Opinión

¿Qué han venido sintiendo los empresarios?, por Mirko Lauer

"El sentimiento del sector privado es por necesidad un entrevero de cálculos pragmáticos. Cuidar el negocio en el Perú durante tiempos de crisis política dura significa moverse entre sobrevivir y sucumbir".

El sentimiento del sector privado es por necesidad un entrevero de cálculos pragmáticos. Cuidar el negocio en el Perú durante tiempos de crisis política dura significa moverse entre sobrevivir y sucumbir. Esto puede producir algunas opiniones extrañas, no por incongruentes, sino por inesperadas.

Cuando los intentos de desalojar a Pedro Castillo iban fracasando uno tras otro, revelando una inopia de la oposición, fueron muchos, e importantes, los empresarios que se pronunciaron en privado por su permanencia. Una de las ideas en esto fue que el remedio podía terminar siendo peor que la enfermedad.

La otra idea era que con personas razonables en el MEF y un presidente limitado, y las izquierdas gobernantes dedicadas a pelearse, era posible capear la marea radical que se vislumbraba. Esto duró un tiempo, pero luego reveló sus limitaciones. El problema no era el leninismo o el senderismo residual, sino la corrupción en alza.

La llegada de Dina Boluarte fue bienvenida, a pesar del exceso en la mano dura (y en algunos casos por él), porque la presidenta ocasional fue vista como un antídoto a los excesos corruptivos en todo el sector público. A lo largo de estos cuatro meses el nuevo estado de ánimo se evidenció a través de unas cuantas cifras, sin mucho entusiasmo.

Sin duda las protestas de diciembre a marzo fueron claves para acercar a Boluarte a la derecha política y para hacerla incluso más aceptable para el sector privado. Es decir tolerable en sus propios términos, no únicamente como reemplazo de Castillo. Empezó a usarse en privado la idea de una vuelta a la normalidad.

Ahora estamos en una tercera etapa, donde las cosas están en flujo. La caída de Castillo ya ha sido descontada, pero ahora Boluarte debe responder por el acumulado de la crisis política. La cifra de confianza empresarial va bien, pero la de inversión privada y crecimiento del PBI no van como se esperaba. Ambos son mensajes empresariales.

¿Estas ideas empresariales impactan en la política? Quizás no de manera directa. Pero las mediciones de la voluntad empresarial y sus consecuencias sí impactan a los que están gobernando, o deberían hacerlo. Un personaje de la máxima importancia en estos pasados días ha sido el pollo a S/11+ en los mercados. De carne tan débil están hechas las buenas o malas gestiones.

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