Las personas que se van a la cama en este momento de la noche tienen un cerebro más ágil, según la ciencia
Un estudio revela que nuestros hábitos de sueño tienen un impacto en el cerebro e influyen en nuestro rendimiento intelectual y cognitivo.
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No todos somos iguales en lo que respecta al descanso: por un lado están los madrugadores, a menudo considerados modelos de disciplina, y por otro los noctámbulos, a quienes con frecuencia se acusa de pereza. ¿La razón principal? No todos compartimos el mismo cronotipo y, por lo tanto, nuestros cuerpos no piden dormir a la misma hora.
Esta diferencia podría ir incluso más allá: según un estudio británico publicado en BMJ Public Health, existe una relación directa entre nuestra preferencia circadiana (nuestro reloj biológico) y nuestro rendimiento cerebral.
Para comprender mejor este fenómeno, un equipo de científicos analizó los datos de más de 26.000 adultos de entre 53 y 86 años procedentes del UK Biobank. Cada participante informó sobre la duración de su descanso, la calidad del sueño y su cronotipo (su tendencia natural a ser madrugador, intermedio o noctámbulo). Posteriormente, se evaluaron sus capacidades mentales mediante pruebas estandarizadas de lógica, razonamiento, memoria visual, velocidad de procesamiento y memoria prospectiva.
Un resultado inesperado para los madrugadores
Sorprendentemente, no fueron los madrugadores quienes obtuvieron los mejores resultados. Los datos favorecieron de manera constante a los perfiles intermedios y nocturnos. Según la investigación, los cronotipos tardíos se correlacionan con un mejor rendimiento cognitivo, mientras que las personas de patrón matutino obtuvieron, en promedio, las puntuaciones más bajas en las evaluaciones.
En términos prácticos, las personas con perfil nocturno mostraron mayor velocidad de razonamiento, mejor retención visual y mayor eficacia para recordar tareas pendientes. Los investigadores señalan que estos hallazgos son especialmente claros en adultos de mediana y avanzada edad, una etapa de la vida en la que los patrones de sueño y la arquitectura del cerebro sufren importantes transiciones.
¿A qué hora se considera que alguien es noctámbulo?
En la medicina del sueño, la población suele dividirse en tres grandes perfiles:
- Los madrugadores (aprox. 20% de la población): Su reloj biológico se adelanta ligeramente. Rinden mejor a primera hora, terminan su jornada temprano y prefieren no trasnochar.
- El perfil intermedio (aprox. 60% de las personas): Es el grupo más común. Suelen irse a la cama habitualmente entre las 22:30 y la medianoche.
- Los noctámbulos o trasnochadores (aprox. 20% de la población): Tienen un reloj interno más lento. Rara vez sienten sueño antes de la medianoche o la 1.00 a. m.; se mantienen alerta durante la noche, pero les cuesta trabajo madrugar.
¿Obligarse a trasnochar nos hace más inteligentes?
La respuesta de la ciencia es un 'no'. Los autores del estudio aclaran que acostarse tarde de forma forzada no mejora la inteligencia. La ventaja observada pertenece a quienes son biológicamente nocturnos. De hecho, cuando una persona nocturna se ve obligada a madrugar por exigencias laborales o sociales, sufre lo que se conoce como jet lag social, un desajuste que se asocia con mayor riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2, ansiedad y fatiga crónica.
El estudio enfatiza que la variable más determinante para la salud cerebral sigue siendo la duración del sueño: lo óptimo es dormir entre 7 y 9 horas cada noche. Tanto la privación de sueño (<7 horas) como el exceso prolongado (>9 horas) se asociaron con un menor rendimiento cognitivo.
Para cuidar la salud mental y optimizar el descanso independientemente del cronotipo, los expertos recomiendan mantener una buena higiene del sueño: tomar la luz del sol por la mañana, atenuar las luces y evitar las pantallas al menos dos horas antes de dormir, y mantener una temperatura fresca en la habitación para indicarle al cerebro que ha llegado el momento de descansar.




















