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Código de vestido inca

Milenarios textiles peruanos se exhiben en el Museo Real de Arte e Historia de Bélgica. ¿Cómo se traslada una muestra de esas características a tierras europeas?


Juana Gallegos

Domingo, 9 de Diciembre del 2018

¡El Señor de Sipán estaba en España!

En alguna trastienda madrileña, un juego de reproducciones de joyas del antiguo rey lambayecano esperaba ser rescatado de la oscuridad.

Funcionarios de la embajada de Perú en Bélgica e investigadores del Museo Real de Arte e Historia de Bruselas (MRAH) lo venían rastreando desde hacía meses. El arqueólogo Walter Alba, quien en 1988 descubrió la tumba del poderoso gobernante moche, les confirmó por teléfono que un español tenía réplicas muy similares a los ornamentos milenarios que se exponen en el Museo de las Tumbas Reales de Chiclayo.

Orejeras, tocados, collares, protectores de nariz, pectorales, toda la indumentaria funeraria del Señor de Sipán estaba ahí pero no era de oro, claro, sino de fantasía.

Las piezas eran buscadas con apremio porque el director del museo belga, Serge Lemaitre, y el embajador peruano en aquel país, Gonzalo Gutiérrez, habían pactado hacía meses abrir una exposición de textiles, joyas y ornamentos de los primeros habitantes de estas tierras.

Y ahí estaban las reproducciones del ajuar del Señor de Sipán, recorriendo más de mil kilómetros por carretera, desde España hasta el museo más importante de Bélgica.

Además de aquellas piezas, otras valiosísimas como mantos, ceramios y artefactos de oro -estos sí originales- del milenario Perú eran trasladados desde otros museos como el Quai Branly de París, el MAS de Amberes y el Linden Museum de Stuttgart, Alemania.

Se reunieron más de 200 muestras, sobre todo de textiles precolombinos - algunos de ellos tienen nada menos que 2 mil años de antigüedad-, y desde el 23 de noviembre pasado, el público europeo puede verlos y saber cómo vestían y se adornaban nuestros ancestros a través de la exposición Inca Dress Code.

Perú regresa a Bélgica

Bajo las luces de la exhibición se lucen los naranjas intensos e indelebles de los mantos Paracas; miniaturas de tejidos incas hechas de lana de vicuña resaltan por su tramado de 160 hilos por centímetro cuadrado, un "récord" a nivel mundial; un poncho rojo con recuerdos blancos y negros tiene una historia interesante.

Según cuentan las crónicas del conquistador español Francisco Jerez, los guardias que protegían al inca Atahualpa -cuando se encontró con el conquistador Francisco Pizarro en Cajamarca- habrían vestido con túnicas de ese mismo patrón.

“Después de veintiocho años, el Museo Real de Bruselas vuelve a abrir una exposición dedicada al Perú –dice por el otro lado de la línea telefónica el embajador Gonzalo Gutiérrez–; la última se realizó en 1990 y llevó el título de Inca Perú”.

Los organizadores de este último montaje han puesto énfasis en los textiles peruanos con la finalidad de resaltar la importancia de las piezas milenarias producidas con algodón, lana de vicuña y alpaca, y plumas de aves.

En una breve reseña de la muestra se puede leer: “El arte textil, que precede a la elaboración de ceramios y a la maestría en los trabajos de metal, aparece en los andes el siglo VI antes de Cristo, y tiene innovaciones y avances en su técnica a lo largo de cientos de años”.

Esas piezas hechas al detalle, que hoy son vistas por el público europeo y algunos nacionales radicados en ese país, (se calculan que unos tres mil peruanos viven allá) fueron en su época símbolos de prosperidad de quienes las poseían, regalos que se hacían los diplomáticos, ofrendas religiosas y hasta trofeos de guerra.

La exhibición que se prolongará hasta el 24 de marzo del 2019 es una oportunidad para presumir de toda su magnificencia.

Y para mostrar cómo la tradición del tejido aún perdura entre los peruanos de hoy, han viajado hasta Bruselas las maestras tejedoras cuzqueñas Alina Cusihuamán Quispe y Urbana Turpo Ccori que se quedarán hasta fines de diciembre.

Como anécdota, cuenta el embajador Gutiérrez, que en la tienda del museo se ha multiplicado la venta de peluches de llamas y alpacas y de la historieta Las aventuras de Tintín en el Templo del Sol, que tiene a nuestro país como escenario.


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