Hijo del mar
Fue record nacional en las competencias Covitel y un recordado remero nacional. Evert Ampuero partió en enero. Su familia y sus amigos lo despidieron en el mar de La Punta.

Le decían Everest, como a la montaña de 8,800 metros que reina en la cordillera del Himalaya. Recio y silencioso. Ágil y reflexivo. Evert Ampuero Albarracín, el hombre que ha ganado más veces las regatas Cotivel en nuestro país (record nacional con 10 victorias), esa mezcla de fuerza y velocidad en la que se miden los remeros nacionales, partió en enero, pero la historia de su vida deportiva aún se está escribiendo.
Su gusto por el deporte de los timoneles nació en 1979 y continuó hasta 1989, de manera ininterrumpida, en el Club Regatas Lima. “Él se perdía luego del colegio y era porque estaba practicando remo. Luego a mí me gustó y Evert me enseñó. Él fue un ganador al cien por ciento, el número uno. Ahora me sacó ventaja, pero después lo voy a alcanzar”, comenta Gustavo Hidalgo, excompañero de su promoción del Colegio San Antonio del Callao.
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“Lo recordamos tomando sol, remando. Él, de por sí, era muy tranquilo, muy reflexivo y filósofo, siempre nos decía frases que tenemos muy presentes. También era divertido, con un humor distinto. Una persona muy especial y un muy buen padre”, cuenta Alessandra, su hija mayor.
En 1989, Ampuero tomó una decisión importante. Consciente de que necesitaba un cambio en su vida, ante la crisis que se vivía en el primer gobierno de Alan García, quiso que una competencia internacional en Chile fuera la última de su carrera como deportista. Luego probaría suerte lejos del mar y lejos de los suyos.
Se quedó en Chile, donde empezó desde cero en el rubro de la construcción. Allí formó una familia.
El año 2000 buscó otras alternativas y encontró en la enseñanza de la arquitectura su nuevo sustento económico y una manera de dejar un legado en los más jóvenes.
“Yo siento que allá descubrió esa vocación de formar a otros para trascender, que de repente es una forma de trascendencia más importante y profunda que la que un deportista de competencia pueda lograr. El legado más valioso es a través de la vida de otras personas”, afirma su hermano, Javier Ampuero.
La despedida
El centro de su vida eran sus hijas Alessandra, Antonella y Fabiana. Ellas ahora lo recuerdan como un padre ejemplar y muy carismático.
“Luego de su partida, yo hablé con sus hijas y me decían que él las estaba preparando para cualquier situación que se podía presentar con nuestra mamá, ya que se encuentra delicada de salud, pero ellas me dicen que en realidad mi hermano las estaba preparando para su propia ausencia. Nadie esperaba que sucediera algo así”, cuenta Javier.
El último deseo de Evert Ampuero fue que sus cenizas fueran esparcidas en el mar de Grau.
Su petición fue cumplida por su círculo más cercano, que se reunió el pasado 29 de febrero, en las instalaciones del Club Regatas Lima de La Punta, para rendirle un emotivo homenaje póstumo. Allí, sus inseparables amigos del remo, junto a sus hijas y su padre, fueron los encargados de ingresar al océano y dejarlo en libertad.
Fue una despedida cargada de simbolismo. En un bote olímpico, cuatro veteranos remeros y su hija Antonella esparcieron poco a poco sus cenizas, frente al Club Regatas Lima, el Club Regatas Unión y el Club Universitario Regatas. Hubo, además, un asiento vacío, reservado para Evert. Su memoria navega ahora por el mar en el que entrenaba y que siempre amó.






























