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Opinión

Borrar palabras no elimina la violencia, por Las Tejedoras

La escuela tiene un papel crucial al abordar estos temas. Es fundamental fortalecer la educación para combatir el silencio, fomentar la igualdad y preparar a los jóvenes para enfrentar retos sociales y emocionales.

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*Hoy Teje: Patricia Andrade Pacora, especialista en políticas educativas. Exviceministra de Gestión Pedagógica en el Ministerio de Educación del Perú

Una adolescente deja la escuela porque está embarazada. Le da vergüenza ir así. Su enamorado, dos años mayor, sí terminará la secundaria. En otra escuela, Jhony, 13 años, ya no quiere volver: no soporta burlas, empujones y acorralamientos. Algunos docentes prefieren no intervenir: "mejor no te metas". Otros dicen: "a ver si así aprende a ser hombrecito".

No son historias aisladas. Son parte de una realidad que la escuela conoce: violencia sexual, embarazo adolescente, acoso por expresión de género, acoso digital, control en los vínculos, miedo y silencio. Según ENDES 2024, el 8,4% de adolescentes de 15 a 19 años ya había sido madre o estaba embarazada, con cifras más altas en zonas rurales, pobres y amazónicas.

Frente a esta realidad, en lugar de fortalecer a la escuela, se la viene desarmando. Primero se judicializó el Currículo Nacional por el enfoque de género. Luego vino la ley de textos, que abrió la puerta a censuras. Después, la Ley 32535 reemplazó el enfoque de género por una noción plana de igualdad y ordenó sustituir la Educación Sexual Integral (ESI) por educación sexual 'científica, biológica y ética'. Ahora, los nuevos lineamientos eliminan el nombre ESI. En paralelo, se intenta borrar el feminicidio y se instala la sospecha sobre quienes denuncian.

No son piezas sueltas. Es una arquitectura de silenciamiento. Si se borra el género, la violencia deja de parecer estructural. Si se borra el feminicidio, las muertes vuelven a leerse como conflictos privados. Si se debilita la ESI, la escuela pierde herramientas para hablar de consentimiento, abuso, poder, estereotipos, orientación sexual, identidad de género y violencia.

Detrás hay resistencia a mirar el poder: quién puede decir no, quién cuida, quién abandona la escuela, quién es humillado por no encajar, quién denuncia y no es creído.

La escuela no puede resolverlo todo, pero puede interrumpir silencios. Puede enseñar que el embarazo adolescente no siempre es 'decisión', que el acoso no es broma, que la violencia no es amor y que la igualdad no se logra dejando de ver desigualdades.

Necesitamos más escuela, más ESI y más palabras para nombrar lo que duele. Cuando la escuela calla, pagan el silencio siempre los mismos.

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