Hay que estar allí, por Mirko Lauer
"Ofrecer una copa puede ser la única manera de acercarse a un poder con protagonistas poco conocidos. Pero esa es una táctica trufada de peligros".

“Perrito de toda boda” y “Perejil de todo caldo” son dos dichos sinónimos que sirven para describir a quienes asisten a todo acto social que se les presenta. Como dejarse ver es uno de los cometidos de la política, y hacer contactos otros, donde circulan saludos y bocaditos, es donde encuentra uno más perritos o perejiles dedicados a un intenso networking.
Pero esa insistencia en acudir tiene algunas reglas, que son sobre todo las de la invitación política. Funcionarios con mala fama, elegidos o no, solo reciben esquelas para asistir cuando ello es indispensable. Si no lo fuera, las puertas del ágape están cerradas. Es una de las formas en que el anfitrión expresa lo que opina. Así, el congresista o funcionario tiene tiempo libre en otra parte.
Pero a veces las opiniones se confunden con las intenciones. Y el desagrado no impide la invitación. Ofrecer una copa puede ser la única manera de acercarse a un poder con protagonistas poco conocidos. Pero esa es una táctica trufada de peligros. El cotizado tigre de los salones de hoy puede volverse el prófugo de las primeras planas de mañana.
A las embajadas, por ejemplo, no les gustan los huéspedes famosos por haber golpeado a sus familiares en un pasado reciente o remoto, y un denso historial de acusaciones. Tampoco gustan los congresistas que presentan proyectos inaceptables y/o ridículos, que son la comidilla del circuito chismográfico. En verdad hay mucho menos motivos para invitar que para no hacerlo, que son cientos.
Para el político, de otra parte, asistir es correr el riesgo de meter la pata. Quienes ocupando cargo público hace poco fueron al día nacional de México, cuyo Gobierno sigue empecinado en maltratar al nuestro, muestran una avidez por recibir atenciones diplomáticas, aunque estas sean canapés geopolíticamente envenenados.
¿Hay entusiasmo de los políticos por hacerse presentes en eventos sociales? Sin duda alguna. Está lo de dejarse ver, y hay quienes piensan que en su caso personal acudir equivale a trabajar, o al menos permite dar esa impresión. Además, puede ser un punto a favor del colega que no ha sido invitado. Para muchos el circuito social y diplomático es un descubrimiento bastante reciente.







