
El principio de no intervención en los asuntos internos, tan importante para la defensa de nuestra soberanía, muchas veces es utilizado de forma política. Durante el proceso electoral del año 2021, el fujimorismo cuestionó el apoyo de Evo Morales a Pedro Castillo como una injerencia externa, por su lado, el castillismo cuestionó la visita de Leopoldo López en favor de Keiko Fujimori como un acto de injerencia externa. Lo irónico es que ninguno lo era. El apoyo de un extranjero no constituye per se un comportamiento contrario con nuestra soberanía. Ni Morales ni López eran funcionarios públicos. Incluso, el hecho que un presidente muestre su preferencia por un candidato en una elección de otro país, puede resultar políticamente incorrecto -sobre todo pensando en el futuro de la relación bilateral-, pero no necesariamente una violación al principio de no intervención.
También es frecuente que gobiernos cuestionados, por destruir la democracia o por violaciones a los DDHH, suelen utilizar la no intervención como herramienta para protegerse de la crítica internacional. En su momento, desde Nicolás Maduro hasta Dina Boluarte, levantaron las banderas de la no intervención.
Y es que la intervención no solo es sinónimo de una simple intromisión, sino se materializa cuando existe algún tipo de coacción que buscar ejercer presión condicionando la voluntad soberana. El 2006, Hugo Chávez, presidente de Venezuela, llegó a señalar que si Alan García era elegido presidente iba a retirar a su embajador y romper relaciones con el Perú. Eso claramente constituyó una intervención.
Otro ejemplo de intervención más reciente ha sido el apoyo que Donald Trump ha mostrado a Nasry Asfura en el reciente proceso electoral en Honduras. Trump amenazó con retirar toda ayuda financiera si es que Asfura no ganaba las elecciones. Y hace pocos días, el gobierno estadounidense ha sancionado a tres funcionarios chilenos que forman parte de un proyecto para instalar un cable submarino entre Chile y China. Resulta evidente que esta sanción no solo vulnera la soberanía de Chile, sino también es una advertencia a toda América Latina de lo que es capaz de hacer EE.UU. si afectan sus intereses.
A inicios del XXI creímos que los tiempos del intervencionismo estadounidense habían sido superados. El gobierno Barack Obama declaró muerta a la Doctrina Monroe. Lamentablemente, el “Corolario Trump” parece denotar una nueva etapa de intervencionismo en la región.

Las empresas transnacionales lideran la dinámica económica global, desplazando a los Estados en poder e influencia. Este cambio plantea interrogantes sobre su independencia.

"Su prioridad no estaba en defender la democracia o los derechos humanos en el país caribeño, sino en evitar que China acceda a un importante recurso energético"

"Una elección siempre genera diferencias que expresan cierta fractura, pero lo que estamos viendo en los últimos tiempos es cómo los extremos comienzan a ganar el espacio político que el centro comienza a dejar"

"Mientras la izquierda siga en el poder en México y Brasil, no se puede hablar de un giro a la derecha, más aún cuando es muy probable que en pocos años el péndulo latinoamericano traiga de regreso a gobiernos de izquierda en la región"

"Considerando el regreso de la Doctrina Monroe con el “Corolario Trump”, es claro que el “Escudo de las Américas” también puede ser utilizado como una coalición contra la influencia china en América Latina"