Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero...

La masacre de los choferes, por Mirko Lauer

Un crimen como el de Santa Anita hace pocos días no va a producir la vacancia de José Jerí, eso se sabe de antemano. Pero la suma de atentados impunes sí va a producir la derrota electoral de Keiko Fujimori.

La palabra que ha entrado a tallar es masacre. Ya no el asesinato ocasional, sino ahora el homicidio premeditado a un amplio número de víctimas indefensas. Los choferes del transporte público están desesperados, y las cifras son escarapelantes. Mientras tanto, sigue la danza de los nombres de bandas criminales en primera plana.

¿Qué están pensando los asesinos? Quizás solo que es un buen negocio, con un mínimo de consecuencias. Lo confirma la desproporción entre muchos asesinatos extorsivos y pocas capturas con cárcel. La PNP hace grandes esfuerzos, y publicita sus éxitos, pero al final no da la talla. Parece faltar método, liderazgo y una actitud más efectiva del Poder Judicial.

Quizás hay, además, un elemento de revancha criminal. Los asesinos llevados a prisión y las bandas disueltas quizás producen entre los que siguen libres una mayor disposición a matar, con la idea de desanimar a las fuerzas del orden. Las familias de delincuentes afectadas son una correa de transmisión de este sentimiento de venganza.

Un chofer entrevistado en TV lo dijo con desesperada claridad: “Una banda reemplaza a otra”, implicando que las capturas, trabajosas y riesgosas, pueden terminar siendo banales. Un juego de asesinos y policías donde al pulpo se le corta un tentáculo, para verlo renacer, igual de violento y acaso con más recursos.

Luego hay una dinámica interna de impunidad. La contratación del sicario, por lo general ubicado en el último eslabón de la cadena de criminales psicópatas, libera al negociante de la extorsión de peligros inmediatos y de algunas consecuencias legales, siempre y cuando el sicario no pase a chantajear a su contratante.

Un aliciente adicional al delito es la fuerte presencia en medios y redes de cúmulos de conductas ilegales de figuras en el poder, o cercanas a él. El efecto de la idea “todos lo hacen y no les pasa nada” es fuerte, sobre todo en individuos poco reflexivos. Hay, pues, una ósmosis pública de la impunidad, que el criminal no deja de percibir.

Lo que finalmente tumbó a Dina Boluarte no fue un atentado contra un chofer de transporte público, sino contra el grupo musical Aguamarina. Un crimen como el de Santa Anita hace pocos días no va a producir la vacancia de José Jerí, eso se sabe de antemano. Pero la suma de atentados impunes sí va a producir la derrota electoral de Keiko Fujimori.

Mirko Lauer

Observador

Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco X. Cero Facebook. Cero Instagram, cero TikTok. Poemario más reciente: Chifa de Lambayeque (Lima, Personaje Secundario, 2024). Próximo poemario será la quinta edición de Sobrevivir. Acaba de reeditar el poemario Los asesinos de la Última Hora (Lima, Cepo para Nutria, 2025).