Joseph Brodsky, estrella de la Navidad, por Mirko Lauer
"Al poeta ruso Joseph Brodsky le gustaba escribir un poema en la Navidad de cada año, y llegó a reunir unos 30. El que damos aquí, en versión del columnista, es el de 1987".

Al poeta ruso Joseph Brodsky le gustaba escribir un poema en la Navidad de cada año, y llegó a reunir unos 30. El que damos aquí, en versión del columnista, es el de 1987. No era, hasta donde sabemos, un hombre religioso, y más bien provenía de la tradición judía. Pero como poeta nunca pudo sustraerse al impacto de la grandiosa historia del Niño Salvador del Mundo, y sus versos eran maneras de unirse a un sentimiento de la gente.
En todos sus poemas sobre este tema es patente la influencia del anglocatólico T.S. Eliot, quien descubrió, por así decirlo, la enorme fuerza literaria del nacimiento en el pesebre. Su poema Viaje de los reyes magos, del que dimos un fragmento aquí en el 2019, es un clásico en el género.
La historia de la peregrinación, el alto en Belén, el nacimiento entre los animales del pesebre y la visita de los Reyes Magos es una de las más relatadas en todos los tiempos, y Brodsky la repite una y otra vez a lo largo del tiempo. Entiende que no hay nada que añadir allí, solo la vuelta a un mismo sentimiento ante la grandeza.
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En el frío de una temporada más habituada al calor,
A la horizontalidad más que a los montes,
Nació un niño en una cueva para salvar al mundo;
Soplaba como solo sopla en los desiertos, en contra.
Para Él todo era enorme: el pecho de su madre,
El vapor que soltaba la nariz del buey,
Gaspar, Melchor y Baltasar,
El equipo de magos, sus regalos
Amontonados junto a la puerta
Abierta de par en par.
Él no era sino un punto,
y otro punto era la estrella.
Aguda, sin parpadeo, cruzando nubes pálidas,
Dispersas sobre el niño del pesebre,
Desde muy lejos, desde la profundidad del universo,
La estrella observaba la cueva.
Y esa era la mirada del Padre.






