Heroínas en la guerra de la Independencia

Dos casos. Las hermanas Toledo obstruyeron el paso de los realistas en el puente de Concepción, en Junín. El otro ejemplo de heroísmo es el de María Parado de Bellido, que prefirió morir fusilada que delatar a los compatriotas.

Dos casos. Las hermanas Toledo obstruyeron el paso de los realistas en el puente de Concepción, en Junín. El otro ejemplo de heroísmo es el de María Parado de Bellido, que prefirió morir fusilada que delatar a los compatriotas.

Historiador militar

Las balas y los improperios no las amilanaron y pudieron detener el avance de una fuerza militar enemiga sobre el cauce de un río en nuestra serranía. Casi un año después, en una plaza alto andina, un pelotón de fusilamiento apagaba otra vida, la que prefirió el silencio y la muerte para no delatar a los patriotas.

Ambos sucesos tuvieron como protagonistas a mujeres, quienes se convertirían en uno de los tantos ejemplos de peruanas que participaron activamente en favor de la Emancipación e Independencia del Perú, dentro de las conspiraciones y rebeliones que se desarrollaron para alcanzar tan anhelado objetivo. Basta recordar a Micaela Bastidas, esposa de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, quien murió junto a su esposo tras apoyar la rebelión, sufriendo previamente atroces martirios morales y físicos, en 1781.

Damas patriotas

Entre los numerosos ejemplos en favor de la Independencia del Perú, a pocos meses de su proclamación, está la protagonizada por Cleofé Ramos y sus hijas María e Higinia Toledo, conocidas como “Heroínas Toledo” (aunque algunas versiones señalan que los nombres de las hijas eran Rosa y Teresa), quienes eran naturales de Concepción, Junín.

Entre marzo y abril de 1821, los pobladores de Concepción liderados por las Toledo elaboraron un atrevido plan para detener el paso de las fuerzas realistas por la zona, reuniendo para ello todo tipo de armas, en su mayoría rudimentarias. Por esos días, la madre e hijas Toledo ordenaron a la población ocultarse tras tapias y cercos cercanos al puente colgante de Concepción, a tiro de fusil. Mientras en la otra orilla llegaban más de mil realistas al mando del coronel Jerónimo Valdez, quienes se aprestaban a cruzar el río. Precavido, Valdez hizo cruzar primero a un grupo de soldados, y cuando estos se encontraban por la mitad, las Toledo junto con otros pobladores corrieron inmediatamente y cortaron las amarras del puente, en medio de los disparos desesperados de los realistas. Los jinetes enemigos cayeron al río, Valdez y el resto de su fuerza no pudieron cruzar el mismo, tomándoles tiempo el buscar otro lugar por donde pasar. Humillado, Valdez no tuvo mejor idea de desfogar su ira incendiando días después el pueblo de Concepción.

Gracias a esta acción que provocó el retraso de los realistas, el Ejército Patriota que operaban por la zona al mando del general Juan Antonio Álvarez de Arenales pudo ponerse a salvo, quien posteriormente en sus “Memorias” dejaría constancia de la valentía de las damas Toledo, como relata Virgilio Roel en Los Libertadores (1971). El General Don José de San Martín reconocería esta acción de las tres damas, otorgándoles la “Medalla de las Vencedoras”.

No estoy para delatar

Casi un año después, otro hecho ocurría en Ayacucho, a cargo de María Parado de Bellido. María apoyaba a las fuerzas independentistas e informaba a su esposo, Mariano Bellido, y a sus hijos varones –que también colaboraban con los patriotas– de los movimientos de las fuerzas realistas. María, por ser analfabeta, mandaba a redactar las misivas a un colaborador, para luego remitirlas y buscar así adelantarse a las operaciones punitivas dirigidas por el coronel realista José de Carratalá.

En Cantagallo, específicamente en Quilcamachay, actuaban como montoneros el esposo e hijos de María, lugar al que se dirigieron fuerzas virreinales con la intención de desaparecer a los colaboradores patriotas. Enterada, dio aviso a estos últimos enviándole una carta donde se leía: “Idolatrado Mariano… pásale la voz a Cayetano Quiroz –quien lideraba a los montoneros de la zona– para que todos dejen el lugar…”. Lamentablemente, dicha carta fue olvidada en un paquete; posteriormente, fue encontrada por un capitán español, el 30 de marzo de 1822, quien la envió de inmediato a Huamanga, lo que hizo que Carratalá ordenara la prisión de María Parado de Bellido.

En el cuartel general realista, María fue severamente interrogada, pero no dijo nada a pesar de las torturas a las que fue sometida. No delatar a los colaboradores patriotas ni al que redactaba sus misivas le costaría la vida a la valiente huamanguina.

Al no conseguir la confesión de María, Carratalá ordenó su fusilamiento. Para generar escarmiento en la población, se ordenó que fuera paseada por toda la Plaza de Armas de Huamanga. En el trayecto, al pasar por la calle donde se levanta la iglesia de Santo Domingo, forcejeó con sus captores y se arrodillo frente al templo implorando a la Virgen María de Santo Domingo por su alma y la de sus hijos. El historiador Juan José Vega Bello, en su artículo “Una heroína popular: María Parado de Bellido” (1999), describiría que la multitud que la acompañaba se conmovió hasta las lágrimas al presenciar tal hecho.

Inmediatamente prosiguió su camino hasta la Plazuela del Arco, donde fue colocada junto a una pared, mientras los fusileros, al mando de un capitán, formaban a la espera de la orden. Tras ser leída la sentencia que la condenaba a muerte, la futura heroína, antes de ser ejecutada, expresaría en quechua lo siguiente: “No estoy aquí para informar a ustedes, sino para sacrificarme por la causa de la Libertad…”.

A los pocos minutos, el estruendo de los disparos enmudeció a la ciudad mientras María Parado de Bellido caía inerte, mirando fijamente a sus ejecutores, pues se negó a que se le vendaran los ojos. Era el 1 de mayo de 1822.

Los sucesos citados han sido una pequeña muestra de la presencia de aquellas “Damas Patriotas” que participaron junto con los varones en las luchas por conseguir y consolidar la libertad de un pueblo que buscaba sacudirse del sometimiento virreinal, enfrentando con valentía las humillaciones, torturas e incluso hasta la propia muerte en pos de una república llamada Perú. La lucha por nuestra Independencia también tuvo el rostro de la mujer peruana.

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