Estado de emergencia: la violencia invisible

Más de 1.500 mujeres y niños han llamado a la Línea 100 pidiendo auxilio durante la cuarentena. La Defensoría del Pueblo cree que los casos de violencia doméstica han aumentado en este período, pero que muchos no se denuncian porque las víctimas viven bajo la vigilancia del agresor.

El estrés provocado por el encierro y la falta de dinero están detonando episodios de violencia en los hogares. Foto: Internet.
El estrés provocado por el encierro y la falta de dinero están detonando episodios de violencia en los hogares. Foto: Internet.
Óscar Miranda

En el tedio de estas tardes, el bullicio del horario estelar o el vacío de las madrugadas, es probable que una mujer peruana llore en silencio.

El aislamiento social forzado por el coronavirus ha obligado a las mujeres víctimas de violencia doméstica a convivir con sus maltratadores y eso, a decir de las autoridades, las ha puesto en una situación de riesgo sin precedentes.

Nancy Tolentino, directora del Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual - Aurora, dice que desde el 16 de marzo, cuando empezó el confinamiento obligatorio, hasta el martes 21 de abril, la Línea 100 del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) había recibido 15 mil 738 llamadas.

De ese número, mil 574 fueron llamadas de auxilio hechas por mujeres y, en menor medida, niños, niñas y adolescentes, que obligaron a los equipos del Programa Aurora a dirigirse a los domicilios y poner en práctica medidas de protección.

–Fueron llamadas por un hecho de violencia que ya significaba un riesgo moderado o severo de la víctima– cuenta la funcionaria.

En algunos casos, se retiró al agresor de la vivienda. En otros, quienes salieron fueron la mujer y los hijos. Hasta el martes, 27 mujeres y 27 niños habían tenido que ser alojados en hogares de refugio.

Mil quinientas llamadas de auxilio pueden parecer muchas. Más de 15 mil llamadas en total, también. Pero, de acuerdo con lo que piensa la Defensoría del Pueblo, son cifras que reflejan solo una parte de lo que se está viviendo hoy en muchos hogares del país durante la cuarentena.

Hay muchas mujeres peruanas golpeadas, insultadas, a las que nadie escucha, que están llorando en silencio.

Cuestión de cifras

En enero de este año, la Línea 100 recibió 12 mil 893 llamadas. En febrero, 13 mil 753; y en marzo –que tuvo una segunda quincena de confinamiento obligatorio–, 14 mil 49. La directora del Programa Aurora reconoce que en este lapso de tiempo ha habido un incremento, pero no cree que se haya debido necesariamente a que aumentaron los episodios de violencia.

–Muchas llamadas son consultas de mujeres sobre situaciones que están viviendo, donde quizás no hay violencia física pero sí hay peleas permanentes, y la mujer llama para hacer preguntas, pero no es que quiera poner una denuncia– dice.

Eliana Revollar, adjunta para la Mujer de la Defensoría del Pueblo, coincide en parte con esta interpretación: es verdad que más mujeres están llamando para hacer consultas, pero lo hacen porque las situaciones de violencia están ocurriendo.

Además, indica, el estado de emergencia les está dificultando acudir a las comisarías o los Centros de Emergencias Mujer (CEM) para hacer sus denuncias.

–Por eso una de las propuestas que hemos hecho es que se les permita desplazarse para hacer las denuncias– dice. –Ahora una mujer puede salir a la farmacia o a hacer las compras de víveres, pero si dice que va a ir a la comisaría a denunciar una agresión de su pareja, [los agentes del orden] le dicen “no, señora, vaya a su casa, llame a la Línea 100”.

Revollar dice que cuando el gobierno declaró el estado de emergencia, su institución analizó lo que podría ocurrir en las siguientes semanas, con las familias confinadas durante tanto tiempo, y calculó que, probablemente, las denuncias disminuirían, pero los casos de violencia aumentarían.

–El hecho de que haya 15 mil denuncias en un país en el que, según el INEI, siete de cada diez mujeres han sido víctimas de violencia, lo que hace evidente es que hay casos que están siendo silenciados– dice. –Las mujeres están aguantando calladas las agresiones de sus parejas.

No solo está ocurriendo en hogares con antecedentes de violencia. La funcionaria cree que en relaciones que no tenían conflictos se están suscitando episodios de agresión debido al estrés provocado por el encierro y por otros problemas derivados, como la falta de dinero.

–Es posible [que las mujeres no puedan denunciar porque su victimario no se los permite]. Una de las condiciones para que un agresor haga vivir a una mujer en un ciclo de violencia permanente es tener el control personal y social de ella. No la deja comunicarse con su familia ni con sus amigos, revisa sus celulares, está pendiente de lo que hace.

Lo que se está haciendo

En Canarias, España, las mujeres que sufren de violencia machista pueden pedir ayuda llamando a una farmacia y solicitando que les vendan una “Mascarilla 19”. En Francia pueden hacer lo mismo. En Argentina, la palabra clave para llamar a la farmacia es “Barbijo rojo”. De esta manera, estos países están tratando de ayudar a las víctimas que no pueden hablar abiertamente de lo que padecen.

La defensora adjunta para la Mujer dice que usar esta estratagema es una posibilidad que podría evaluarse, pero que el desafío en Perú es asegurar que la persona que recibe el pedido de auxilio tenga empatía y solidaridad para canalizarlo.

Nancy Tolentino, la directora del Programa Aurora, no la descarta de plano, pero señala que el énfasis del MIMP es la prevención.

En principio, cuenta, han ampliado el horario de atención de la Línea 100 y del Chat 100: ahora es 24/7. Además, han puesto en marcha un servicio de acompañamiento psicológico tanto para mujeres como para varones, el que, hasta el martes último, había atendido a más de 400 personas durante la cuarentena.

Una de las medidas más interesantes es que en las líneas de atención se pueden encontrar terapeutas pertenecientes al programa Hombres por la Igualdad, quienes se encargan de escuchar a otros varones que llaman contando que están en medio de una discusión y que tienen ganas de agredir a sus parejas, y les dan herramientas para controlar sus emociones.

Eliana Revollar destaca estas disposiciones, pero afirma que las situaciones que se están dando en medio del estrés del confinamiento obligan a adoptar nuevos caminos.

El lunes 20, atendiendo recomendaciones de la Defensoría del Pueblo, la Comisión Multisectorial de Alto Nivel que hace seguimiento a la erradicación de la violencia contra la mujer revisó una propuesta de decreto legislativo que contempla una serie de medidas que faciliten el auxilio de las víctimas.

Una de ellas es, precisamente, permitir que las mujeres puedan salir a la calle para denunciar situaciones de abuso en los CEM y las comisarías.

Otra, muy importante, es disponer que toda situación de violencia doméstica sea considerada grave y, por tanto, sea atendida de inmediato por los operadores policiales, fiscales y judiciales. Este proyecto de decreto debería ser revisado y aprobado por el Consejo de Ministros en la sesión de la próxima semana.

–Muchas mujeres están siendo agredidas, están siendo violentadas sexualmente, y no hay denuncia– dice. –Si revisamos la cantidad de casos que había en condiciones normales y los que hay en cuarentena, la cifra decrece, pero el tema no es que ahora las están respetando. El tema es que no denuncian. Hay una violencia silenciada.

Cifras

150 violaciones sexuales registró el MIMP durante la cuarentena, 94 a menores de edad.

9 feminicidios se habían registrado hasta el último martes en el país durante este período.