Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.
*Por Rebecca Lemos Igreja, Secretaria General de FLACSO
América Latina y el Caribe atraviesan un momento decisivo, y la discusión sobre el papel de la educación superior vuelve a imponerse. No se trata solo de debatir problemas ya conocidos —como financiamiento, reformas curriculares o nuevas tecnologías—, sino de enfrentar una pregunta más profunda: ¿para qué queremos sistemas de educación superior en nuestras sociedades? Formulada así, obliga a ampliar el foco hacia su papel en el conocimiento y el desarrollo de la región.
Durante décadas, las universidades latinoamericanas han sido espacios centrales de formación, producción de conocimiento y debate público. Hoy, ese papel se ve tensionado por el cuestionamiento de la autoridad científica y la transformación de los modos de producción del conocimiento.
En este contexto, resulta difícil sostener sistemas de educación superior sin su vínculo con el desarrollo científico y tecnológico. Pero el problema no se agota en el financiamiento. Es, sobre todo, una cuestión de orientación: ¿qué conocimiento se considera relevante?, ¿para quién se produce?, ¿en qué condiciones?
Las presiones para adaptar la formación a las demandas inmediatas del mercado son crecientes. Aunque necesarias, cuando dominan reducen la educación superior a una función de corto plazo, debilitando su papel en la formación de ciudadanía y de futuros. A ello se suma un cambio más profundo: la educación superior ya no es el único espacio de producción y validación del conocimiento. Plataformas digitales y actores tecnológicos disputan su legitimidad, obligando a redefinir su papel.
En Perú, estos desafíos adquieren una expresión particular. En los últimos años, el sistema universitario ha estado en el centro de un intenso debate público en torno a la calidad, la regulación y el futuro de la reforma universitaria. Al mismo tiempo, persisten brechas en investigación, financiamiento y articulación con el desarrollo nacional. En este contexto, la discusión sobre educación superior se vincula con la capacidad de producir conocimiento pertinente para los desafíos del país
¿Qué tipo de conocimiento se produce cuando la investigación depende de agendas externas o de financiamiento de corto plazo? ¿Es posible construir capacidades científicas sostenidas sin una apuesta pública decidida? ¿Estamos frente a una crisis de financiamiento o ante una redefinición —más silenciosa— de qué conocimiento se considera relevante? Estas preguntas estructuran hoy el debate regional.
Pensar la educación superior desde América Latina implica no solo responder a estas tensiones, sino también situarlas. El conocimiento forma parte de relaciones de poder y jerarquías globales. De allí la importancia de fortalecer capacidades propias y ampliar las referencias desde las cuales se produce y valida el saber.
En este punto, la articulación regional es estratégica. En una región con sistemas universitarios y científicos diversos, mayoritariamente públicos, se requieren espacios de encuentro y diálogo. En ese marco, FLACSO se presenta como un espacio abierto para articular redes de formación, investigación y cooperación, conectando universidades, sistemas científicos y Estados, y fortaleciendo una conversación regional sobre conocimiento y desarrollo.
Preguntarse para qué queremos educación superior es, en última instancia, preguntarse qué lugar le damos al conocimiento en nuestros proyectos de sociedad. En un escenario de transformaciones profundas, deja de ser una pregunta académica para convertirse en una definición política y estratégica.

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