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Guillermo Francella, el animal que llevamos dentro

Además de fino comediante, la estrella argentina ha demostrado ser un gran actor dramático, con recordados papeles en el cine. Su más reciente película, Animal, lo presenta como un tranquilo padre de familia que puede llegar a extremos para salvar su vida.


Raúl Mendoza

Domingo, 9 de Septiembre del 2018

Un hombre de familia se levanta por la mañana, camina al baño para cepillarse los dientes, pasa por los cuartos de sus hijos, baja al primer piso para tomar el desayuno. Después le da un beso a su esposa y sale, en buzo y zapatillas, a correr por el paseo marítimo de Mar del Plata. Es un tipo en sus sesentas, con una familia hermosa y un trabajo que le permite una vida acomodada.

Así empieza Animal, un thriller argentino dirigido por Armando Bo –ganador del Oscar por el guión de Birdman–, y con Guillermo Francella en el rol protagónico. Él es Antonio Decoud, gerente de un frigorífico de la ciudad-balneario, padre de tres hijos y esposo de una mujer más joven que él (Carla Peterson). "Me sentía indestructible", dice en off, en un momento de la película. Sin embargo, el mal acecha.

Antonio ve su vida y su rutina romperse cuando uno de sus riñones empieza a fallar y entra a una lista de espera. Es el número 265 en esa lista y a lo largo de dos años no se mueve de ese lugar. Vive sometiéndose a diálisis y ve que su salud se va deteriorando. Entonces, ese hombre que lleva una vida apacible, perfecta, enfrenta una situación extrema. ¿Por qué no puede comprar legalmente un riñón? ¿Hasta dónde puede llegar para salvarse?

En esa lucha encuentra a través de Internet a una persona que está dispuesta a cambiar un riñón por una casa. Y la contacta. Así entran en la historia de Animal el potencial y dudoso "vendedor" Elías (Federico Salles) y su novia embarazada Lucy (Mercedes de Santis). A partir de allí se desata un contrapunto entre ambas parejas. Los recién llegados pueden ser tan solo un par de buscavidas en busca de un lugar donde vivir, o quizá un par de locos peligrosos.

En ese pulseo, la angustia y la desesperación de Antonio van in crescendo. La vida se le escapa y el par de extraños parece no querer ya la casita modesta que Antonio (Francella) les promete, sino la que él ocupa. "Otro experimento ficcional interesante, en la línea de Cabo de miedo: confrontar a un burgués asustado con un lumpen fuera de control, a ver cuál de los dos resulta más peligroso", dice una reseña del film en Clarín.

Animal habla del miedo de las personas a la muerte, del animal que todos llevamos dentro, de la tenue línea que separa al hombre común de aquel capaz de llevar a cabo los actos más extremos con tal de sobrevivir. Y en la historia que cuenta la película, Francella vuelve a componer un personaje denso, creíble, atravesado por el miedo y la angustia y la desesperación de quien no se quiere morir.

"Antonio es un hombre que tiene algo puntual: siempre vivió bajo las reglas. Es un hombre muy estructurado, que nunca se ha salido de su eje, que no transgrede nada. Pero un problema de salud lo saca de su sitio", explica Francella sobre su personaje.

"Como desde El secreto de sus ojos a esta parte, Guillermo Francella vuelve a despegarse de sus mohínes de cómico y se calza con solvencia la máscara dramática para meterse en la piel de Antonio", destaca su actuación el diario argentino.

El actor luce cómodo en su papel del clasemediero acomodado que va descendiendo a los infiernos para emerger de ahí como un animal que, en algún momento, ni sus seres queridos reconocen.

Guillermo Francella vuelve a componer un personaje de aparente normalidad que se transforma en otro. La verosimilitud está de su lado. Hay toques de humor negro e ironía en su papel, pero ni sombra de la imagen de comediante que ha tenido. Con Animal ha vuelto a crear otro personaje recordable como lo fueron en su momento su Pablo Sandoval de El secreto de sus ojos, o su Arquímedes Puccio de El Clan. Su leyenda como actor de múltiples facetas sigue creciendo.

 

Todos sus rostros

 

Francella obtuvo el éxito en su país con la comedia. Ha sido un maestro en ello. Él explicó así el humor a la revista chilena Paula: "Tenés que tener un timing perfecto, como si fuera un pentagrama musical. El chiste no entra así nomás, es como una orquesta: hay que esperar la pausa, medir cada frase, esperar a que lo reciba el otro. Es cierto que existe el humor del tropiezo o la torta en la cara, pero la sutileza, el buen humor, es otra cosa. A mí me gusta más la comedia de sutilezas donde hay ingenio, y verosimilitud". Un capo.

Pocos lo saben pero su gran salto en el cine se dio con Rudo y Cursi, de la mano de tres enormes cineastas del momento: Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro. Para obtener el papel, Francella –que ya era un reconocido comediante– se sometió a un casting entre decenas de aspirantes, como cualquier actor que recién empieza.

El gran Guillermo del Toro alabó a Francella públicamente: “Es genial. Terrenal pero con un control brutal del timing de la actuación y todos sus recursos”. Francella reflexiona: “Tuve una repercusión gigantesca en México, con ellos diciendo lo que no han dicho de mí en ningún lado, y esto llegó a Argentina. Fue como el primer trampolín para un cambio en mi carrera. Y luego vino Campanella”.

Juan José Campanella lo dirigió en El secreto de sus ojos y allí, al lado de Ricardo Darín, Guillermo se metió en la piel de Pablo Sandoval, ayudante del fiscal que descubre el secuestro y reclusión de un asesino, en una prisión particular, construida por el esposo de la víctima. Ese papel significó la reinvención de Francella como actor dramático, porque después de ver la cinta nadie podía imaginarlo como el pícaro de Poné a Francella. La película ganó además el Óscar a mejor película extranjera el 2009.

"Hubo gente que me dijo que había visto la película y no me había reconocido. Yo sabía por intermedio de otras personas que a él (Campanella)le gustaba lo que yo hacía, pero no me llamaba porque había roles que no sabía si aceptaría, como ese. Quería ofrecérmelo pero tenía miedo de que yo dijera que no porque no era protagonista. Pero al final se dio, y fue fantástico, y me permitió después trabajar con todos los directorazos con los que trabajé: Daniel Burman, Pablo Trapero, Marcos Carnevale, Ana Katz", le dijo a la revista Paula.

Ese papel le abrió puertas, pero otro de sus roles es recordado quizá un poco más: el de Arquímedes Puccio, un exmilitar de los servicios de inteligencia argentinos, jefe de un clan familiar que secuestraba y asesinaba a sus víctimas después de cobrar un rescate. Guillermo Francella se transforma en un hombre maduro, de mirada fría y frases cortantes, hermético y peligroso. El cabello y las cejas canas, el celeste glacial de sus ojos, y una crueldad sin remordimientos bastaron para que su personaje tomara cuerpo y se convirtiera en uno de los villanos más escalofriantes del cine argentino.

"Lo que más me desafiaba era componer el papel. Es muy duro cuando no tenés ningún tipo de empatía con el personaje, cuando es alguien tan execrable. Fue agobiante, dos meses muy intensos, pero como actor fue un plus fuerte. Me gustaba un desafío diferente, verme en otro color. Cuando llegó la propuesta, pensé: “Es el personaje más oscuro que voy a componer". Lo hizo, y se ganó el aplauso unánime de la crítica y los espectadores.

Ahora está en las pantallas con Animal y su trabajo ha sido bien recibido nuevamente. Su nivel actoral es notable. Ha dicho que no sabe qué haría si estuviera en una situación límite como el personaje que ahora interpreta, pero sí que todos tenemos dobleces. En todo caso él tiene un animal interior actoral, que lo hace darle densidad a todos los papeles que ha compuesto.

"Con verosimilitud se puede transitar por el drama y la comedia", ha dicho. Ese quizá sea su secreto: ya sea que haga de pícaro o de psicópata, siempre le creemos.


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