La alianza electoral de los lideres del pacto corrupto

La invitación de Fujimori a López Aliaga confirmó la continuidad electoral de una alianza construida desde el control institucional

Durante los últimos años, el Perú ha visto consolidarse un entramado político que trasciende etiquetas ideológicas y actúa como una coalición de intereses orientada a capturar el Estado. Este pacto corrupto tiene en su núcleo a Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, cuyas organizaciones, Fuerza Popular y Renovación Popular, han conducido la articulación de mayorías parlamentarias enfocadas en el control institucional y el blindaje político.

Vale no perder de vista que a este eje se han integrado Perú Libre, Podemos Perú, Alianza para el Progreso y otros partidos que han actuado de manera funcional a esta dinámica. En conjunto, han configurado un espacio de poder que coincide en la distribución de cuota y el debilitamiento de contrapesos para lograr impunidad.

En este contexto, lo expresado por Keiko Fujimori a López Aliaga en el debate presidencial adquiere un significado mayor. Cuando Fujimori le plantea abiertamente un entendimiento que proyecta a ambos hacia la segunda vuelta, traslada al escenario electoral, sin desparpajo, la lógica de coordinación que ya opera en el Congreso.

Este gesto constituye un sinceramiento político. Expresa la voluntad de dar continuidad, bajo legitimidad electoral, a un esquema de poder previamente consolidado. Refuerza, además, la evidencia de que los actores del pacto comparten más que coyunturas, ya que comparten incentivos, métodos y, sobre todo, objetivos. Incluso frente a figuras que ocupan el lugar de adversarios en el discurso, como el liderazgo de Perú Libre, la práctica política ha mostrado coincidencias operativas y disposiciones de entendimiento cuando se trata de preservar intereses comunes, como ahora, el silencio ante las acciones de protección al prófugo líder.

Frente a este escenario, la ciudadanía peruana cuenta con su voto informado y coherente como principal herramienta. El próximo 12 de abril ofrece la posibilidad de redefinir el curso político del país mediante una decisión integral que abarque la presidencia, el Senado y la Cámara de Diputados. En un contexto de fragmentación de la oferta política, adquiere especial relevancia la consistencia del voto, como expresión de una voluntad clara de transformación institucional.

La ciudadanía tiene hoy la oportunidad de reordenar el sistema político desde las urnas, afirmando su autonomía frente a acuerdos que buscan proyectarse como inevitables. En esa decisión reside la posibilidad de renovar la política peruana al servicio del interés.