Opinión

Los crímenes sin nombre de Saweto

Los cuatro defensores ambientales fueron asesinados en el 2014. El juicio contra los asesinos en la recta final.

EDITORIAL
EDITORIAL

Es la recta final del juicio oral contra los asesinos de cuatro líderes de la comunidad ashéninka que perdieron la vida a manos de delincuentes contratados por madereros ilegales vinculados a una organización criminal brasileña denominada ‘Comando Vermelho’.

Edwin Chota, Jorge Ríos, Leoncio Quintísima y Francisco Pinedo recibieron una muerte atroz cuando surcaban el río en busca de la justicia en el lado brasileño, porque en el lado peruano no la encontraban.

Habían acudido una y otra vez a la justicia y la autoridad nacionales para denunciar las amenazas de que eran víctimas por parte de los madereros ilegales y el peligro que se cernía sobre sus vidas, ya que eran objeto constante de ataques. Pidieron medidas de seguridad inútilmente. Fue entonces que decidieron buscar atención a sus requerimientos en Brasil, porque los madereros que ejercían estas ilegales presiones provenían de ese país.

De alguna manera, los asesinos contratados por dinero, 25.000 y 10.000 soles, respectivamente, e ingentes cantidades de cerveza, lograron emboscarlos en el bosque y les dieron una muerte horrible, salvaje. Sus restos fueron lanzados al río como alimento de los peces. Esta crónica de terror ha sido relatada por el testigo protegido que ha hecho un recuento pormenorizado de los días previos, el acuerdo de los madereros con los sicarios y el trágico desenlace.

En la edición dominical de La República, Marcelino, el testigo protegido, estremece conciencias con sus declaraciones. Se trata de cuatro casos de un total de 34 líderes ambientales que han sido asesinados, sin que desde el Gobierno se haga algo en defensa de estas vidas o que desde el Congreso se apruebe la ratificación del Acuerdo de Escazú, que podría proteger a los líderes amazónicos de las bandas criminales que asolan el bosque.

El juicio oral está llegando a su fase final y los deudos de los defensores ambientales asesinados protagonizan plantones en el frontis del Palacio de Justicia, esperando que, nueve años después, las víctimas del horror descansen en paz.

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