Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".

A llorar al río, por Jorge Bruce

En ese momento recordé algo que me enseñaron en mis cursos de psiquiatría, en alguno de los hospitales en donde hacíamos prácticas los estudiantes de psicología. Los casos limítrofes o los pertenecientes a la constelación de las psicosis podían tener dificultades de comprensión con las metáforas"

La frase que da título a esta nota suele ser utilizada por quienes son partidarios de torcer el Estado de derecho a favor de sus intereses. Se la dirigen a quienes, como el suscrito, seguimos pensando que la democracia es preferible al autoritarismo, a pesar de sus imperfecciones. "¡Vayan a llorar al río, rojetes!" es el estribillo repetido tanto por trolls en las redes sociales como por representantes políticos de las corrientes de extrema derecha. Como diciendo: ya está hecho, deja de quejarte porque no habrá marcha atrás.

En general, esta mentalidad desdeñosa de quienes defendemos el sistema democrático es escuchada como un agravio que echa más sal sobre la herida, a la par que consolida el abuso cometido, dándolo por hecho. En efecto, esta respuesta suele generar disgusto, irritación o incluso agresividad. ¿Pero qué pasa si nos detenemos a considerarlo con tranquilidad y detenimiento?

Permítanme darme una vuelta por el consultorio del psicoanalista, para intentar explicar lo que estoy intentando yo mismo descifrar. Alguna vez un joven paciente diagnosticado con una psicosis leve me hizo la siguiente pregunta: "¿Por qué mi mamá siempre me dice que no hay que llorar sobre la leche derramada?". Si no fuera un chico joven (casi un adolescente) con un diagnóstico como el suyo, le podría haber preguntado cómo entendía eso él. Pero había tal ansiedad en su rostro que me sentí inclinado a explicarle lo que su madre podía tener en mente.

Le dije entonces que, ante los hechos consumados, como mencioné antes, no tenía sentido quejarse y, más bien, había que encontrar la manera de seguir adelante. Pero advertí que, lejos de tranquilizarlo, esta explicación somera le causaba más desazón. Su cara era de mayor perplejidad y frustración. En ese momento recordé algo que me enseñaron en mis cursos de psiquiatría, en alguno de los hospitales —me parece que fue en el Dos de Mayo— en donde hacíamos prácticas los estudiantes de psicología. Los casos limítrofes o los pertenecientes a la constelación de las psicosis podían tener dificultades de comprensión con las metáforas.

Entonces varié mi estrategia y le dije: "Imagínate que tenemos aquí, en el consultorio, una jarra de leche. ¿Qué pasa si la leche cae al piso? ¿Podemos volver a ponerla en la jarra?" Los músculos de su cara se relajaron poco a poco. Me di cuenta de que estaba considerando lo que le había dicho y, esta vez, el que estaba ansioso por escuchar su siguiente intervención era yo. Lo que me dijo a continuación me dejó una gran lección.

"¡Ah, ya! Entonces lo que mi mamá quiso decirme es que si me botaron del trabajo —era un empleo precario como vendedor en un establecimiento comercial—, no sirve de nada lamentarme y tengo que ponerme a buscar otra chamba".

Extrapolemos esta breve viñeta clínica —que he alterado para preservar la identidad del paciente— a lo que mencionábamos al inicio de esta nota. La pregunta que me hago es la siguiente: ¿qué sucede si tomamos de manera literal la frase autoritaria de mandarnos a llorar al río? ¿Si en vez de insistir con lo evidente, es decir, que los representantes de las corrientes autocráticas y represivas pretenden seguir destruyendo la democracia, nos preguntamos si no hay una verdad en esa variante del refrán sobre la leche derramada? De ser cierto esto, ¿cuál podría ser esa verdad?

Tomemos el ejemplo de la candidatura, a todas luces tramposa, de López Aliaga a la alcaldía de Lima. Para mayor abundamiento, la congresista Norma Yarrow, del partido Renovación Popular, ha dicho con absoluto desparpajo que el JNE “se dejó sacar la vuelta”. Es interesante, dicho sea de paso, que una mujer recurra a una imagen cuyo uso común es para designar la infidelidad, para referirse a una institución que ha sido burlada por una triquiñuela (la palabra “trampa”, por lo demás, también se usa en ese contexto de la infidelidad).

Pese a toda esta evidencia de mañosería —sigamos en ese ámbito del paralelismo entre la política y las relaciones de pareja—, en la última encuesta de Ipsos el candidato Rafael López Aliaga va primero. Y la presidenta Keiko Fujimori, sin mover un dedo —por ejemplo, con el escandaloso caso del vía crucis que significa sacar un pasaporte—, tiene 60% de aprobación.

Adonde intento llegar es a preguntarnos si no hay en estas tendencias mundiales hacia el autoritarismo un mensaje claro para las fuerzas democráticas: nuestras condiciones de vida han empeorado; tenemos hambre, tenemos inseguridad, no tenemos atención de salud, etcétera. La explicación esgrimida de que todo esto es producto del Gobierno parlamentario de quien hoy preside los destinos del país no ha funcionado. Por el contrario: parece haber una decisión de una gran cantidad de peruanos desesperados de ponerse en manos de quien no se va a detener ante “obstáculos burocráticos” como la Constitución, para hacer lo que sea necesario.

Esta es una falacia, por supuesto. Basta ver la composición del gabinete para darse cuenta de que estamos muy lejos de tener un Gobierno de los más capaces. Salvo el ministro de Economía, todos los demás carecen de la idoneidad para sus cargos, así como para nombrar a los equipos que podrían enrumbar al Perú hacia una era de seguridad y atención a los más vulnerables. Lo mismo sucede con el representante de Renovación Popular. El incumplimiento de los contratos, ¿le preocupa a una población con un 75% de informalidad? No parece ser así. Ya que no podemos regresar la leche a su envase, busquemos otro camino para resolver el enigma que nos plantea la realidad.

Jorge Bruce

El factor humano

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".