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Opinión

¿Esta justicia buscamos las mujeres? (1), por Roxana Vásquez Sotelo

Columnista invitada: Roxana Vásquez Sotelo (abogada y feminista).

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Columnista invitada: Roxana Vásquez Sotelo (abogada y feminista).

Cuando las mujeres, organizadas o no, comenzaron a utilizar las redes sociales como canales de denuncia pública, muchas saludamos la idea, conscientes de las numerosas limitaciones que teníamos al enfrentarnos al sistema judicial. Así se abrió una nueva vía en el tortuoso camino -plagado de prejuicios y estereotipos- que limitaban hasta casi asfixiar la posibilidad de obtener justicia. Esta vía rápida habilitó la ruta para hacer visibles a los agresores, muchas veces impunes, protegidos por los privilegios que todavía da el hecho de ser hombre en el Perú.

La proliferación de denuncias resultó abrumadora en muchos países y las redes sociales permitieron denunciar a aquellos que años antes habría sido impensable hacerlo. Muchos ‘intocables’ aparecieron ante la opinión pública y fueron condenados socialmente incluso antes de ser enjuiciados por las instancias correspondientes.

Es posible que el exceso de entusiasmo ante el destello de la victoria haya obnubilado a algun@s, quienes probablemente perdieron de vista el sentido original de la denuncia pública como caja de resonancia que ayudaba a enfrentar el silencio cómplice de nuestras sociedades.

La lucha tenía como origen y fundamento combatir la impunidad sistémica del machismo expresado en su cara más brutal: la violencia de género contra las mujeres. La lucha tenía como objetivo político caminar en busca de justicia, apelando a una forma distinta de hacer las cosas, utilizando estas vías que la tecnología nos ofrecía para penetrar la opacidad del poder.

Sin embargo, cuando de este tipo de experiencias no se extraen lecciones para afinar el diseño a partir de la evaluación del impacto de nuestras estrategias, en una época en donde la velocidad parece tener más valor que la reflexión, surgen algunas preguntas que merecen ser respondidas con la misma contundencia que nuestras denuncias: ¿cómo avalar, desde una mirada que apela a la justicia, aquellas consecuencias indeseables que ha suscitado el enjuiciamiento público? ¿Será que los daños colaterales ya no forman parte de nuestro interés?

Una cosa es la denuncia pública y otra muy distinta la condena sin resguardos ni pruebas (continúa mañana).

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