Opinión

¿Víctimas hasta cuando?, por Mirko Lauer

"Mientras el problema de la seguridad ciudadana crece, se va trasvasando hacia personas de la Policía, lo cual se vuelve un asunto de delincuencia al cuadrado".

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¿Hay un crimen atroz capaz de colmar la paciencia de una sociedad entera y de poner en marcha una reacción decisiva? Por lo menos aquí todavía no nos hemos topado con él. Ni el acto criminal más dramático ni la acumulación de actos criminales han cambiado las cosas. Miramos las noticias y miramos las cifras con indignación, pero nada importante llega.

Quizás el caso más notorio de crímenes indetenibles es el de los asesinatos con armas automáticas en centros comerciales y de estudios de los EE.UU. Esta epidemia de asesinatos no ha podido modificar las leyes que permiten a cualquiera comprar una de esas armas en un mostrador. Allí la violencia es más popular que la compasión.

En el Perú hoy los crímenes violentos más frecuentes son o formas de locura, como el feminicidio en el hogar, o expresiones del delito organizado a todo nivel. Esto segundo va desde el ladronzuelo pistola en mano, con obvios deseos de apretar el gatillo, hasta bandas que despachan jóvenes psicópatas a derramar sangre en la vía pública.

Hubo un tiempo en que era posible suponer que presentar crímenes en los medios ayudaba a combatir su proliferación, creando conciencia ciudadana, presionando a las autoridades, poniendo en evidencia a los delincuentes, dibujando una imagen de lo socialmente inaceptable. Por esa vía los actos de los hampones se han sumado a la esfera del espectáculo.

El fin de la paciencia de las víctimas de la violencia criminal en un país se llama la derecha autoritaria y eficientista. Eso en América Latina hoy se llama Nayib Bukele, presidente de El Salvador. Una encuesta Gallup sobre políticos en la región le da 92% de aprobación. En un sondeo local 70% de los salvadoreños están a favor de su reelección.

¿Cuál es el secreto de su popularidad? Con 65.000 hampones presos (1% de la población), este 10 de mayo su Gobierno se jactó de un año completo sin homicidios en el país. Obviamente, en el balance entre los derechos ciudadanos de los delincuentes y las vidas de las víctimas, está primando de lejos lo segundo.

Mientras el problema de la seguridad ciudadana crece, se va trasvasando hacia personas de la Policía, lo cual se vuelve un asunto de delincuencia al cuadrado.

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