
José Tola falleció en el año 2019. Siempre fue un artista con mucho público, y los jóvenes eran los más entusiastas con su propuesta. Hasta el 29 de marzo, se puede apreciar en el ICPNA de Miraflores un par de exposiciones que ordenan el proceso de su trabajo y que nos aproximan a la persona detrás del mismo. Se trata de todo un acontecimiento cultural.
-La recepción del público en estas dos exposiciones sobre tu padre es no menos que llamativa. Mucha gente está viniendo a verlas.
-Han sido dos años de trabajo en conjunto con Max Hernández Calvo. Cada uno desde un lugar completamente distinto, porque él claramente tenía que abordar todo lo que era la obra y plantear un recorrido de toda la trayectoria de mi papá. Hablamos de una trayectoria de más de 50 años, la cual tiene diferentes momentos bien importantes y que no todos conocen. Quizás hay más gente que conoce sus últimas etapas, como los lienzos y esta dimensión del color, que son quizás más lúdicas, por decirlo así.
-Esa etapa de la poética de José Tola era como un dato escondido, una zona no muy explorada.
-Sobre todo de los años setenta. Precisamente en los ochenta y noventa él empieza a cuestionarse muchas cosas de su trabajo en relación al formato y a la forma. Cuando surgió la idea de hacer la exposición, que era homenajear su trayectoria, porque ya tocaba hacerlo después de algunos años de su partida, yo tenía los cuadernos de bocetos de mi papá. Eran los cuadernos que él había guardado; los había encuadernado, incluso algunos tenían título, otros estaban por año y varios estaban sueltos. Era su mundo personal. Eran trece cuadernos.
"Un gesto que insiste". Foto: Marco Cotrina.
-¿Qué hallaste en esos cuadernos?
-Esos cuadernos tenían más de 1500 imágenes. Empecé a descubrir una parte del trabajo de mi papá que desconocía. Pasé toda mi infancia entrando a su taller, veía lo que hacía con los pedazos de madera, los recortes, los clavos, veía cómo usaba el soplete. Revisando los cuadernos, me di cuenta de su obsesión por la forma, de cómo partía de una idea muy inicial, de abstraerse de la idea del cuadrado para empezar a resolver sus cuestiones técnicas.
-José Tola siempre me ha parecido un artista integral.
-Mi padre leía mucho y tenía conocimientos académicos de lo que había estudiado. Su biblioteca era muy grande. Tenía muchos libros de arte. Si tú agarrabas uno de esos libros, podías ver las manchas de pintura en las páginas. No era un artista de la inspiración; mi padre siempre estaba trabajando.
-¿A qué crees que se deba que la obra de tu padre le guste a los jóvenes? La juventud siempre ha estado con él.
-Hay una latencia del color bien fuerte, y de las formas, que creo que es algo que te atrapa un montón. Incluso yo, cuando veía sus cuadros, sentía su dominio del color. Su obra es simple de apreciar y eso lo descubrí al revisar tanto los cuadernos de bocetos. Esa simpleza la había conseguido por estarle dando y dando y preguntándose qué era eso. En sus cuadernos había mundos que se tenían que sacar a la luz.
Los dibujos de José Tola. Foto: Marco Cotrina.
-Los bocetos de los cuadernos están en formato grande en Un gesto que insiste. En esta sala se escucha igualmente una pieza musical de tu padre.
-La idea era que la gente se meta en la mente de José Tola. Por eso incluimos “Improvisaciones desde un infierno”, que hemos separado en pistas diferentes. La idea era que esos sonidos te vayan acompañando mientras ves los bocetos. Esta fue una exploración musical que hizo y que también cuestiona la forma. Grabó esos sonidos en su casa de Pachacámac. Mi padre era una persona que cuestionaba todo.
-La primera parte de la exposición, Hasta agotar lo imposible, ordena la obra de Tola desde finales de los sesenta. Es una obra impresionante, en donde se ve asimismo que José Tola fue un gran dibujante.
-Yo me he quedado impresionada con los dibujos de mi padre. Creo que esa es una parte de su obra que no se conoce mucho. Muchas personas se quedan viendo esos dibujos.
José Tola. Foto: Difusión.
-José Tola fue un artista muy reconocido. Pero no pocos tenemos la impresión de que no le interesaba ser reconocido, como si despreciara el reconocimiento.
-Esa actitud era parte de querer cuestionarlo todo. Era su modo de vida; lo aplicaba a todo. Cuestionaba las convenciones, sus cuadros. No era algo tipo voy a dejar de pintar en el cuadrado porque no me parece. Él pensaba mucho lo que iba a hacer. Era como una lucha personal. Mi padre no despreciaba el reconocimiento o la fama. Cuando la prensa lo quería entrevistar, pedía que le mandaran las preguntas por escrito. Pocas veces aceptaba entrevistas de tú a tú.
-No recuerdo que se hayan utilizado las dos salas del ICPNA de Miraflores para un artista. ¿Esta es la primera vez?
-Creo que esta es la primera vez. Mi padre tiene mucha obra.
-Esto es producto de un trabajólico.
-Mi padre trabajaba todo el día. Siempre estaba en su taller pintando. También tenía su lado social con sus amigos. Cuando alguien iba a visitarlo, él dejaba todo, se sentaba y estaba con la persona. Tenía esa capacidad, pero todo el tiempo estaba metido trabajando. Como persona y como artista era el mismo.
-¿Qué te gustaría que se conociera más de José Tola?
-Me parece en general interesante conocer los procesos de los artistas, porque muchas veces pasa que uno ve una obra, pero nunca conoces el lado humano del artista, que es todo su mundo reflexivo y todas las cosas que se pregunta y todos sus cuestionamientos. Yo creo que eso te da también la posibilidad de pensarte. La obra de mi padre invita a cuestionar.
-Hace poco salió el poemario ...A la sombra de un girasol.
-Lo escribió cuando tenía 21 años.
"Hasta agotar lo posible". Foto: Marco Cotrina.
-En la poesía no hay lugar para la mentira. Ahí hay una sensibilidad, un apego a la infancia.
-Mi padre quería ser artista desde su adolescencia y cuando escribió ese libro estaba empezando a estudiar.
-A lo que voy es que José Tola nunca fue un farsante.
-Es un libro en que se siente una voz pura. Como dices, ahí hay una sensibilidad. Mi padre fue un hombre tierno y sensible. Incluso cuando se habla de la violencia en su obra, esta era una violencia debido a lo que le rodeaba. No era una persona encerrada en su mundo y que no quería saber qué ocurría fuera de su taller. Los años noventa fueron muy complicados en Perú y ese contexto también influyó en la obra de mi padre. Él era una persona muy preocupada por su trabajo. Ese libro es también un objeto. Lo había hecho él mismo, tenía su tapita de cartón, estaba escrito a máquina en papel translúcido. Tenía sus anotaciones, le había puesto mucho cariño. Mi padre les ponía cariño a las cosas. Cuando él murió, yo me quedé con ese cuaderno.
-¿Sabes cuánta gente vino a la inauguración?
-Vino muchísima gente. Nos hemos quedado sorprendidos. Se notaba el cariño y la admiración
hacia mi padre.





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