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Opinión

Contra la corriente

“Como siempre, el mal desborda ampliamente el círculo de los políticos. Empresarios, lobbystas, familiares de unos y otros, todos se han mezclado en este grave desaguisado”.

larepublica.pe
“Como siempre, el mal desborda ampliamente el círculo de los políticos. Empresarios, lobbystas, familiares de unos y otros, todos se han mezclado en este grave desaguisado”.

¿Cómo callar la indignación que a todos nos corroe? ¿Cómo ocultar la congoja por la caída de paradigmas colectivos y hasta caros amigos personales? Y, sobre todo, ¿cómo no lamentar lo mucho que el escándalo nos distrae de las urgencias de esta hora: oxígeno, vacunas, bonos?

La condena y la sanción son indispensables. Y deben ser ejemplares. En primer lugar, con las autoridades. Pero no solo con ellas. Como siempre, el mal desborda ampliamente el círculo de los políticos. Empresarios, lobbystas, familiares de unos y otros, todos se han mezclado en este grave desaguisado.

No se puede disculpar a quienes pensaron que no le hacían daño a nadie; que esta salvaguarda personal no afectaba el proceso de vacunación masiva, en marcha a veces gracias a su propio esfuerzo personal; o que, por la índole de sus responsabilidades funcionales, debían protegerse. Hacerlo a escondidas otorga un certificado de culpabilidad.

Y aquí es indispensable una pregunta incómoda: ¿dónde están los que sí rechazaron la vacuna? ¿La hubieran rechazado todos los que hoy se rasgan las vestiduras? ¿Los congresistas que se ensañan con sus odios y venganzas? ¿Lo habrían hecho todas las autoridades y “opinólogos” que fungen de catones de la República?

Seamos claros: no es suficiente con juzgar las responsabilidades personales. Tales responsabilidades arraigan en una cultura colectiva. Por algo, las AFP nos inundan con una millonaria propaganda a favor del “sálvese quien pueda” y en contra de la solidaridad. No es el único derroche publicitario en contra del interés público. Se trata de una manera de pensar y de vivir. Los usos permiten los abusos, diría Ortega y Gasset.

Mención aparte merece el Nuncio Apostólico del Papa. Él es el Embajador, no de cualquier papa, sino precisamente del Papa Francisco, que acaba de reemplazar el ayuno de carne en la cuaresma por actos de genuina caridad cotidiana. Es decir, un Papa ubicado en las antípodas de la tradición eclesiástica de aprovechamiento del poder. No se justifica con ser “consultor en temas de bio-ética” en una operación que es paradigma de la falta de ética.

En general, los participantes en esta operación clandestina pueden clasificarse en dos grupos: uno es el de aquellos que han pretendido justificar su participación con gruesas mentiras o argumentos traídos de los cabellos, y hasta tragicómicos. Pertenecen, por supuesto, a este primer grupo, quienes pretenden que el suyo fue apenas un error de ingenuidad y falta de astucia, por no haber previsto que lo actuado podría hacerse público.

Pero hay también personas que, aunque sea tardíamente, han pedido perdón a la sociedad. Merecen sanción, pero también perdón. No hay que hacer leña del árbol caído ni desconocer los aportes que estas personas hayan prestado al país antes de este desastre.

Una anécdota final: cuando vivía en México, siempre me llamó la atención que hubiera, incluso en el mismo Distrito Federal, y no solo en su natal Oaxaca, calles con el nombre de “Porfirio Díaz”. Muy extraño, dado que la gran revolución de 1910 se levantó justamente contra la dictadura cruel del “porfiriato”. Hasta que alguien me hizo notar que estas calles se llamaban “Coronel Porfirio Díaz”, porque eran un homenaje, no a la nefasta presidencia del General Porfirio Díaz, sino a su época previa, la de héroe en la lucha contra la intervención francesa. Podrá decirse que se trata de una estratigrafía de la memoria o de una sutileza de mexicanos, pero nunca abandoné mi tribulación por esto, que me viene ahora a la memoria, no por azar.

Aclaración: “Contra la corriente” se titula una magnífica colección de ensayos del pensador liberal Isaiah Berlin, en la que, entre otras cosas, reivindica a Nicolás Maquiavelo y explica bien los defectos y virtudes de los nacionalismos.

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