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Cultural

¡A quemar los libros de Clorinda Matto de Turner!

La escritora cusqueña la pasó muy mal debido a sus convicciones, muchos de los temas que defendía, siguen vigentes.

Clorinda Matto de Turner. Foto: Mincul.
Clorinda Matto de Turner. Foto: Mincul.

Escribe: Eduardo González Viaña

Clorinda abrió la puerta de su casa en el Cusco y vio enfrente de ella a un clérigo. Como salido de una tumba, el hombre de rostro amarillento se acercó hasta ella, la escupió y le gritó tres veces “¡Maldita!”.

-¡Maldita! -repitió la turba que lo seguía.

A continuación, el hombre de hábito levantó una botella, se santiguó y comenzó a regar las paredes y las ventanas de la residencia, pero no era agua bendita. Era un líquido inflamable.

Hacía tiempo que Clorinda Matto de Turner (1852-1909) podía haberse salvado de la furia de los jerarcas de la Iglesia, pero insistía. Sus novelas y su denuncia permanente de los crímenes cometidos por los dueños de tierras y la inmoralidad de la Iglesia católica le habían ganado muchos odios. De nada valía en ese momento su ya reconocida fama internacional. Ahora, sus antiguas amigas la esquivaban y, días antes, había recibido una carta anónima que decía:

“Señora, vuestro nombre llevado ayer en alas de la fama al templo de la gloria, es hoy el objeto de la execración de todos y, particularmente, de las que pertenecemos a vuestro sexo. Salid del Cusco, señora, y no volváis a esta ciudad que tuvo la desgracia de daros el ser. No volváis, porque tendríamos el dolor de maldeciros. De hoy en adelante tenéis un lugar allá muy lejos…”.

No solamente las cusqueñas de velo y mantilla la maldijeron. También lo hizo el obispo de la ciudad quien, en misa del domingo proclamó excomulgada a la autora de Aves sin nido. A Clorinda Matto de Turner la echaron del Cusco. La excomulgaron. Le quemaron la casa y le destruyeron la imprenta. Y todo lo hicieron por ser una mujer emancipada en pleno siglo XIX, por reclamar la separación de la Iglesia y el Estado, por denunciar los crímenes de los gamonales, y por ser novelista, periodista, pensadora, lo que en siglos posteriores algunos llamarían “terrorista”.

Más osada no podía ser. Su novela Aves sin nido denuncia la bestial explotación del indígena y señala el pecado de la Iglesia católica y de sus sacerdotes con la revelación de hechos en los que la ficción cede paso a una realidad implacable.

Peor todavía, en sus múltiples artículos, la cusqueña reclamaba el fin del celibato y denunciaba la vida pecaminosa de algunos sacerdotes hipócritas.

Clorinda es, además, la primera periodista profesional de la historia peruana. Fundó diarios y revistas en Cusco, Arequipa y Lima. Manuel González Prada la acogería con admiración y asombro y la proclamaría una mujer de verdad libre.

Apologético en favor de Clorinda Matto de Turner, de Sinco Editores, es el libro que Julio Gutiérrez Samanez ha publicado. Intelectual y artista cusqueño, ingeniero químico y ceramista, se atreve a levantar en alto, en estos tiempos, el recuerdo de su paisana.

Por suerte, el voluminoso libro de Gutiérrez Samanez no fue publicado en el tiempo de la escritora maldita. La pira lo hubiera esperado entonces. En nuestro tiempo, solamente el terruqueo.

Aves sin nido (1889), Índole (1891) y Herencia (1893) son las novelas de Clorinda y las causas de su excomunión.

“Nuestros indios, esclavos del cura, esclavos del gobernador, esclavos del cacique, esclavos de todos los que agarran la vara del mandón”, dijo alguna vez en una denuncia que muy raramente —y menos dicha por una mujer— se había escuchado hasta entonces.

El congresista Ricardo Rossel, en 1890, dijo en su cámara: “Vengo en fin a ejercer un derecho y a cumplir un deber, protestando enérgicamente contra los actos públicos instigados por las autoridades eclesiásticas i tolerados por las autoridades políticas del Cusco, contra el honor, la propiedad i la vida de la inteligente i distinguida escritora Clorinda Matto de Turner i su respetable familia”. ¡Cuánto extrañamos, en el Congreso de nuestro tiempo, gente de esa calidad!

Desterrada de todo lo que amaba, Clorinda Matto de Turner se embarcó para Buenos Aires en donde moriría algún tiempo después. Su proclama no murió. Sigue peleando por la emancipación de la mujer, aunque algunos atrasados de nuestro tiempo quisieran gritar “¡A quemar los libros de Clorinda!”.

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