
En la actualidad, la política se entiende en códigos masculinos, ya que las actitudes femeninas no son deseables para ejercer poder y construir políticamente. Es así que algunas mujeres en la política aún siguen bajo la sombra del padre, esposo o están apadrinadas por figuras masculinas. Incluso, tienen que asumir actitudes “masculinas” para ser consideradas iguales.
Mirar el pasado andino quizá nos enseñe otras maneras de hacer política. Un ejemplo es la vida de Quispe Sisa, bautizada Inés Huaylas Yupanqui, quién, a pesar de ser entregada como pareja en Cajamarca al ya maduro Francisco Pizarro, tuvo participación política cuando movilizó a sus tropas de Huaylas (en Áncash) para ayudar a los hispanos a romper el cerco que los ejércitos de Manco Inca, el primer inca rebelde, habían desplegado en Lima y que casi expulsa a los conquistadores.
No es el único caso de mujeres con poderío militar durante el imperio inca. También está el relato de Mama Ocllo, quien, para derrotar a la rebelde población de Guarco (valle bajo de Cañete), coordinó una tregua con la curaca local para que vaya al mar y cumpla los ritos según su costumbre. Mama Ocllo aprovechó el abandono de las tierras para invadir el territorio. Fue tan famosa en su estrategia que, según algunos relatos, su hijo Huayna Capac llevaba al campo de batalla su útero momificado.
Pero ¿acaso solo las mujeres incas de las familias reales tenían poder político? Por el contrario, los incas (y otras sociedades prehispánicas) habían desarrollado un sistema político en el que no solo las mujeres eran parte constituyente, sino que estaba reconocida una dimensión femenina de ejercer política.
Los acllawasis, donde residían las acllas (“las escogidas”), estaban ubicados en lugares principales del imperio. Allí las niñas aprendían a tejer patrones textiles que eran transmitidos por otras acllas experimentadas y mayores. También aprendían a hacer chicha de maíz para los grandes festines. Las dimensiones simbólicas de los tejidos como narración de la historia y la producción de chicha como fluido sagrado que lubricaba las relaciones sociales permitían construir vínculos políticos entre el imperio y sus poblaciones conquistadas. ¿Quiere decir que los incas tenían un gobierno femenino? El antropólogo Peter Gose, en su artículo “El Estado como una mujer escogida: el servicio de novias y la alimentación a los tributarios del imperio inca” (2000), propone que los incas entendían sus políticas de conquista y gobierno, transitando de lo masculino a lo femenino. Masculino cuando conquistaban y femenino cuando agasajaban y servían. Eso que ahora consideramos un acto de debilidad, y que se usa como justificación para limitar nuestra voz y autonomía en la política, fue una estrategia política.





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