Entrevista

Juan Manuel Robles: Los recuerdos que no nos pertenecen

Ni el futuro es ese lugar confortable que imaginábamos ni la memoria es una máquina fiable. No somos cazafantasmas (Seix Barral), el libro de cuentos con el que Juan Manuel Robles punza la burbuja digital en la que vivimos ensimismados.


Renzo Gómez

Lunes, 13 de Agosto del 2018

Bibliotecas amenazadas por ácaros mutantes, organizaciones que protegen el destino de futuros sátrapas traumatizándolos cuando bebés, paquetes premium para acceder a tus fotos en una fecha determinada. No somos cazafantasmas (Seix Barral), de Juan Manuel Robles, proyecciones sobre el futuro y la memoria.

Uno vuelve al pasado para no repetir los errores del presente y para entender lo que se es ahora, pero para qué imaginar el futuro. ¿Para horrorizarse?

Imaginar el futuro siempre es una forma de caricaturizar el presente. Hacer explícitas tus paranoias. No sé hasta qué punto la literatura sobre el pasado o la literatura sobre el futuro tenga este programa de no volver a repetir las cosas. Los escritores imaginamos situaciones extremas todo el tiempo.

Imaginan pero también están en la capacidad de pronosticar.

Lo que ha ocurrido siempre es que la humanidad hace lo que ha imaginado. La videoconferencia se prefiguró de múltiples maneras, y finalmente hace no mucho es una realidad, pero ya estaba en nuestra memoria antes de que exista. Los fantaseadores forman parte de quienes moldean un futuro posible.

¿Nos hemos vuelto más perezosos para recordar?

Sí, y nos vamos a volver más. El problema madre es pensar que recordar es agarrar algo y traerlo de vuelta. Y recordar, en realidad, es un ordenamiento, una intención consciente y humana de generar un discurso a partir de determinados materiales en la memoria.

Va a ser muy perverso pagar por nuestras fotos que excedan los cinco años de antigüedad en Facebook, como planteas en uno de tus cuentos.

Juego a esa idea normalizada, y eso puede provocar horror. Pero pagamos por muchas cosas, como Internet, porque entendemos que es una forma de estar conectados con el mundo. Si a ti no te da la gana de hacer la curaduría de tus propios recuerdos, si no te preocupa quedar a merced de una empresa, ¿por qué quien lo hace no va a cobrarte?

Pero pagar significa perder la autoría de tus propias fotos. No ser dueño de tus recuerdos.

Ya no somos dueños de nuestras fotos. No los únicos, en todo caso. Las fotos son tuyas, pero quien las ha procesado como una seña digital más poderosa es la corporación. Nosotros no pagamos por eso directamente. Pero armamos una base de datos con una serie de usos que no controlamos.

En un futuro ya no vamos a contar la vida en años sino en cientos de miles de fotos.

Esa idea me pareció interesante: a 20 mil fotos de distancia. Incluso iba a ser el título del libro. La foto es un flujo...

Que permite catalogar a una persona, como moderada o extrema, de acuerdo con la cantidad de fotos que comparte.

Eso existe. En alguna parte esa información de cada uno ya está registrándose.

¿Y eso va a inhibirnos o a generar lo opuesto?

Uno es hijo de su época. Si no tienes Facebook, automáticamente eres alguien sospechoso, en quien no se puede confiar. Cuando la pregunta debería ser inversa: ¿por qué la gente tiene Facebook?

¿Alguna vez te fuiste?

Salí durante un año para terminar mi novela (Nuevos juguetes de la guerra fría, 2015). Sufrí un síndrome de abstinencia muy fuerte, porque lo primero que haces al empezar el día es revisar tu Facebook y recibir tu primer like del día. El patrón predictivo de lo placentero que es similar a cuando ganas un juego.

¿La nostalgia como la entendemos desaparecerá?

Uno va a encontrar siempre añoranza por el tiempo donde se alojan aquellas cosas que te definen. Si en el Perú sentimos nostalgia por los ochenta, que fueron muy convulsionados, imagínate. Esas conexiones se van a generar, pero he imaginado que se van a dirigir. La nostalgia es una industria también. Como las marcas tradicionales que apelan a lo sentimental.

Pero en un mundo en el que es posible editarse y donde solo se persiguen las caras felices, ¿qué nos va a producir nostalgia si todo se guarda en un pico de alegría generalizada?

Hay una cuestión temporal. La nostalgia finalmente la generas en un momento determinado de la vida.

Hay quienes entienden la vida hasta que pueden valerse por sí mismos. ¿Tú la entiendes a partir de la memoria?

Veo el deterioro de mi memoria todos los días, como cualquier persona que ya pasó los 35 años. Le tengo miedo a la descalibración total de esta máquina. Cuando eso sucede, dejas de ser tú mismo.


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