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Cultural

Testimonio desde la locura: “Esa visible oscuridad”, las memorias de William Styron sobre la depresión

En 1985, el celebrado escritor norteamericano William Styron sufrió un ataque de depresión. Producto de esa experiencia, escribió “Esa visible oscuridad”, una obra maestra, cuya lectura resulta ideal para estos tiempos.

William Styron. Imagen: Difusión.
William Styron. Imagen: Difusión.

El escritor norteamericano William Styron (1925-2006) es autor de novelas muy conocidas, mastodónticas, como su obra maestra Las confesiones de Nat Turner (1968). Esta novela, que suscitó polémica mediante su personaje Nat Turner, pastor protestante que en 1831 encabezó una insurrección signada por el derramamiento de sangre, acción que obedeció a una revelación divina, es también la muestra mayor de la cantera de la que Styron nutrió su poética. En esta línea, no dejemos de tener en cuenta otras novelas suyas también populares y saludadas por la crítica, a saber: Tendidos en la oscuridad (1958) y La decisión de Sophie (1979).

Esa visible oscuridad es tan relevante como sus obras de ficción. La escribió cuando ya había decidido no entregar más títulos a las editoriales, porque sabía que lo peor que le podía suceder era seguir publicando cuando ya no tenía nada que decir.

El estadounidense detalla el oscuro proceso de depresión que sufrió en 1985 en París, en donde se le iba a rendir homenaje por su trayectoria. No era la primera vez que se encontraba en esta ciudad, pero hasta esa ocasión las manifestaciones de la depresión habían permanecido reprimidas, en una suerte de estado vegetativo que eclosionaron en las horas menos indicadas. Styron no solo narra la irrupción de la depresión, estrategia que habría sido zafia y vulgar para una pluma de su talla, sino que, al igual que en su ficción, hizo uso de la reflexión. Antes de convertirse en libro, Esa visible oscuridad se publicó por entregas en la revista Vanity Fair cuatro años después. El discurso que emplea, que asociamos a la brevedad periodística, justifica la fuerza de la narración.

"Esa visible oscuridad". Imagen: Difusión.

La depresión es una enfermedad que aqueja a millones de personas en el mundo; sin embargo, su “aura” está asociada más al mundo del creador y del artista, también al del intelectual. Styron se sirve de esta asociación (que ya tendríamos que calificar de lugar común) para testimoniar de lo que sabe y buscar vasos comunicantes entre su destrucción interior con la de otros autores que figuran como faros en el imaginario de los lectores. Por eso, entendemos las menciones a Hemingway y Camus, de quienes edifica una tétrica y maravillosa especulación sobre las causas de su muerte. Styron reflexiona sobre la posibilidad del suicidio que corroe a la gran mayoría de los depresivos. No le interesó entregarnos la memoria total, menos la memoria mastodonte. Por ello, barajamos las sospechas razonables que justifican su “pequeñez”, quedándonos con esta: entregar un libro que no solo pueda ser leído por el lector entrenado, sino que su lectura sea útil para el depresivo y para todo aquel interesado en el tópico. Dicho hasta aquí, podría pensarse en que nos hallamos ante un libro de autoayuda, sí, pero uno al revés.

Cada línea, cada párrafo, no son conjuntos de palabras al aire. Su prosa exhibe un peso. Esta carga en la prosa y en el concepto rescatan este proyecto del frívolo Happy End. Hay, pues, un Happy End, pero a este se llega pasando previamente por el peaje del destrozo emocional y la exposición de la vergüenza (a saber, las líneas sobre las consecuencias físicas (sexuales) ante el consumo de antidepresivos).

Styron, para finalizar, cuenta de la existencia de un pequeño cuaderno de apuntes. Este cuadernito no calza con la memoria al vuelo, ni el diario selectivo, menos con el aforismo, ni hablar con el ensayo. La mención de la existencia de este cuaderno no es gratuita: es prácticamente la bitácora del día a día, en donde se registra desde la información más sesuda hasta la impresión más personal. Es decir, la vida tal cual, sin adorno alguno en el estilo, ajeno a la depuración del pensamiento. Nada más lejos de la inmortalidad que la existencia de ese cuaderno que, por lo general, son llevados por los escritores como garantía de inmortalidad. Styron no creía en esas cosas.

Durante muchos años, busqué Esa visible oscuridad. Memoria de la locura, publicado en 1990. Tiene varias ediciones en castellano. Lo he visto en Narrativa Mondadori, La otra orilla, Grijalbo (sellos editoriales hoy desaparecidos, aunque sí es posible conseguir la publicación, precisamente en esas ediciones, en librerías de viejo y plataformas de libros) y Capitán Swing (en esta edición es mi ejemplar). Ahí los datos.

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