Banco de datos genéticos

El ADN hablará por las víctimas

El Perú tendrá una base de datos genéticos para identificar a los desaparecidos de la guerra contra Sendero Luminoso. Con esto, el gobierno será custodio del ADN de las víctimas y de sus deudos. Así lograrán reunir a las familias con sus seres queridos.

Juana Gallegos

Domingo, 9 de Septiembre del 2018

Siempre hay un rasgo que los distingue. Un molar extraído en la juventud, por ejemplo, o unas costillas rotas producto de la caída de un caballo. Los huesos siempre hablan de cómo fue la vida -o la muerte- de la gente.

Eso lo sabe bien la antropóloga forense del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) Melissa Lund, quien tiene más de dieciocho años de experiencia leyendo huesos y las huellas que dejó el horror en ellos.

Desde que participó en la primera exhumación en Chuschi (Ayacucho, 2002), por sus manos han pasado infinidad de restos óseos de los desaparecidos durante la guerra contrasubversiva que asoló al país entre 1980 y el 2000.

Lund los ha exhumado de fosas comunes, los ha recuperado de quebradas inaccesibles y valiéndose de distintos métodos los ha identificado.

"Además del reconocimiento de algún defecto en la osamenta, previamente anunciada por los familiares, también se los identifica por la ropa que vestían cuando desaparecieron. La familia recuerda todo, hasta el color del hilo con el que zurcieron un pantalón", dice la forense.

La carnicería de Sendero Luminoso y el Ejército Peruano dejó un total de 20,329 desaparecidos, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y Sitios de Entierro (Renade).

El proceso de búsqueda es lento. Hasta la fecha, según los datos oficiales del Ministerio Público, se han exhumado y recuperado 3 mil restos humanos, y de estos solo 2 mil han sido identificados, el saldo permanece en cajas almacenadas en el Instituto de Medicina Legal esperando por un nombre.

Un enfoque humano

Para darle una cara más humana al proceso de búsqueda de los desaparecidos, el Estado, a través del Ministerio de Justicia, creó el 2017 la Dirección General de Búsqueda de Desaparecidos bajo el amparo de la Ley 30470.

Su directora, Mónica Barriga, menciona que hasta antes de esta ley, la persona que tenía un familiar desaparecido debía esperar a que el Ministerio Público abriera un proceso judicial, que de por sí es largo y costoso, para que pudiese vislumbrar alguna respuesta. Y no siempre el proceso acababa con la restitución de los restos.

"Ahora, los deudos que sospechan dónde podrían estar enterrados sus familiares se pueden acercar a las oficinas de la Dirección en Lima, Ayacucho y Huánuco. Nosotros no buscaremos a los culpables de las muertes, pero sí a los cuerpos de los desaparecidos", menciona Barriga.

Actualmente hay 5,700 casos de familias que saben dónde estarían enterrados sus parientes. Para ellos, la creación del banco de datos genéticos, que esta semana fue aprobado por decreto legislativo, es una herramienta eficaz para acelerar el proceso de identificación.

Las huellas del ADN

El banco es un archivo de información genética, tanto de los familiares de las personas desaparecidas como de los restos óseos recuperados durante el proceso de búsqueda.

A ambos grupos se les realizará el análisis de ADN, que quedará registrado en sus respectivos perfiles genéticos, que a su vez serán custodiados por el Ministerio de Justicia. Hay que explicar que el ADN es una especie de microchip que llevamos dentro y que tiene toda la información genética que nos hace únicos.

"Algunas secciones del ADN contienen códigos heredados de nuestros padres que son irrepetibles. Con esa información se podrá hacer el cruce de dos perfiles genéticos para comprobar el parentesco", explica Melissa Lund.

Barriga afirma, además, que la identificación mediante el análisis del ADN ayudará a resolver los "casos complejos".

La justicia usa ese término para referirse a los casos de desaparecidos que fueron enterrados en una fosa común, como el caso de la matanza en el cuartel Los Cabitos de Huamanga, donde los militares asesinaron a 136 personas, una de ellas fue el hijo de Angélica Mendoza, la ayacuchana que lo buscó durante 34 años y que murió el año pasado sin recuperar sus restos.

Si el banco hubiese existido antes, el ADN de mamá Angélica hubiera quedado registrado, perenne, hasta el día en que la ciencia identificara a su hijo.

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