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Casi 10 mil candidatos detrás de una curul: ¿Hay “plata como cancha” en el Estado?, por Gerardo Barraza

Las estadísticas muestran un aumento de candidatos, correlacionado con un crecimiento significativo en los ingresos del Gobierno Central, lo que incentiva la búsqueda de acceso a recursos públicos. El panorama del autor sugiere que muchos buscan "servirse" del Estado.

*El autor fue jefe editor de Economía de La República y exasesor de la Sunat.

¿No debería llamar la atención que el próximo domingo 12 de abril 10.293 candidatos disputen el sillón presidencial y 195 curules (incluidos los parlamentarios andinos)? ¿Cuál es la explicación para esta explosión de candidaturas de 36 agrupaciones políticas? ¿La calle “está dura” y muchos buscan “chamba” en los poderes Ejecutivo y Legislativo?

Intentaremos responder a estas interrogantes con un poco de estadística y mucho más sentido común.

Los números nos dicen que entre las elecciones generales del 2001 y las del 2026 hemos pasado de 1.508 a 10.293 candidatos. Es decir, casi siete veces más aspirantes a una representación pública.

¿Cuál es el atractivo de postular?

No hay duda de que, entre los que en realidad quieren “servir al país”, hay muchos que pretenden “servirse del Perú”. ¿Por qué? Las evidentes muestras de incremento patrimonial que han logrado muchos “padres y madres de la patria”, después de su paso por los poderes Ejecutivo y Legislativo, son elocuentes evidencias.

En el caso específico de un congresista, este no solo gana un sueldo de S/15.600. Aparte de su remuneración base, suma asignación por función congresal (S/11.000), gastos de representación mensual (S/2.800) y las gratificaciones de Fiestas Patrias y Navidad, equivalentes a una paga mensual por cada celebración. Es decir, unos S/29.400 al mes y en julio y diciembre S/45.000.

En este cálculo no consideramos la posibilidad de contratar allegados y menos la notoria práctica ilegal del “mocha sueldo”. Mención aparte, se debe añadir el vehículo oficial y el personal de seguridad para alimentar el ego congresal. Algo parecido sucede con los cargos en el Ejecutivo que reciben ingresos adicionales y prebendas de diverso tipo. ¿Motivos suficientes para postular?

Cuando en estos días se observa la cantidad de paneles, afiches y avisos luminosos inundando las calles y plazas, ya se sabe por qué. Para muchos es una inversión. Cuando reciba un polo, un tarro de leche o cualquier “regalito” de un candidato, dicha “generosidad” puede tener otras motivaciones. No hay lonche gratis.

Otro dato: si en el 2001 un congresista recibía en promedio mensual S/15.000, en este 2026 está cobrando, por lo menos, S/29.000 al mes. Casi el doble.

Comparado con el salario mínimo (S/1.130) que recibe un trabajador promedio en el país, los S/29.000 mínimo mensual que percibe un parlamentario equivalen a 25 veces más. Ahora ya sabe lo que puede ganar su candidato.

A más ingresos fiscales, más candidatos

Un dato importante: los ingresos del Gobierno Central han crecido de S/26.633 millones en 2001 a S/199.391 millones en 2025. Esto equivale a un incremento aproximado —en términos nominales— de ocho veces. Alrededor del 80% de este monto es lo recaudado por Sunat. Para 2026, esta cifra puede llegar a S/220.000 millones.

¿Es este un incentivo para la explosión de candidaturas? Sin duda, a estas alturas del partido, el control del Estado se vuelve más apetitoso. A decir del candidato presidencial de APP, “hay plata como cancha”.

No hay duda de que el progresivo aumento en la recaudación de la Sunat (como observamos en el cuadro adjunto) ha sido determinante en la solvencia fiscal. Sin este soporte, la política monetaria del BCR sería frágil. En estos tiempos, el gobierno no tiene necesidad de recurrir a la “maquinita” (además, está prohibido constitucionalmente).

Por la continuidad de la estabilidad macroeconómica, tiene sentido que la Sunat cuente también, como el BCR, con autonomía constitucional. Sería absurdo que la Sunat, que ha hecho bien su tarea, retroceda al manoseo de Servir, que hasta hoy no muestra un logro en el fortalecimiento del sector público.

Cuadro: A más ingresos fiscales, más candidatos

AñoCandidatosIngresos Gob. Central (millones S/)
20011.50826.633
20062.61151.154
20112.01085.595
20162.319103.459
20212.418160.179
202610.293199.391

Fuente: ONPE, Sunat

Las cifras presentadas podrían indicar que, a más ingresos del fisco, aumentan los candidatos “atraídos” por la “torta” estatal.

De hecho, hay una fuerte y positiva correlación empírica (r = 0,75) entre ingresos del Estado y el número de candidatos. Esto se visualiza mejor en el gráfico adjunto construido sobre el cuadro anterior.

Los datos oficiales presentados nos indican que el paulatino crecimiento de los ingresos del Gobierno Central está generando mayor disponibilidad de recursos públicos, mayor capacidad de asignación presupuestal entre todas las dependencias estatales (ministerios, gobiernos regionales, alcaldías) y, por lo tanto, un mayor valor esperado del acceso al poder. Por lo tanto, hay un aumento del atractivo para competir políticamente.

Si bien el factor económico puede explicar la tendencia creciente de ingresos fiscales vs. candidatos, tiene limitaciones para indicarnos por qué en el 2026 se ha producido la explosión de candidaturas (más de 10 mil).

Evolución entre número de candidatos versus ingresos del gobierno central

Evolución entre número de candidatos versus ingresos del gobierno central

Sistema electoral casi sin filtros

En este punto dejamos las consideraciones económicas e intentamos un análisis en el terreno político.

Definitivamente, el factor institucional es determinante. En los últimos años hemos asistido a un progresivo debilitamiento del sistema político. Hay cada vez menos institucionalización de los partidos, muchos de los cuales más parecen “empresas familiares” con un “dueño” (candidato presidencial), organizadas básicamente para participar en procesos electorales y esperar la “repartija” de puestos públicos.

De acuerdo con la reformada Ley de Organizaciones Políticas (Ley N.° 28094) y los reglamentos del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y el Registro de Organizaciones Políticas (ROP), no es difícil ni oneroso constituir un partido político en el Perú. La inscripción no es compleja (hay abogados especializados en la materia) y casi no hay filtros para integrarse.

El costo total de establecer la “estructura partidaria” oscila entre los S/500.000 y S/700.000. Esta “inversión”, casi siempre a cargo del presidente (“dueño”) del partido, después se verá recompensada con los “aportes” de los candidatos y el financiamiento público si superan la valla electoral (5% o mínimo de congresistas).

Por esta razón, constituir hoy un partido puede costar menos que construir una empresa mediana, pero el “dueño” de la “organización política” tiene la posibilidad de acceder al control del Estado y sus cuantiosos recursos fiscales. En esas condiciones, no debería sorprender que compitan 37 agrupaciones políticas y 35 candidatos presidenciales. Probablemente se trata de un récord mundial (Brasil 10 candidatos, Chile 7, Colombia 8).

No descartamos la posibilidad de financiamientos ilegales, como ya se ha vuelto moneda corriente en el Perú con la cantidad de denuncias “archivadas” por este motivo.

Senadores y parlamentarismo

Por otro lado, el retorno al bicameralismo ha incrementado significativamente la cantidad de curules en disputa y el atractivo para postular.

También el cambio en el balance de poder. Con el actual periodo legislativo se ha pasado del predominio del Ejecutivo al fortalecimiento del Congreso. Este se ha convertido en el centro del poder político. Casi todos los ministerios e instituciones públicas están en manos de afiliados o simpatizantes de los partidos del Congreso. Todas las instituciones públicas se han debilitado.

En síntesis, la explosión de candidaturas se explica por el crecimiento de los ingresos fiscales (“plata como cancha” para manejar), el debilitamiento de instituciones (es fácil constituir un partido y postular) y el gobierno desde el Congreso.

A modo de conclusión: a más ingresos fiscales con menos institucionalidad, más partidos, más candidatos, más fragmentación del voto, ganadores con pobre legitimidad, gobiernos débiles, más desconfianza ciudadana y otra vez… más candidatos.

Columnista invitado

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