?

larepublica.pe
RMP

El martes, horas antes del paro nacional, la presidenta Dina Boluarte reapareció respondiendo seis preguntas a periodistas luego de más de 100 días de silencio. Para lo que dijo, minimizando el paro y su propia impopularidad de récord mundial, más le hubiera valido haberse quedado callada. Solo enardeció a la población, que enfrenta un problema real que el gobierno no puede resolver. Quiso publicitar sus supuestos logros y solo logró dar más cólera.

El Perú va a crecer este año un 3%, pero con los actuales precios históricos del oro y del cobre podría estar creciendo al 5%, como en el ciclo 2004-2012. No lo logramos por la pésima gestión del gobierno, tanto en su incapacidad de generar credibilidad para aumentar la inversión privada como en su incumplimiento de metas fiscales. El déficit este año cerrará en un 4%, y la única explicación de tal falla es la incompetencia compartida entre el Ejecutivo (incapaz de siquiera nombrar un directorio para rescatar de la quiebra a PetroPerú) y el Legislativo, ese poder prohibido de tener iniciativa de gasto, que no se detiene en generarlo.

A los partidos políticos en el Congreso, con un horizonte electoral cercano, no les queda más remedio que enfrentarse a una población que detesta tanto a la presidenta como a los legisladores. Las promesas de adelanto de elecciones de diciembre del 2022 y su abandono en febrero del 2023 dejaron 50 muertos y una herida abierta. Si se hubieran realizado elecciones, hoy los 10 partidos con representación parlamentaria estarían, tal vez algunos, nuevamente en el Congreso. Pero la codicia y la soberbia no son buenas consejeras. “Nos quedamos todos” fue su lema. El problema, para todos, es enfrentar las consecuencias de tener como único programa la acción de durar (y protegerse de los procesos criminales que les tocarán) mientras cargan el pesado cajón del cadáver político que es Dina Boluarte.

Será muy difícil en campaña deslindar del gobierno de Boluarte, porque el pacto de facto ha sido público y manifiesto. Son aliados. Dina los necesita y ellos necesitan a Dina.

Sin embargo, esa mutua necesidad tiene fecha de caducidad. El Congreso no puede disolverse en el último año de mandato, pero, en la práctica, ya no puede disolverse nunca. El Parlamento eliminó (por una ley inconstitucional, bendecida por un Tribunal Constitucional a su medida) la cuestión de confianza. Ese fue su objetivo más preciado desde el primer mes de su instalación. Lo lograron mientras Castillo aún gobernaba y, por eso, le rechazaron las cuestiones de confianza. Hoy el Congreso es indisoluble. Punto.

Pero, si Dina es vacada, quien asuma la presidencia debe convocar a elecciones “de inmediato” según la Constitución. Esta regla es innecesaria cuando las elecciones generales ya están convocadas. ¿Cuándo tienen que convocarse? En abril del 2025. Después de esa convocatoria, Boluarte es un adorno para el Congreso. Ya no la necesitan para quedarse. Incluso una lectura más pragmática de la Constitución podría concluir que una vacancia hoy puede generar una convocatoria “inmediata”, pero, como todo presidente debe juramentar un 28 de julio según la misma Constitución, el calendario electoral de abril 2025 a abril 2026 se tiene que mantener intacto.

Explicadas estas reglas, se entiende el mensaje de la congresista Patricia Chirinos, una animadora de vacancias y acusaciones constitucionales que no suele actuar por la libre en estos casos. Ha escrito: “¡La vacancia es inevitable! Este gobierno ignora las verdaderas necesidades del país y vive de espaldas a la realidad. La incapacidad de la señora Boluarte para gobernar es evidente y su permanencia en Palacio insostenible. Prefiere mentirle al Perú antes que asumir su fracaso y remover a un premier que no hace ni deja hacer. ¡Por el bien del Perú, váyanse ya!”. Y si no les quedó claro, añadió en su cuenta de X: “El pueblo sabe que es un secreto a voces que el gobierno de la señora Boluarte protege a Vladimir Cerrón. Esta complicidad, sumada a su incapacidad para gobernar, ha convertido la vacancia en un clamor popular. #VacanciaYa”.

Horas después, el congresista Jaime Quito se apresuró a plantear lo mismo. Por su parte, Patricia Juárez declaró estar en contra de la vacancia. Sin Fuerza Popular y sin APP no llegarían a los 87 votos indispensables. Pero Juárez, consciente de la pesada mochila electoral que es Boluarte en un proceso electoral, ha añadido que su bancada evalúa el desempeño y permanencia del Ministro Santibañez. Una concesión de consuelo a los promotores de las paralizaciones. ¿Puede cambiar intempestivamente el ánimo de César Acuña y Keiko Fujimori y bajarle el dedo a su ahijada? Puede, sin ningún problema. El antecedente de Acuña abrazado de Vizcarra una semana antes de apuñalarlo basta y sobra para demostrar que es posible.

¿La vacancia de Boluarte será rechazada por la población? No. Por el contrario, a ese difunto no lo va a llorar nadie. ¿Esa vacancia va a mejorar la popularidad del Congreso? De ninguna manera. Si eso creen, se equivocan. La maniobra oportunista no da para un nuevo enganche con la población. La destrucción legislativa ha llegado a su más alta cumbre con la ley pro-crimen organizado, y esa mancha no sale ni con una vacancia “express” de esas que también ahora ha validado el Tribunal Constitucional.

Dos detalles no menores se juegan estos días. El primero, el cambio del presidente del Consejo de Ministros, deslizado sin sutileza alguna por Chirinos. ¿Se arriesgará Boluarte a un voto de investidura que puede ser rechazado como antesala de su vacancia? El segundo, el más delicado: ¿quién de los 130 congresistas es el indicado para ocupar la presidencia del Congreso y, por tanto, la del Perú? ¿Quién les puede ser útil a todos en un proceso electoral donde el fraude tratará de imponerse? Es evidente que no es Salhuana. Tiene que ser alguien que le guste a Acuña y a Fujimori, pero no puede ser de ninguno de los dos partidos. ¿Alguien dijo María del Carmen Alva?

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