Profesor Principal y coordinador del Grupo de Investigación sobre Política Exterior Peruana de la PUCP. Doctor en Ciencia Política y...
Hasta hace poco tiempo, países como el Perú podían construir su relación con las grandes potencias con pocas restricciones. La globalización permitió expandir nuestros vínculos políticos y económicos a escala mundial. Firmar un Tratado de Libre Comercio con EE. UU. no impidió hacerlo también con China o la Unión Europea.
No obstante, ese mundo multipolar está desapareciendo, dando paso a una estructura de poder que se comienza a construir a partir de la competencia hegemónica entre China y EE. UU. Esta dinámica puede limitar la capacidad de acción de países como el nuestro.
Siempre pensé que un escenario así iba a ocurrir en unos años más. Todavía no existe el balance de poder necesario como para pensar en una competencia de carácter bipolar. Pero EE. UU. piensa distinto. Si hay algo que genera consenso en Washington, es la necesidad de hacer frente a la amenaza china. Es el momento de competir con China.
A nivel regional, esta competencia coloca a algunos países ante una disyuntiva. Que Donald Trump haya dicho en una entrevista que los países latinoamericanos deberán elegir entre ambas potencias mundiales es preocupante. Su recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional busca reducir la presencia china en América Latina. Ciertamente, México y los países centroamericanos no tienen margen de elección: EE. UU. es fundamental para sus intereses, pero ¿qué pasa con países como el Perú, que tiene importantes vínculos con China y EE. UU.?
Para suerte nuestra, parece que China entiende que todavía no está en condiciones de competir con EE. UU. Hacer de América Latina un territorio de disputa, conociendo la importancia que esta región tiene para la seguridad de EE. UU., no es una opción para China. Además, en comparación con otras regiones como el Sudeste Asiático, Asia Central o Medio Oriente, América Latina no es tan importante para la política exterior del gigante asiático.
En todo caso, el Perú no puede elegir entre China o EE. UU.; el costo sería muy alto. En tiempos tan complejos, la política exterior peruana debe construirse sobre la base de un equilibrio estratégico que atienda a nuestros intereses y respete nuestra soberanía. Por ejemplo, durante el último foro APEC realizado en el Perú en 2024 no solo se inauguró el puerto de Chancay con la presencia de Xi Jinping, también se firmó un acuerdo con EE. UU. para la construcción de un puerto espacial. Es difícil, muy complejo; vamos a recibir muchas presiones (y seguramente también amenazas), pero es el camino.

Profesor Principal y coordinador del Grupo de Investigación sobre Política Exterior Peruana de la PUCP. Doctor en Ciencia Política y Gobierno por la PUCP y Magíster en Relaciones Internacionales por la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia). Cuenta con estudios de postgrado en Seguridad Internacional por la Universidad de Delaware (Estados Unidos). Sus últimos libros han sido “Perú, Bolivia y Chile en el siglo XXI. Hacia un enfoque trinacional de política exterior” (2023) y "La guerra en Ucrania. Consideraciones políticas, económicas e históricas en un orden internacional en transición” (2024).