Stephen King, ¿premio Nobel?, por Mirko Lauer
"¿Por qué King? ¿Por su éxito? ¿Por su eficacia? Lástima que el premio no sea póstumo, pues John le Carré hubiera sido un serio competidor".

Sergio del Molino, el comentarista de El País, propone darle el Premio Nobel al autor de best sellers Stephen King, en mérito a su civismo como personalidad. Pero eso sería al premiar a un destacado exponente de lo que algunos prejuiciosos llaman subliteratura: sencilla, comercial, adicta al gusto de la mayoría. Causaría un escándalo literario, si todavía existe algo así.
Lo más parecido a la propuesta de King fue el premio Nobel a Bob Dylan en el 2016. Casi no hay escritor tan famoso como el autor de la canción “Like a Rolling Stone”, pero hubo críticos que no lo consideraron a la altura. El furor pasó, y a estas alturas pocos recuerdan que Dylan fue premiado. ¿Pasaría algo parecido con King y sus 350 millones de libros vendidos?
Desde hace años la Academia Sueca hace grandes esfuerzos por mantener su vigencia y a la vez la originalidad de sus criterios. Aunque hay excepciones, le desagrada premiar el éxito, y es feliz revelándole al mundo excelencias virtualmente desconocidas, como la poeta polaca Wistawa Szymborska, premiada en 1996, o el poeta sueco Tomás Transtromer en el 2011.
Cada premio realmente original o insólito que la Academia Sueca concede derriba alguna barrera cultural, real o aparente. Lo que el premio a Dylan planteó, para glosar un título del narrador francés Michel Houellebecq (otro rumoreado para el Nobel) fue una ampliación del campo de la literatura. Algunos literatos protestaron, pero pocos músicos salieron al frente.
Los escritores valiosos y poco conocidos que reciben el premio suelen permanecer así, valiosos y un poco menos desconocidos. No todos los que viajan a Estocolmo son catapultados a una verdadera fama mundial, pero sí a una notoriedad suficiente como para relanzar su carrera hacia espacios culturales distintos de los originarios.
Hay años en que la Academia Sueca se fija en escritores que ya habían triunfado, como en el caso de Gabriel García Márquez, 1982, o Mario Vargas Llosa, 2010, y ese sería de lejos el caso de King. En cambio, la fama poética siempre necesita ser reforzada por un premio importante. Son muchos los grandes poetas premiados e insuficientemente conocidos.
Finalmente, ¿por qué King? ¿Por su éxito? ¿Por su eficacia? Lástima que el premio no sea póstumo, pues John le Carré hubiera sido un serio competidor.









