Opinión

Ya solo queda adelantar la elección, por Augusto Álvarez Rodrich

Frente al desbande y esta anomia que destruye al país.

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La protesta político-social en marcha en varias zonas que ayer se desplazó a Lima, está erosionando la estabilidad de la presidenta Dina Boluarte, y plantea la pregunta de si ella podrá resistir hasta que se realice la elección ya adelantada para abril 2024, aunque lo más probable es que, con ella o con alguien más en palacio, la fecha deba adelantarse aún más con el fin de contrarrestar la olla de presión social.

Es una presión social muy diversa en su origen, composición, intención y motivación. Un grupo relevante es, sin duda, el conformado por sectores de atraso económico defraudados por antiguas promesas y pactos incumplidos tanto por el gobierno central como, principalmente, por las autoridades regionales que, en su mayoría, se han movido entre la ineptitud para aplicar los presupuestos asignados y la habilidad para robarse los recursos públicos.

Una situación que se complicó luego del retroceso económico experimentado en el crecimiento y la calidad de vida desde 2016 por la turbulencia política que empezó ese año, a lo que se sumó el estrago de la pandemia, y que se agravó más por el desastroso año y medio de la presidencia del golpista de Sarratea.

La explosión social que está ocurriendo en estos días puede ser entendida como la factura que esos sectores tan necesitados le están pasando al país por tanto olvido durante tanto tiempo.

Pero no se puede dejar de lado la acción en marcha en muchas partes con intentos de capturar aeropuertos o de asfixiar la viabilidad económica del país mediante ataques a operaciones empresariales, y que ayer llegó a la capital mediante un incendio de proporciones en las inmediaciones de la plaza San Martín de obvio tufo terrorista.

No es claro que todo eso se podría detener con la salida de la presidencia de Boluarte, lo cual ha sido planteado por los promotores de la protesta, algunos de los cuales —con nexos evidentes con el Movadef senderista— ya negocian en estos momentos en el Congreso los pactos para cocinar su reemplazo, buscando imponer proyectos como el de una asamblea constituyente con la pata de cabra del incendio y la muerte.

Por ello, el menos malo de los escenarios es acelerar lo más posible el adelanto electoral. Ya no queda otra frente a la anomia que destruye al país.

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