
La juventud encarna la promesa de toda sociedad. Aspira a convertirse en profesionales realizados y ciudadanos comprometidos, pero muchos enfrentan este desafío en total soledad, sin el apoyo familiar y estatal. Este escenario se agrava por un contexto global marcado por la vertiginosa aceleración tecnológica, la erosión de los valores colectivos y el predominio de un pragmatismo que margina los ideales.
De acuerdo con el Observatorio de CEPLAN, se evidencia un progresivo deterioro de la confianza juvenil, alimentado por la decepción hacia un sistema que incumple sus promesas. Uno de los indicadores más críticos de esta crisis es el aumento de los denominados NiNis —jóvenes que ni estudian ni trabajan—, lo que representa un desafío económico y una grave pérdida de capital humano. A esto se suma el desempleo profesional, que genera frustración entre quienes, tras culminar estudios superiores, no logran insertarse en el mercado laboral ni acceder a estudios de posgrado. Muchos de estos jóvenes talentosos terminan migrando al extranjero y sin planes de regresar.
Hay historias concretas de jóvenes cuyas capacidades se pierden porque escasean las oportunidades formativas y laborales. Esto ocurre por la existencia de una educación sin calidad, un mercado laboral reducido y excluyente, sumado a un gobierno miope e indolente.
Frente a este panorama, es prioritario fortalecer los CETPRO e IST para desarrollar habilidades técnicas y digitales demandadas, e integrar a los jóvenes NiNis a la dinámica económica. Asimismo, establecer una reforma educativa que incluya un currículo innovador, centrado en el pensamiento crítico y las competencias del siglo XXI. Adicionalmente, se deben establecer programas de prácticas profesionales con bolsas de trabajo efectivas y un sistema de becas que premie el mérito y estimule la excelencia. Resulta crucial consolidar el liderazgo y la vocación emprendedora de los jóvenes, asegurando que sean protagonistas en la construcción de su propio futuro.

La "pandemia del cupo" afecta a todos, desde funcionarios corruptos hasta ciudadanos comunes, convirtiendo a los extorsionadores en un virus mortal presente en todos los sectores.

La falta de políticas preventivas deja a la población vulnerable ante posibles desastres naturales y el incremento del precio del combustible agrava la situación económica, generando descontento social.

"En Perú es imperativo que se establezcan estándares ambientales y sociales que garanticen beneficios tanto para la ciudadanía como para los ecosistemas"

“Es urgente corregir este despropósito. Por respeto a nuestro máximo símbolo, dejemos de mezclar nuestra mediocridad con el acto cívico que realizamos como ciudadanos”

Para salir de este círculo vicioso se requiere fortalecer las instituciones y construir consensos básicos.