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Opinión

Ralentizar el progreso: la operación pictórica de Iosu Aramburu, por Leyla Aboudayeh

A partir de revistas peruanas de 1920 a 1950, Iosu Aramburu revisita la iconografía del progreso industrial. Desde la pintura, Industria Nacional interroga las promesas visuales de modernidad y su vigencia en el presente.

"Industria Nacional". Imagen: Difusión.
"Industria Nacional". Imagen: Difusión.

Escribe: Leyla Aboudayeh*

Durante buena parte del siglo XX, el progreso en el Perú se pensó desde la política, la economía y la ilustración. Revistas, diarios y publicaciones periódicas fueron los canales donde la industria, la nación y el territorio se convirtieron en imágenes capaces de proyectar futuros posibles. Ferrocarriles atravesando los Andes, chimeneas humeantes, fábricas idealizadas y paisajes productivos organizaron visualmente una promesa: la de un país que avanzaba hacia la modernidad.

De ese archivo parte Industria Nacional, la exposición del artista Iosu Aramburu, un proyecto que vuelve sobre las ilustraciones publicadas entre las décadas de 1920 y 1950 para revisarlas desde el presente. Aramburu muestra especial interés en un momento histórico atravesado por giros ideológicos intensos, comparable al actual, donde convivían proyectos de país profundamente contradictorios. “Las imágenes permiten ver esos giros de manera ambigua y, a veces, más real que los discursos escritos”, afirma el artista.

Al revisar ese material emerge una operación recurrente: la modernidad industrial se imagina envuelta en referencias a la antigüedad americana. Motivos andinos, marcos decorativos, tipografías y símbolos prehispánicos acompañan escenas de progreso técnico. Para Aramburu, “lo prehispánico funcionaba como una especie de lenguaje común para proyectar ideas de progreso, modernidad o nación”. Ese cruce revela un imaginario donde el futuro necesitaba apoyarse visualmente en una idea de pasado para legitimarse.

"Industrial Nacional". Imagen: Difusión.

Ese paisaje visual dista mucho de ser homogéneo. Junto a la promesa industrial aparecen tensiones sociales, luchas obreras y expectativas de transformación profunda. El país que se dibuja en esas páginas está lleno de fricciones. Esa complejidad se vuelve más evidente en el archivo diverso que activa Industria Nacional: revistas y diarios producidos por asociaciones industriales y espacios políticos como el APRA, donde la imagen cumple una función directa de difusión ideológica, conviven con publicaciones de vanguardia producidas en el sur andino, que introducen miradas heterogéneas sobre el territorio, el indigenismo y la nación.

La clave del proyecto no está en la reproducción de esas imágenes, está en la operación pictórica que Aramburu ejerce sobre ellas. Muchas ilustraciones fueron concebidas como imágenes descartables, pensadas para circular rápidamente en un ecosistema visual reducido, con pocos canales y alta eficacia simbólica. En ese contexto, una sola imagen podía condensar con enorme fuerza una idea de país y de futuro.

Frente a un presente saturado de imágenes, fuentes y velocidades de circulación, Aramburu decide desarmar y ralentizar. Lleva esas ilustraciones al tiempo lento de la pintura, suspende su función inmediata y las convierte en un espacio de fricción. La ralentización no es un recurso formal aislado: es una forma de pensamiento. Permite observar cómo se construyeron visualmente las promesas del progreso y por qué lograron instalarse con tanta eficacia en un paisaje mediático mucho más acotado.

En ese proceso aparecen figuras como Julia Codesido o el ilustrador Apu-Rimak, cuyos trabajos para revistas revelan modos de representar el país muy distintos a los que conocemos de su obra más establecida. El diálogo con estos ilustradores del pasado propone abrir un espacio de lectura. “Me interesa que la exposición permita que cada espectador se enfrente a estas imágenes desde su propia experiencia”, sostiene Aramburu.

"Industria Nacional". Imagen: Difusión.

El texto curatorial de la muestra, escrito por Anamaría Garzón, subraya una dimensión inquietante de este imaginario: la transformación de la naturaleza y del cuerpo en recursos productivos, organizados bajo una lógica de utilidad y extracción. El trabajo, los minerales, el petróleo y la tierra aparecen como energías al servicio de una maquinaria del progreso sostenida por un optimismo persistente.

Ese imaginario visual no puede desligarse de una constante histórica del país: la necesidad persistente de extraer recursos primarios como motor económico. Desde las primeras representaciones de minas, plantaciones y territorios productivos, el Perú se ha pensado a sí mismo como un espacio destinado a la extracción, más que a la transformación. “En muchas de estas imágenes, el futuro del país se piensa desde la extracción de recursos primarios”, señala Aramburu, “como si el territorio estuviera siempre al servicio de una promesa que nunca termina de cumplirse”.

Ahí se abre la grieta central que activa Industria Nacional. Las imágenes del pasado pertenecen a un tiempo en que el progreso aún podía dibujarse como destino compartido, tanto a escala nacional como global. Hoy, cuando la posibilidad de un imaginario visual de consenso parece agotada, la pregunta se desplaza. Incluso las referencias históricas que durante décadas funcionaron como modelos universales de futuro han perdido estabilidad. En un escenario internacional marcado por el repliegue, la polarización y la crisis de los relatos hegemónicos —con Estados Unidos dejando de ocupar el lugar incuestionable de horizonte aspiracional—, el progreso ya no ofrece una imagen clara que ordenar o imitar.

Desde ese contexto, el gesto de Aramburu adquiere mayor espesor. Al volver sobre un archivo donde el futuro todavía podía organizarse visualmente, Industria Nacional no propone una nostalgia del pasado, sino un espejo crítico para interrogar el presente: ¿qué futuros siguen siendo legitimados visualmente en un mundo sin centro, saturado de imágenes, economías ilegales, trabajos precarios y mercados informales? ¿Qué promesas persisten cuando ya no existe una imagen común capaz de sostenerlas?

*Fundadora de Vocablo del Arte (vocablodelarte.com) y directora de Casa Fugaz.

Datos:

Dirección: malecón Pazos 252, Barranco.

Horario: de lunes a viernes de 09:00 a.m. a 7:00 p.m.  Sábados: de 11:00 a.m. a 7:00 p.m. galeria@liviabenavides.com liviabenavides.com (00511) 252 9246.

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