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Opinión

¿Cuál es la salida a la crisis?, por Rosa María Palacios

“Por el bien de todos, hasta de ella misma, Dina Boluarte solo tiene como salida su renuncia. Si no lo hace, su destino y el del país solo pueden empeorar”.

larepublica.pe
Rosa María Palacios

Hace un año, el diario El Comercio me pidió una opinión sobre las alternativas para salir a la crisis política. Estas no imaginaban un autogolpe de Castillo y la permanencia de Boluarte en el poder, pero, en su mayoría, el texto que envié y reproduzco aquí tiene exactamente la misma respuesta 12 meses después. Aplican para el fracaso del Congreso en adelantar elecciones y la necedad de Boluarte en llevar al país a un rumbo autoritario antes que renunciar. Esto dije el 9 de febrero del 2022:

“Hay un difícil camino de salida, pero no imposible. El Perú lo ha transitado muchas veces, con destino siempre incierto.
Primero, reconocer que hay una crisis política y lograr unidad para superarla. Eso implica una enorme generosidad política con renuncias a agendas partidarias, a intereses particulares, a divisiones. La unidad en un único objetivo mayor: lograr un gobierno democrático, bajo reglas constitucionales donde la corrupción y el patrimonialismo no prevalezcan.

Segundo, presión popular. Ella puede no solo lograr la caída de un gabinete, sino también la renuncia de un presidente cada vez más solo en su ineptitud para el cargo. Pero si a pesar de enormes movilizaciones, prevalecen las fuerzas oscuras que han asaltado el poder y se lo reparten como botín, no queda más camino que el constitucional. Un presidente debe cumplir su mandato, pero si no rectifica una conducta delictiva la democracia debe defenderse.

Tercero, reforma constitucional, para introducir el juicio político presidencial durante el mandato, figura del derecho constitucional comparado, que el Perú nunca ha tenido. Se necesitan 87 votos en la legislatura que acaba el 28 de este mes. 87 votos más en la legislatura que empieza en marzo. Luego, el presidente podrá ser destituido en un debido proceso, ajustado al Estado de derecho y no en una arbitraria vacancia exprés que tanto daño ha hecho al país en el pasado.

Cuarto, destituido el presidente y renunciando Dina Boluarte, el país debe ir a elecciones generales. No puede elegirse una plancha presidencial y permanecer un Congreso que no responde al mismo momento político de elección. Menos un Congreso con un desprestigio mayor al del propio presidente por propia corrupción y propio patrimonialismo.

¿Difícil? Casi imposible. Los obstáculos son gigantescos; los errores ya cometidos (y los que vendrán), inmensos; el propósito de enmienda, mínimo; la generosidad política, nula. Y sin embargo, aquí seguimos, 200 años apostando tercamente por ser un pueblo capaz de autogobernarse en democracia”.

Algunas cosas han cambiado. Castillo ya no es el que no quiere irse, porque ya se fue. Pero, así como el golpista debe responder por su propia rebelión y por sus latrocinios, Boluarte debe responder por 47 fallecidos en enfrentamientos con fuerzas del orden que ella se niega a reconocer como de su responsabilidad.

También deberán responder los 10 partidos que conforman el Congreso en las próximas elecciones. Sus niveles de irresponsabilidad y codicia han excedido todo límite, dejando al país sin elecciones generales (rechazaron 4 veces los proyectos esta semana), la única propuesta que cuenta con absoluto respaldo popular.

Boluarte mandó un proyecto para irse en diciembre. El Congreso le dijo no. Su respuesta no puede ser “entonces nos quedamos todos hasta el 2026”. Su única respuesta política es su renuncia hoy, para que adelante a febrero lo que iba a aceptar en diciembre. ¿Tanto son 10 meses? ¿O solo es parte de un engaño elaborado para hacer tiempo?

Se equivocan en Palacio si creen que el pueblo se está cansando, que pueden inventar narrativas de victimización y culpabilidades fantasmales y que en tres meses “tienen todo bajo control”. Lo que se ha visto son poblaciones enteras sufriendo escasez, inflación, desempleo y quiebra, pero resistiéndose a someterse a un régimen que primero dispara y luego detiene.

Una élite en Lima, muy desinformada, les puede sostener el cuentito de amor y patriotismo, pero el resto del Perú no se lo va a aguantar. Por el bien de todos, hasta de ella misma, Dina Boluarte solo tiene como salida su renuncia. Si no lo hace, su destino y el del país solo pueden empeorar.

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