El 98% de centros del Serums carece de condiciones básicas: serumistas se encuentran entre la vocación y el abandono estatal
El Serums iniciará de luto. A días de abrirse nuevas inscripciones para la evaluación 2026-I del programa nacional, los profesionales de la salud continúan denunciando el mismo escenario histórico: precariedad estructural, riesgos constantes y un sistema que los empuja a elegir entre su vocación y su seguridad.
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El camino hacia el centro de salud es angosto, solo se llega bordeando un abismo. No hay señal, no hay transporte público y, en caso de alguna emergencia, tampoco hay una salida segura. “Ese es el riesgo: accidentarte en el tramo. Las movilidades no van porque terminan malográndose”, relata Mariana, una psicóloga de 26 años que realiza su Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud (SERUMS) en una zona altoandina de Puno.
Al norte, en la Amazonía, Alfonso, médico oftalmólogo, describe una ruta aún más compleja: tiene que tomar la carretera desde Bagua hasta Nieva, cruzar el río desde Puerto Chapi y llegar a su localidad. “No hay carretera, se tiene que cruzar en peque peque”, comenta.
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Una opción obligatoria
El Serums fue creado bajo la consigna de ayudar a cerrar brechas de atención en las zonas más alejadas del país. En 2025, se adjudicaron más de 19.000 plazas. Aunque no es formalmente obligatorio, en la práctica se ha convertido en un requisito.“Tenemos que presentar la resolución si queremos postular a la residencia médica o trabajar en el Estado”, señala la doctora Rocío Orihuela, presidenta del Comité Médico Joven del Colegio Médico del Perú (CMP).
El sistema asigna puntajes a las plazas según su nivel de dificultad (acceso, lejanía, condiciones), lo que influye en el acceso posterior a especialidades. Puno (1.256) es, después de Lima (3.417), una de las regiones con mayor concentración de serumistas. “Cuanto más riesgo tengo de llegar a mi plaza, más oportunidades voy a tener para ingresar a la residencia. Es un mecanismo perverso”, afirma Orihuela.
Recientemente, el cuerpo de Héctor Herbert Apaza Cuentas, de 28 años, fue encontrado en relaves mineros, en las afueras de Ananea, provincia de San Antonio de Putina, en Puno. El médico realizaba su Serums en el Centro de Salud La Rinconada y había sido reportado como desaparecido días antes.
Ante ello, el CMP emitió un nuevo comunicado en el que reitera una preocupación histórica: la insuficiente implementación de medidas de protección para los médicos serumistas en zonas de alto riesgo. Exigió al Estado la eliminación de plazas en zonas que no brinden garántías para nuestros médicos.
“No es opcional”, sentenció el delegado nacional de médicos serumistas. Incluso hay amenazas. “La clásica es: no te voy a firmar tu resolución”, explicó.
Llegar, sobrevivir, atender
El primer reto es llegar. El segundo, mantenerse. El tercero, atender. “La movilidad institucional no existe”, comenta Mariana. La única moto de su establecimiento está inoperativa desde hace años. Lo irónico, según comenta, es que “en las supervisiones lo primero que preguntan es por la moto, pero no sirve. Para mandarla a arreglar es lo de siempre: burocracia”, añade.
Cuando hay emergencias, la situación se agrava: el personal debe caminar o esperar que los propios pobladores los trasladen. El chofer es un vecino de la zona al que tienden a acudir incluso en sus días libres. “Menos mal vive cerca, sino no habría quién lleve a los pacientes”.
Según el CMP, el 98% de los establecimientos del primer nivel donde laboran serumistas tiene capacidad instalada inadecuada, y un tercio carece de servicios básicos.
En Aymaña (Puno), Jennifer, enfermera de 27 años, trabaja en un centro que no puede atender ni siquiera patologías comunes, por lo que terminan deribando a los enfermos al hospital más cercano, a dos horas del lugar. “Si una bronquitis se complica, no podemos hacer nebulizaciones porque no hay material”, explica.
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Atender en incertidumbre
Los insumos son escasos y se agotan con rapidez, lo que obliga al personal a trabajar con lo mínimo. La reposición no siempre es oportuna, y muchas veces depende de gestiones que tardan días o semanas en concretarse. “Tendremos a las justas 10 catéteres. Si se acaban, tenemos que esperar”, señala. En emergencias, una sola ambulancia cubre toda la zona, y a veces ni siquiera hay conductor disponible.
En muchas comunidades, el idioma no solo es una barrera para comunicarse, sino que define gran parte de la relación con los servicios de salud y condiciona la confianza entre pacientes y profesionales. “Confían más cuando te comunicas en su idioma. Aquí, por ejemplo, mis pacientes hablan aymara. En mi caso, como psicóloga, ha sido un gran reto. En ocasiones frustrante”, explica Mariana. En la Amazonía, Alfonso aprendió awajún para poder comunicarse. En el caso de Jenifer fue el quechua.
Por otro lado, la educación sanitaria les juega en contra. “Hay casos en que la comunidad no acepta hospitalizaciones, quieren algo solo para el momento. Algunos llegan a fallecer por esto”, sentencia Alfonso.
En Puno, el escenario no es muy diferente. “No confían en las vacunas, piensan que se van a enfermar”, comentó Jennifer. Recuerda un caso de una familia que, tras la pérdida de uno de sus hijos, decidió no vacunar al otro: “Pensaron que este fue el motivo. Ahora el menor se encuentra desprotegido”.
“Un médico recién egresado no está en condiciones de resolver casos complejos sin equipamiento”, advierte Orihuela. “La teoría que aprendió se vuelve difícil de aplicar en un establecimiento que no tiene herramientas”, añadió.
Hostigamiento, presión y silencio
El entorno laboral tampoco es seguro. Los serumistas enfrentan hostigamiento, sobrecarga laboral y, muchas veces, amenazas. El delegado nacional confirma que este tipo de prácticas no es aislado, y se opta por callar para no poner en riesgo la certificación . “Las jefaturas abusan del hecho de que eres serumista. Vienes por primera vez a un centro de laborales y se sobrepasan los reglamentos por desconocimiento”, señala.
“Es en el caso de las profesionales donde se vive más el acoso laboral”, agrega. Se han reportado intentos de suicidio, abandono de plazas y crisis de salud mental. Datos del Colegio Médico indican que el 90% de serumistas presenta riesgo de ansiedad generalizada y más del 50% signos de burnout.
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“Es frustrante no poder brindar más apoyo”, lamentó Jennifer . Para Mariana, lo resaltante es la falta de consideración con la salud mental: “Es una especialidad muy abandonada aquí”.
A puertas de una nueva convocatoria, el SERUMS sigue siendo, para miles de jóvenes profesionales, el primer contacto con el sistema de salud. Un sistema que, según quienes trabajan en el territorio, aún no asegura condiciones mínimas para ejercer. Y en el que, como ellos mismos advierten, el riesgo no debería ser parte del camino para avanzar en una profesión que, demasiadas veces, se sostiene pese al abandono.
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