
“¿Qué es más radical que el acceso universal a la salud y a la educación?”, se lee en un cuadro colgado en la pared de Eureka Day (de Jonathan Spector). Un grupo de padres de este colegio inclusivo se reúne con un nuevo miembro del comité para explicarle que cada decisión se toma por consenso y no por votación, pero un brote de paperas acaba por revelar los principios de cada uno. “Se identifican con unos valores, con una idea de escuela, con una idea incluso de sociedad, pero es interesante cómo, cuando se tocan las fibras más personales, más sensibles, que son los hijos y la posibilidad de perderlos, pues ahí aparecen otras fuerzas y cada uno pelea por lo suyo”, nos dice Fiorella De Ferrari, quien interpreta a Suzanne. “También está la búsqueda de poder”.
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Como educadora y actriz, ¿qué impresión te dejó este guion escrito incluso antes de la pandemia?
Uy, conecté rápidamente con el texto. Los temas éticos que plantea Eureka Day son absolutamente relevantes hoy. Por lo tanto, conecté con el deseo profundo de una comunidad educativa por construir una cultura donde el consenso, donde el espíritu democrático, inclusivo, esté al centro. Y también con los desafíos que eso significa, ¿no? En un mundo donde se ponen los intereses individuales con frecuencia por delante del bien común. Por otro lado, también me conecto con los límites que tiene ese espíritu inclusivo. Esta es una escuela, pero en el fondo es un espejo de muchos otros espacios sociales. El liderazgo tiene que manifestarse y hay que tomar decisiones para avanzar. Y no siempre vas a poder complacer a todos.
Es interesante porque Don (Manuel Gold), podría ser un presidente que no quiere hacerse problemas y que le dice a su primer ministro: “Encárgate”. En la obra, tu personaje toma el liderazgo, ¿no?
Es interesante porque son dos mujeres, finalmente. Carina (Anaí Padilla) termina justamente bajo la defensa del bien común. En ese sentido es una crítica al progresismo que no necesariamente ha sabido asumir un liderazgo, desafortunadamente, que pueda representarnos con solidez y enfrentarse a los riesgos de una ultraderecha, ¿verdad? Que se manifiesta en todos los sistemas de la vida. Es una discusión hermosa: cómo construir una comunidad democrática que, a su vez, tenga liderazgo, dirección y claridad. Que sus principios orienten la toma de decisiones. La búsqueda de esa utopía es válida. Sigue siendo relevante, tenemos que seguir buscándola.
Elenco de la obra que cumple temporada en el Teatro La Plaza, Miraflores.
Una de las escenas que más risas genera es cuando todos los padres participan en un chat en el que ya no hay filtros. ¿Es también un momento para pensar cuánto importa el bien común o si solo se defiende tal ideología hasta que no golpee intereses?
En la vida en general, cuando aparece el conflicto es cuando revelamos cuán consistentes somos entre lo que decimos y lo que hacemos. Se revela la verdad. Nuestras fortalezas y oscuridades aparecen, sin duda, cuando hay conflicto. Y por eso es tan importante, para mí, como educadora, que la escuela sea un lugar que no le tema al conflicto. No estoy hablando solo de los padres de familia, estoy hablando también de la escuela como lugar de creación de cultura, como un lugar donde venimos a construirnos como ciudadanos, que sea la conversación una práctica cotidiana desde que los niños son muy pequeños. La capacidad de debatir nuestras ideas, incluso de renunciar a ellas cuando la idea del otro tiene sentido. Si no es así, no debería sorprendernos cómo tendencias, digamos, mucho más verticales sean las que terminan gobernándonos. No estamos ejercitados en ese espíritu, en el arte de la conversación, del diálogo desde pequeños.
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Suzanne trata de no discriminar, pero, ¿te parece que tiene interiorizado el racismo y el clasismo?
Absolutamente, es una mujer que quiere hacer las cosas bien, pero su propia educación, su propia historia, su propio privilegio, se filtran. Su mundo es pequeño. Como en la vida y como nos pasa también en el Perú a muchos que sabemos poquito, ¿no? Y que intentamos desde donde estamos hacer las cosas lo mejor posible.
He escuchado a algunos decir que vieron reflejados a los candidatos; incluso, alguien se arrepintió de su voto. ¿El teatro siempre debe generar estas conversaciones?
(Ríe) Lo que pasa es que, en el sentido de que cualquier grupo humano tiene que tomar decisiones, es un pequeño gobierno, ¿no? Es decir, es un comité ejecutivo, hay una gobernanza y entre el discurso y la práctica siempre encontramos que hay distancias.
Así como el autor de Eureka Day se anticipó, esta programación de La Plaza estaba antes de lo que sucedió a nivel social-político. A inicios de temporada, Chela De Ferrari decía que las tablas eran un espacio de resistencia. ¿Qué les toca hacer ahora?
El teatro tiene que seguir siendo ese lugar que habla de todo aquello que pueda preocuparnos. Tenemos que hablar de los temas difíciles y también de todo aquello que nos mueva. Hay muchas formas de hacer política. La resistencia está en no dejar de hacerlo, de no dejar de apostar por tratar todos aquellos temas que nos ayudarán a seguir construyendo la idea de sociedad que deseamos. Y para mostrarnos el potencial que tenemos como individuos, pero también como tribu que somos.
Entonces, ¿el teatro y la escuela no pueden ser una burbuja?
No. Y la casuística no puede ser solo el pasado. Tiene que haber ese diálogo, ese tránsito entre el pasado, lo que nos pasa hoy y proyectar el futuro. La escuela tiene que ser un lugar de creación. Pero, claro, no hay creación si no hay investigación y no hay investigación si no hay exploración de las ideas, y para eso se necesita construir esta cultura de la conversación. Incluso el desacuerdo nos acerca, porque escuchamos al otro y nos ponemos por un ratito en sus zapatos. Y eso es necesario para la vida democrática. El teatro, como espejo, nos puede ayudar a abrir muchas puertas para seguir ampliando el debate, reflexionando y, ojalá, tomando decisiones.





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