
El 24 de marzo de 2001 se estrenó en salas comerciales españolas la quinta película del director Julio Medem, Lucía y el sexo. Para entonces, Medem ya era un cineasta consolidado en el escenario del cine español e internacional; películas como Vacas (1992), La ardilla roja (1993), Tierra (1996) y Los amantes del círculo polar (1998) le habían generado un rotundo éxito de crítica y una gran identificación con el público. Si una característica resaltaba de su poética visual, esta era la dinámica del azar en sus tramas. Su narrativa no se ajustaba en absoluto al orden racional.
El título de la película del 2001 refleja el sentido del argumento, pero al mismo tiempo es mucho más que eso. Medem nos presenta la historia de Lucía (Paz Vega), quien queda devastada cuando le informan que su novio Lorenzo (Tristán Ulloa) ha muerto en un accidente de tránsito. Ella decide no averiguar más y sencillamente se va del departamento que compartían. Su destino es Formentera, una apacible isla del Mediterráneo. Por otro lado, está la historia de Lorenzo. Él es un escritor que lleva varias temporadas en blanco y que revive su pasado con Elena (Najwa Nimri), una mujer que conoció en Formentera. Lorenzo se entera de que tuvo una hija con ella gracias a su agente literario, Pepe (Javier Cámara), justo cuando celebraba su cumpleaños junto a Lucía.
No son los únicos personajes; con Lucía y Lorenzo están Belén (Elena Anaya) y Carlos (Daniel Freire). Se trata de una dupla en la que, por separado, se explora el deseo por medio de la culpa y el dolor, y sobre la base de esa dinámica se canaliza la interacción entre los personajes. Todos ellos, y sin que haya ruido, están unidos bajo la narrativa de Medem. No hay en esa unión factores forzados. El erotismo, por ejemplo, no cae en lo grotesco, mucho menos en lo pornográfico. Sirve para explicar la naturaleza de los personajes, pero a la vez proyecta una dimensión universal propia de los seres humanos en relación con sus sentidos, y ese es un pequeño gran detalle que conectó con el público.
Una película como esta tiene escenas memorables. Varias de ellas están asociadas al factor erótico, como cuando Lucía le pregunta a Lorenzo si prefiere el “polvo salvaje con desconocida o polvo de amor con salvaje conocida”, o la escena en la que Lucía aborda a Lorenzo en un bar para declararle su amor. Lorenzo no lo puede creer y se van a una discoteca en donde bailan “En la Disneylandia del amor”, temón del grupo Fangoria.
Lucía y el sexo sigue siendo una película fresca por su tema central: la dimensión del deseo. Para Paz Vega significó el despegue internacional; aunque, después de este proyecto, el cine de Julio Medem no volvió a ser el mismo, debido al abuso, sin cable a tierra, de lo experimental. Está disponible en plataformas; vale la pena volver a verla o descubrirla.





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