Opinión

¿La corrupción quita votos?

"Pero quizás lo más importante es que con casi todos los políticos y/o partidos prominentes metidos en la olla de la corrupción, ser investigado o acusado no es un elemento diferenciador en una elección".

¿Cómo afectan las perspectivas electorales de Keiko Fujimori la reactivación del caso Joaquín Ramírez? Tiene mucho que ver con cuánto ha evolucionado en estos años el sentimiento frente a la corrupción. Por largos años el público ha sido electoralmente indiferente a este tema. Las cifras de Pedro Castillo muestran que poco ha cambiado.

El caso de la candidata Fujimori es sintomático de esa indiferencia. A pesar de las densas acusaciones de corrupción, ella ha estado ya tres veces a punto de ganar la presidencia, y Fuerza Popular le sigue dando vueltas a un cuarto lanzamiento familiar. Pareciera, entonces, que practicar la política al unísono del delito no es el tema.

Si la anterior conclusión es cierta, ¿cómo se ha llegado a ella? Una posibilidad es que como los juicios a políticos prominentes son tan largos (nueve años en este caso), estos llegan a parecer inocentes. Además los juicios suelen poner en manos de los acusados valiosas cantidades de publicidad, no toda negativa.

Pero quizás lo más importante es que con casi todos los políticos y/o partidos prominentes metidos en la olla de la corrupción, ser investigado o acusado no es un elemento diferenciador en una elección. Por eso se han puesto de moda las inhabilitaciones, más eficaces para impedir que los políticos deshonestos lleguen a los cargos.

Consideraciones como las de los párrafos anteriores ayudan a comprender nuestro récord de expresidentes presos. Pues si hay algo llamable una impunidad electoral, es inevitable que el sentimiento se extienda a otras actividades. Así, la famosa arca abierta del refrán en que el justo peca es nada menos que la opinión real del público, no la declarada.

Es interesante advertir que en la polémica en torno de las culpas o inocencias de Castillo, a sus seguidores les importa mucho establecer que no ha sido golpista, pero no parecen tener mayor interés en defenderlo frente a los obvios indicios de corrupción. Como si una de las inocencias automáticamente pudiera abrirle la puerta a la otra.

Hemos llegado al punto en que la denuncia de delitos es vista exclusiva y arbitrariamente como dardos que sus enemigos le lanzan a un político. Puede haber algo de esto, pero con la abundancia de pruebas, indicios, síntomas, flagrancias o incongruencias, algo tienen que estar cometiendo muchos miembros del gremio político.

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